Archivo de la categoría "General"

EL MESIAS ARGENTINO

Martes, 19 de Diciembre de 2006

SILO - SU ENSEÑANZA POPULAR
El cuadernillo que el partido “humanista” ha olvidado.

Traducción del inglés en www.humanoidex.com de R M, argentino, residente en Suecia. Participante de la secta durante el año 1974, en Buenos Aires. NOTA: Todos los paragráfos en cursiva son originales del texto de SILO – SU ENSEÑANZA POPULAR.

Las sectas, como todas las organizaciones totalitarias, tratan enconadamente de manipular los hechos, en especial aquellos relacionados con sus orígenes. Se trata de acomodar la realidad a una imagen pública deseada. En otras palabras: se busca engañar.

En el espantoso mundo presentado por Orwell en su novela 1984, el personaje central informa al lector de que la constante manipulación de los hechos impide saber lo que ha sucedido realmente; cuál fue o cómo es la historia.

Sería una larga y cansadora tarea describir todas las convenientes modificaciones a las muchas “versiones oficiales” de la historia de la secta de silo. Pero una cosa es segura, si llegara una secta como la mencionada a detentar el poder absoluto, no crearía una sociedad distinta a la de 1984.

Buscando en Internet, en la enorme cantidad de páginas web de la secta, es imposible encontrar una sóla referencia a una publicación llamada: SILO - SU ENSEÑANZA POPULAR

Es un cuadernillo, de 30 X 21 centímetros, 11 páginas de texto relativamente pequeño. En la tapa se puede leer que fue publicado en Marzo-Abril de 1970. Una foto muestra a silo (naturalmente) frente a un puñado de personas; una “multitud”.

No cabe la duda de que este interesante pero ahora ignorado documento fue de suma importancia en los inicios de la secta. Yo presencié personalmente, en 1970, en Chile, cómo entusiastas miembros de la secta usaban el cuadernillo en cuestión como prueba de increíble sabiduría; se lo leía en reuniones y recomendaba a los recién llegados. En 1974, en Buenos Aires, el cuadernillo seguía circulando en la secta. Y finalmente, la fotocopia en mi poder, me fue enviada en 1977, desde España, por el responsable del archivo de la secta. En esa ocasión recibí también las famosas cintas con las manipuladas arengas de silo a orillas del mar (¡agua agitada en una bañera!)

La primera página, inmediatamente después de la tapa, muestra nuevamente una foto de silo. El título de la foto: Maestro Silo.

En la segunda página hay seis líneas de texto pequeño con detallada información de caracter formal. Por ejemplo… el redactor es Adalberto José Jorge Tolnay de Hagymassy. La editorial es Transmutación. Un depósito de dinero fue efectuado acorde con la ley 11.723. El registro de propiedad intelectual lleva el número: 1.015.000. La distribución es responsabilidad de Pascual Marchesano. El precio es de 100 pesos… y así siguiendo. Indudablemente, estamos en presencia de una publicación muy oficial y muy seria.

Pero parece ser que aquí, el concepto seriedad está un poco fuera de contexto. Página tras página nos encontramos con un conmovedor intento de vender al maestro Silo, un estrafalario Jesús argentino, a las masas sufrientes del mundo.

En el primer capítulo se nos cuenta que silo, en 1969, ha aparecido ante el pueblo y una multitud. Las ilusiones y exageraciones no conocen límite. El periodismo de América acusó el impacto. Desde las cadenas de TV de Estados Unidos a la prensa oral y escrita de América del Sur. Más adelante se explica… que la radiodifusión francesa indagaba sobre las consecuencias sociológicas de tal acontecimiento.

¡Qué increíble lanzamiento internacional! Lo curioso es que después de tantos años, con astronómicas cantidades de dinero e infinitos panfletos, la secta hoy en día no es capaz de llenar pequeños lugares públicos (basta ir a ver las fotos en Internet de los últimos actos “masivos”).

El último capítulo se titula: Algo acerca de Silo. Aquí se nos presenta la grotesca caricatura de un Jesús argentino. El estilo trata a toda costa de sonar a leyenda y misticismo. Por ejemplo… Aparte de anécdotas contradictorias y discutidas, poco se sabe en firme desde sus dieciocho hasta los treinta. En alguna ocasión se ha comentado acerca de sus viajes por tierras de América y Europa y sobre los maestros que le dieron el nombre de “Silo” que quiere decir: granerode trigo. En sentido bíblico el mismo nombre parece significar: Señor.

Varias citas bíblicas son usadas para comparar a silo con Jesús. El capítulo termina parafraseando al Libro de Revelaciones: Silo se irá entristecido cuando concluya su misión y nosotros cuando él no esté, recién diremos: “llegó a nuestra casa con paso de ladrón y no lo supimos reconocer”.

La infantil tontería continúa meticulosamente. Otro capítulo se titula: La Política, en el cual se describen los puntos de vista políticos de silo. Es importante recalcar, que la última denominación pública de la secta es Partido Humanista; un partido político que intenta obtener poder político. Pero en ese entonces, en los comienzos de su carrera, el “maestro” había hecho revelaciones muy distintas a las de hoy a su secta. A través de todo el texto silo exhorta a hacer el vacío a los partidos políticos (y en general a a todo tipo de organizaciones). El engaño consiste en en hacer creer al pueblo que debe “llenar” los partidos, que debe “llenar” el poder, que debe “llenar” las iglesias.

Algunas citaciones del cuadernillo:

1) El (silo) ha explicado que no hay partidos ni política en el mundo, capaces de solucionar al hombre sus problemas. Que la situación especialísima que vive hoy la humanidad le permite iniciar una era de cambios y de progreso material y espiritual sin que la política participe.

2) Se trata de salir de las organizaciones ya conocidas, no para formar nuevas organizaciones que serían utilizadas por nuevos políticos…

3) Ningún manifiesto, programa, declaración de principios, o plataforma política sobre el tipo de sociedad que se desea tiene ningún valor….

La última página es bastante clara acerca de silo y la política:

¿Se debe participar en política?

- Todo lo contrario. Es necesario difundir el ?vacío? político y propagar un creciente sentimiento de repudio hacia los políticos que quieren usar al pueblo para su beneficio………….. La presión popular y la fuerza del espiritu pueden más que todos los políticos juntos.

El texto final, en la última página, es lo mas estrambótico del cuadernillo:

Por qué no tener en cuenta las siguientes coincidencias? 1938 es el año en que la gran era de Piscis termina y comienza la de Acuario. Mendoza a 33 grados de latitud sur (como Belen a 33 grados de latitud norte) está consagrada ?al sol y al vino?. En la Biblia se lee como un anuncio (Gen. 40/10 ?No caerá el cetro de Judá ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga shiloh… ata a la vid su pollino, lava en vino sus sandalias y en sangre su uva de manto?

Uno de los siete chakras (centros de fuerza espiritual y cósmica) está ubicado en Mendoza, en el cordón del Aconcagua. El Everest y el Ararat, señalanotros dos. Piénsese en los grandes movimientos espirituales que se han manifestado alrededor de los dos últimos montes mencionados y se podrá establecer algunos paralelismos con el techo de Occidente, es decir el Aconcagua.

¿Alguien puede seguir creyendo que de este pastiche esotérico puede salir un partido político serio? Las marionetas alrededor de silo, no dudan un sólo segundo de que obedecen a un patrón o jefe “espiritual”, cuyas indiscutibles palabras provienen de un “nivel superior”, para ellos, comparable al de Jesús - ver más ejemplos.

Algunos comentarios acerca del panfleto:

Silo y su enseñanza popular

Es obvio, para cualquier persona que haya participado durante largo tiempo en la secta, que:

1) Las ilusiones mesiánicas del cuadernillo son una fabricación de silo.

2) El autor - si es que no es el mismo silo - escribió guiado por silo.

3) Se trata de otro intento de mostrar la existencia de discípulos, quienes compilan las enseñanzas de un maestro espiritual. Una de las obsesiones más notorias de silo.

4) La secta tiene algunas publicaciones con distintos autores, pero lo divertido es que el estilo es muy parecido (estilo clónico) en la mayoría de ellas. Siempre se alaban las maravillas de silo. Finalmente… estos “autores” rara vez o nunca han escrito otra cosa, antes o después de los panfletos de la secta.

5) Una excepción es L. Osvaldo, hoy un reconocido escritor con una nutrida producción literaria. L. Osvaldo escribió dos libros que por años constituyeron un elemento importante de la literatura de la secta. Ambos libros… La Cámara del Silencio y Crónicas de la Nueva Era, fueron escritos bajo común acuerdo con silo. El propósito de éstos era, nuevamente, la creación de un mito mesiánico en torno a silo y sus sectarios. Desde el momento en que el autor se retiró de la secta, los libros han sido convenientemente “olvidados” y no son hallables en los catálogos oficiales de la secta.

Participante de la secta en distintos períodos entre 1969 y 1983

COMENTARIO AL CASO ROVETTO

Martes, 19 de Diciembre de 2006

Completando lo que el NUEVO SILO : MARIO ROVETTO (a quien hace un año escrache en television y cobardemente se ocultó durante varios meses), esta realizando en CORDOBA no deja de tener su lado humoristico sino fuera que el daño y el tiempo perdido de las victimas de sus estafas, no son tema de risas.

Esta es la profunda Psicología de MARIO ROVETTO que a Ud de ninguna manera le resultara novedosa.

En comunicación telefonica a un menor de 16 años le pide que si puede dar un “manotazo” al negocio de sus padres y alcanzarle unos cien dolares. Los padres alertados por la grabacion telefonica le sacaron los cien dolares. A esto Mario Rovetto reaccionó airadamente y le obliga al hermano de 21 años, miembro del grupo siloista, a encarar a sus padres y reclamarle que le estan “robando”.

“Tomado de Grabaciones telefonicas” presentadas al Juzgado No 1

En comunicación por chat le dice a una menor de 19 años que le siga enviando dinero alrededor de 300 dolares por mes, mientras le promete que mas adelante le gustaria que ella fuera su “pareja” (Rovetto es casado en segundas nupcias) y ademas la nombraria monje siloista. Cínicamente le dice “Es como si yo te dijera que te quiero nada mas que para que me sigas enviando dinero”

Con el dinero que recibe ( a las que llama donaciones de “energia”) de los jovenes y de una señora mayor que le “dona” integramente su jubilacion ROVETTO se da el lujo de contar en Chat como es un dia de su vida.

Se levanta temprano, hace ejercicios fisicos, meditación, a las diez una comida liviana de frutas y cereales, luego ve el correo, un poco de estudio y lectura almuerzo y luego, (a prepararse para lo que viene) hace trabajo de copista, hace “copia a mano de libros famosos a la luz de una vela para sincronizarse con el espiritu de los monjes mediovales” …

POR QUE ???

Para preparse y fundar el MONASTERIO SILOISTA y ordenar a los futuros monjes.!!!!

“Tomado de grabaciones de chat”

Porque si Ud. no lo sabe el 31 de Julio comenzó la difusión mundial del Mensaje de Silo. Ahora en su nueva versión Light. Con ceremonia incluída !!!!!!!!!!!!!

Y si quiere sorprenderse mas HAY QUE PREPARASE para dar respuesta a todos los requerimientos sobre la biografia del autor de LA MIRADA INTERNA que llegaran de todas partes del mundo.Este es el panfleto de Julio 18 que tiene los desvarios propio de los adoradores del servilismo.

Jueves, 18 de Julio de 2002 15:51
>Hola a todos:
>
>Anoche, algunos amigos (circunstancialmente CG) que vivimos en Buenos Aires
>(y otros que estaban de paso) invitamos a Mario una “picadita” (comida
>fria) y conversar. Como sucede con los amigos intercambiamos sobre la
>situacion en que vivimos, lo que estamos haciendo y pensamos hacer.
>
>En este sentido lo que el nos conto fue lo mas interesante, por eso es lo
>que paso a comentar (con la salvedad que lo que se charla entre amigos no
>es materia de apuntes).
>
>Nos comento que habia terminado unos bustos que ambientados en paisajes
>naturales, son la mejor manera para “mostrar” en un video (con la voz en
>off en distintos idiomas) al escritor de la Mira da Interna e inspirador del
>humanismo universalista, siempre “imperturbable”.
>
>El piensa que esos requerimientos sobre su “biografia” se multiplicarian a
>partir de la difusion del “mensaje” que comenzara a partir del 30 de julio
>en todo el mundo. Ese dia contaremos con la totalidad del mismo. A los
>amigos presentes nos anticipo la octava ceremonia, la de “reconocimiento”,
>preparada para que la gente que adhiere al mensaje sea “reconocida” como
>humanista.
>
>Ratifico lo ya dicho, que el mensaje consta de tres partes: 1 La Mirada
>Interna (sin notas) 2 Las ceremonias (que permiten tener “experiencia”, que
>son: proteccion, imposicion, oficio, matrimonio, asistencia, muerte,
>bienestar y reconocimiento) 3 Un Camino, hecho con recomendaciones y
>sugerencias, (entre otras cosas los principios) conocidas ya por nosotros.
>
>Finalizo comentando que la campaña de difusion d el mensaje tiene su aspecto
>principal, no tanto en el modo en que el mensaje se difunda (a traves de
>internet, los medios accecibles y la creatividad de la gente), sino en el
>modo en que la gente responda a ese mensaje (incluidos nosotros, la
>estructura del MH).
>
>La ceremonia es muy conmocionante, conmovedora, consistente y con
>consideraciones conocidas, configuradas de tal modo en un conjunto de
>conceptos, que consagran la espiritualidad contemporanea. Todo el texto con
>el contexto de que nada es “sin” la gente, todo es “con” la gente.
>
>Un fuerte abrazo a todos y que lo que queda de julio nos permita
>intercambiar sobre nuestra disposicion a una conversion de nuestra vida y
>la del projimo.
>
>R y D

Y como tenemos mucho mas historias sobre

“La muerte es tu compañera” dicho por ROVETTO

quien tiene miedo a la oscuridad y teme salir solo de noche segun consta en declaraciones testimoniales de la causa Mario Rovetto por Daños Psicologicos en Juzgado Dr. Sanmartino

“Ayudar es bueno pero algo debemos recibir a cambio”

“La mentira se justifica para alcanzar algo superior”

Dicho para justificar sus Avisos en el Diario Local “La Voz del Interior” donde promete ayuda a los problemas del corazon, cobrando para conseguir al ser amado a gente de muy poca cultura y escasos recursos.

“Matar no debe verse como malo”

“Quien opine lo contrario que forme su propio grupo”

de sus charlas de Orientacion.

Consulte y le responderemos lo que desee sobre “El falso mensaje” del Humanismo que beneficia a unos pocos y permite vivir sin trabajar.

Para ello se incluyen tacticas que abarcan todo metodo conocido para obtener dinero incluidos Yoga, Filosofia, Aromaterapia, Gimnasia, Dietas, Magia Negra, y como esto no alcanza para esquimar a los tontos ahora se agregan CEREMONIAS al mas puro estilo religioso pero con la doctrina de ayudarse a si mismo con el dinero y el esfuerzo ajeno. No se lo pierda.

La bandolera apropiación del “Humanismo”

Martes, 19 de Diciembre de 2006

Lo siguiente es un párrafo de silo en la Universidad Autónoma de Madrid el 16/04/93. La “conferencia” se titulaba: Visión actual del Humanismo.

“No es necesario extenderse demasiado en la consideración de las derechas como instrumentos políticos del Antihumanismo. En ellas la mala fe llega a niveles tan altos que, periódicamente, se publicitan como representantes del “Humanismo”. Tan enorme es la mala fe y el bandolerismo en la apropiación de las palabras, que los representantes del Antihumanismo han intentado cubrirse con el nombre de “humanistas”. Sería imposible inventariar los recursos, instrumentos, formas y expresiones de que dispone el Antihumanismo. En todo caso, esclarecer sobre sus tendencias más solapadas contribuirá a que muchos humanistas espontáneos o ingenuos revisen sus concepciones y el significado de su práctica social.”

Según silo (también apodado Silas) hay representantes del Antihumanismo, con niveles tan altos de mala fe y bandolerismo, que se han cubierto con el nombre de “humanistas”.

Parece ser que a este pintoresco mesías argentino le falló la conciencia de sí, cuando, llevado por algún lapsus hacia los planos superiores, lanzó estas certeras palabras. Pues… si bien abundan los caraduras que se apropian de todo tipo de términos para disfrazar sus verdaderas intenciones, uno de los mejores ejemplos es él mismo.

Cualquiera que revise los panfletos e incontables monólogos de silo, podrá constatar que desde el año 69 hasta comienzos de los años ochenta, la palabra “humanismo” brilla por su absoluta ausencia. De la noche a la mañana este dueño de secta, cuyas palabras son el único pensamiento y ley del rebaño, apareció como un flamante humanista.

La palabra “humanista” era comunmente usada por Silas y sus incondicionales como adjetivo despectivo hacia los críticos de la secta. Aún más… los incondicionales de la secta se vanagloriaban de NO ser una democracia. Era motivo de orgullo, el ser miembro de una secta dirigida por una sóla persona.

Y de pronto, de la noche a la mañana, eran Silas y su rebaño, todos muy humanistas.

VOCABULARIO DE SECTAS

Martes, 19 de Diciembre de 2006

Introducción al Vocabulario

1) El Vocabulario da la bienvenida a toda persona que llegue a sus líneas. En esto no se hace excepción. De manera que, y para evitar malentendidos y enojos, se reitera calurosamente la invitación a sectarios de todo tipo, incluyendo aquellos relacionados con la secta de silo.

2) El Vocabulario invita en el mismo tono amigable a todos sus visitantes y, naturalmente, también a los sectarios que hallan encontrado valiosa información en esta página web, a que propaguen la existencia del Vocabulario. La diversidad de ideas y opiniones es un bien que sirve a todos por igual.

3) El Vocabulario es en principio general y extensivo a todas las sectas. Si se centra en la secta de silo, es porque ésta se presta maravillosamente como ejemplo didáctico.

4) El Vocabulario está basado en una experiencia de varios años. El autor admite, no sin la correspondiente porción de bochorno, haber participado en la secta del argentino silo en diversos períodos comprendidos entre mediados de 1972 y mediados de 1983. Como nota simpática; fue Eduardo A. M., un muchacho de Santa Fe, Argentina, ex-participante de la secta, que indirectamente gatilló la elaboración del Vocabulario. El 25/05/01 envió Eduardo A. M. un mail al autor indagando por las experiencias de éste en la secta. Y como los relatos de experiencia aceptan muchas formas de expresión; bueno, salió un Vocabulario… una definición de palabras después de haber pasado por una secta.

5) El Vocabulario rechaza el esquema clásico de presentación en orden alfabético –y prefiere un orden mas o menos temático–. Por ser el sectúpido el cabeza y/o dueño de una secta, entonces se presenta primero al término sectúpido. Luego se sigue a secta y así siguiendo hasta llegar a términos un poco mas intrincados como PAJA, SILO, Silito, Resentimiento, etc.

6) El Vocabulario considera a sectarios o silópatas específicos como insignificantes en este contexto. Y por esa razón sólo sectúpidos, algunos, son mencionados con nombres y apellidos.

7) El Vocabulario es dinámico y por eso no definitivo. Sus términos se entrelazan, por la sencilla razón de que la realidad misma los entrelaza. El Vocabulario será en el futuro reformulado y/o ampliado. Nuevas versiones serán puestas a disposición del público en este sitio: www.humanoidex.com

8) El Vocabulario recuerda con amabilidad a sus lectores que… !el que cree que un chiste es un chiste y lo serio es serio… no es capaz de entender ni lo uno ni lo otro!

¡Adelante!

EL VOCABULARIO
Sectúpido:

Al parecer no existe término denominativo para el cabeza y/o dueño de secta.

Por lo tanto El Vocabulario define: Sectúpido = Cabeza/dueño de secta.

Personaje que refleja lo mas infame de la historia de la humanidad y lo peor de la sociedad actual.

El sectúpido se presenta a sí aportando, cambiando el mundo para mejor; tal es el caso de silo. Pero en realidad, el sectúpido refuerza todo aquello que envilece al ser humano; mediocridad y oscurantismo.

El sectúpido es tal porque desde el comienzo se ha entronizado como el ser absolutamente superior a todos los miembros de su secta.

IMPORTANTE: El “nivel” del sectúpido es, por designio propio, inalcanzable por los participantes de la secta, que están per secula condenados a “aprender” y a “seguir”.

Esta legitimación original se basa en visiones espectaculares, adopción de apodos mesiánicos, práctica de la auto propaganda, posturas aparatosas y melodramáticas, uso de patrañas; a menudo llamadas “técnicas”, presentación de grandes causas, etc.

Mas tarde, el juego sucio para con los críticos y participantes destacados no sectarios, será una manera efectiva de conservar la posición de sectúpido.

Variados son los rasgos que revelan a un sectúpido como tal, pero el más obvio es la infalibilidad egópata que se atribuye a sí. El sectúpido no se equivoca nunca. Todo lo que enuncia es doctrina y, cuando menos, muy correcto. Esto refleja una personalidad aún ligada a fases infantiloides. Y –demás está acotar–, la infalibilidad de personas, religiones, filosofías, visiones, etcétera, están en el centro del fanatismo ignorante y criminal de todas las épocas.

En cuanto a la relación sectúpido-secta: El único que tiene planes y delirios visionarios en la secta es el sectúpido. El grupúsculo de sectarios es considerado sólo como un rebaño útil a estos planes y delirios.

IMPORTANTE: El sectúpido considera cualquier acto de individuación de miembros de su rebaño como un acto atentatorio a sus objetivos. Su argumento se rige por el siguiente principio: “Es mi secta y yo mando aquí”.

Finalmente; el sectúpido genuino es siempre un truquero “caradura”. (Ver Chanta).

Secta:

Término (originario del latín) introducido al lenguaje sociológico en el siglo XIX por un ilustre pensador alemán. Desde entonces han germinado un sin fin de variantes del término intentando cubrir las variadas e innumerables formas de sectas. Y por esta razón, no compensa el esfuerzo explayarse en profundidad. Suficiente es apreciar la utilidad del término para identificar a grupúsculos sórdidos y autoritarios, relegados a una visión simplista (”doctrina”) y totalitaria del mundo.

DEFINICIÓN DEL VOCABULARIO: Una secta es un grupo/rebaño creado por un sectúpido, con el fin de satisfacer los propósitos de éste.

Ejemplos recientes y actuales de sectas férreamente dirigidas por un sectúpido: Los Adoradores de la Cobra, Los Comunitarios, La Iglesia del Pueblo, el partido humanista de silo, Jinetes del Fuego Invisible, Santos de la Antepenúltima Hora del Desierto de Utah, etc. (Ver, mas adelante en este texto, Fecalosistema).

Sectario:

Militante en cuerpo y espíritu de una secta. De lo cual se desprende que NO todos los militantes de secta son necesariamente sectarios.

Persona que rige su existir; o sea conducta y experiencia, por los designios “doctrinarios” de un sectúpido.

silo:

Apodo de toque mesiánico, con el cual se autodenomina Mario Rodríguez Cobos, sectúpido argentino, oriundo de Mendoza.

silo hizo su aparición oficial como sectúpido mesiánico en 1969; vestido de blanco y portando una corona de flores en la cordillera de los Andes, en cuyas montañas, según él y sus panfletos, había meditado varios meses en una ermita de piedra.

Según el panfleto titulado: silo y su enseñanza popular (Bueno Aires, Marzo-Abril de 1970), el apodo alude a la palabra Shiloh del Antiguo Testamento. ¡Entre otros extravagancias insólitas, el panfleto compara a silo con Jesús y a Jerusalén con Mendoza! Ahora es un verdadero misterio, cómo una palabra hebreo-bíblica del Medio Oriente mesopotámico y de varios siglos A.C., puede terminar funcionando como apodo de un sectúpido mendocino. Una plausible explicación radica en algún tipo de visión espectacular, no descriptible desde el aparataje verbal de estados normales de conciencia.

IMPORTANTE: La pintoresca conducta de silo no puede ser entendida sin tomar en cuenta los rasgos psicológicos de la Nación argentina. Si bien este gran país americano ha producido renombradas figuras, que ciertamente han aportado a la herencia cultural de la humanidad, también es conocido como la cuna por excelencia del Chanta. (Ver próximo punto).

Chanta:

Término argentino, creado por la sabiduría popular, para identificar a un personaje característico de la sociedad argentina.

El parentesco fonético y de significado sugiere la posibilidad de que chanta sea una abreviación de charlatán.

Un chanta es básicamente un “caradura”; pocero, truquero y que aparenta saberlo todo. Su relación con el entorno es en términos decididamente utilitarios.

Si bien de fuerte carácter local, el término chanta se ha internacionalizado, siendo conocido y usado en los países de habla hispana; aplicándosele casi exclusivamente a personas de origen argentino.

Silópatas:

Los adoradores de silo. (Ver Silito).

Estrictamente hablando, no todos en la secta de silo son silópatas. El auténtico silópata se distingue por su sumisión y devoción incondicional a la persona de silo. Entre los silópatas más acérrimos existe una explícita competencia en torno a quien puede alcanzar nuevos niveles de rastrerismo y servilismo. Y los hay aquellos, que con gran orgullo afirman en frente de quien quiera y pueda oírlos; que ellos no piensan, que ellos obedecen las órdenes y los deseos de su adorado sectúpido.

No es “el sistema” el enemigo declarado del silópata, sino el tiempo. Mientras más tiempo pase inmerso en la silopatía más difícil le va a ser funcionar desde su propia personalidad. ¿Qué va a hacer en un mundo que no es capaz de comprender desde sus propios pensamientos? Situación ilustrada magistralmente en cuento de Herman Hesse “El viejo loco de los bosques”.

El silópata es después de todo ser humano, con un mínimo de ratios a su disposición. En momentos afortunados se da cuenta de la mediocridad y oscurantismo sectario que lo rodea. Pero se resigna, aceptando su triste situación como una premisa determinada por algún poder superior (personalizada en la figura de su sectúpido).

Con recurrencia cíclica lo acosa una urgente y tentadora necesidad de retirarse de la secta - para siempre. Cuando finalmente se atreve, pone cuidadosamente un pie afuera. Pero se aterra ante la sola idea de vivir con ambos pies fuera de la secta… en “el sistema”. Entonces, y con la sensación de ser juzgado por ese poder superior, se concede a sí una tibia pausa. Finalmente, desganado, con la cabeza gacha, a sabiendas que no va a cambiar nada en sí ni en nadie, vuelve a participar de reuniones donde todos están de acuerdo, a aplaudir las nuevas ocurrencias de silo y a repartir panfletos cuyo texto él no ha escrito. ¡Y todo esto aparentando ser feliz!

Importante: El auténtico silópata muestra avanzados estadios del síndrome SILO (ver próximo párrafo).

SILO:

Síndrome de Incapacidad Lúdica Obsesiva (no confundir con silo, el apodo mesiánico de Rodríguez Cobos).

Anomalía propia del mentar rebañista y la dependencia psicológica hacia el sectúpido. En la medida en que el sectario se rebañiza pierde el sentido del humor. Llega un punto en que el pobre es incapaz de desenvolverse con normalidad en grupos humanos - en otras palabras; se desadapta. No es capaz de conversar de manera normal, como la gente del “sistema”; predica y arenga constantemente, intenta convencer a otros con trucos retóricos para él geniales y que repite de manera obsesiva. No participa espontáneamente de contextos sociales; él “infiltra ámbitos” y categoriza sus nuevas relaciones en posibles sectarios (como él) - o “contras” (en contra de él).

Habla en términos grandiosos y se ve a sí como héroe salvando al mundo de inminentes desastres y/o como protagonista de misiones redentoras sin parangón en la historia de la humanidad.

ADVERTENCIA: Al ser contradecido, sobre todo si el sectúpido es criticado, la víctima de SILO (silofítico) puede alterarse y hasta violentarse con sorprendente facilidad. En estos casos se recomienda mucha comprensión y -sobre todo - humor.

Las reacciones alteradas y violentas se deben a que el yo psicológico bajo la influencia de SILO es débil y susceptible.

Como es característico en otros tipos de neurosis obsesivas, el silópata trata por todos medios de mostrar lo contrario de su pobre realidad interna. Se lo observará, por ejemplo, tratando de irradiar paz, fuerza y alegría de manera pocera y forzada (obsesiva). Del mismo modo, en la medida en que subyuga su propio pensar al del sectúpido y se anula como individuo, se lo podrá observar gesticulando como “sabelotodo” y “gran gestor” del cambio del mundo, etc.

Silas:

Apodo, de obvia función ridiculizante, que identifica a silo.

Usado fuera de la secta silópata; en contextos coloquiales y en la internet.

Con toda probabilidad originario del relato “Herren Krishna, fisher kampf, golden ravioli” - escrito por Lázaro Covadlo. En el mencionado relato, Silas Louis Mariam Rodgers-Coobs es un sectúpido demente, dictatorial y, mas encima, caníbal, que deambula en un desierto de Norte América con la intención de devorar a toda su familia sectaria.

Carisma:

Otro término (originario del griego) popularizado por el mismo, ilustre pensador alemán que en su tiempo definiera secta.

Significa, a grandes rasgos, autoridad religiosa. Hoy se aplica el término a personas consideradas como poseedoras de gran magnetismo personal.

Para el sectario no existe nadie más carismático que su objeto de adoración; el sectúpido, al cual atribuye todo tipo de habilidades y poderes que colindan con lo sobrenatural.

Lo paradojal del carisma de los sectúpidos es que vistos desde fuera aparecen como personas desequilibradas, falsas y hasta poco inteligentes.

CLARO EJEMPLO: Las imposiciones de manos de silo; en caso de ser éstas filmadas y mostradas a gente exterior a la silopatía (ver Silópatas), no pasarían de ser actos payasezcos - desprovistos de toda inteligencia y carisma.

Charles Manson es también un muy buen ejemplo. Imponente era su carisma como sectúpido y la ciega obediencia de sus sectarios alcanzó horrorosos extremos. Pero fuera de la secta, a Manson se lo conocía como “Charlie”, un hippito californiano de los muchos, siempre “volado”, destartalado, medio loquito y sin una gota de carisma.

El tiritón de Jim Jones, con sus ojazos de rumiante, es también una caricatura de mesías al ser expuesto al testimonio revelador de los documentales de la época. Un pobre diablo; pero muy sabio y poseedor de gran-carisma-gran frente a sus discípulos.

Rebañismo:

La curiosa y autodestructiva necesidad del sectario de disolver el propio yo en algo mayor a él; en algo que no sólo lo incluye, sino que lo anula como individuo. Esto es fácilmente observable en los gestos y vocabulario de los silópatas, que tienden a una notoria uniformidad.

Es habitual que eviten decir “yo pienso” - prefieren “nosotros pensamos”, “desde nuestra manera de ver las cosas”, “los nuestros” o “para nosotros las cosas son así” etc.

Dos notorios aspectos del rebañismo:

1) La sumisión de las facultades cognitivas; elaboradoras de pensamiento y procesadoras de experiencia a los erráticos puntos de vista (”doctrina”) del jefe del rebaño; el sectúpido.

2) La actitud vigilante, esbirrezca, para con el resto del rebaño. Todos los que se diferencian conductualmente pueden llegar a ser potenciales enemigos o “contras” (en rigor; un reflejo generalizado de los temores del sectúpido).

Desde estas posiciones, los sentimientos de solidaridad o amistad entre individuos son desplazados para dar paso a la enajenación rebañista.

SILAS:

Síndrome de Imitación Lacayo-Arrastrada a silo (no confundir con el sectúpido caníbal de “Herren Krishna, fisher kampf, golden ravioli”)

Fenómeno de imitación a silo; clásico elemento conductual de grupúsculo psicológicamente marginal.

Conducta del sectario de silo que es muy apreciada por el sectúpido, que a menudo premia al sectario con sonrisas y palmadas en la espalda.

A un nivel mas profundo; la oprimente orfandad psicológica que con frecuencia asalta al silópata, por haber renunciado a su yo, lo lleva imperiosamente a buscar figuras arquetípicas de identificación. Y como el rebañismo de la secta le permite sólo una identificación posible; el sectúpido, no le queda al afectado por SILAS otra alternativa psicológica viable que aferrarse a la imagen de su objeto de adoración sectupidal. (Ver Silito)

Silito:

Víctima del síndrome SILAS.

Caso tragicómico de silópata, que no sólo gesticula como silo, pero que se experimenta a sí como siendo silo; transformándose así, en otro de los tantos silitos de la secta.

En las mujeres SILAS adquiere ribetes barrocos: fumadera descontrolada, vestimenta que tira a varonil, con lenguaje y gesticulación desmesuradamente amachados. Contrario a lo que observadores foráneos tienden a creer, la comicidad de este fenómeno en versión femenina no es premeditada.

ALARMANTE: Estudiosos han observado deformaciones falomórficas del órgano clitorial en silitos de sexo femenino. Se investiga a todo vapor, la posibilidad teórica de una reversibilidad del fenómeno.

El silito se imagina evolucionando, elevándose y alcanzando niveles superiores de conciencia en la medida en que imita y logra ser una copia de su sectúpido. Este trágico espejismo mantiene la siguiente lógica; que negándose a sí, siendo otro, se alcanza un “estado o nivel superior”. El problema radica en que la misma lógica exige la definición de un “estado o nivel inferior”, que no puede ser otro que el silito mismo. Lo cual, obviamente, no puede resultar en otra cosa que en un proceso de inferiorización del yo, de auto-inferiorización de la personalidad.

AXIOMÁTICO: El silito, mientras más imita a su sectúpido, más inferior se siente.

Proporcionalmente inversos en el silito, o sea esquizoides, son los dos siguientes elementos:

1) La dureza y el sabelotodismo que aparenta frente a los participantes nuevos de la secta.

2) El servilismo rastrero y la total anulación de sí con que se presenta ante su ídolo sectupidal. Ante su sectúpido, el silito es un blandengue que no sabe nada.

En casos extremos, el silito se comporta como un vulgar matón hacia los escalafones inferiores de la secta, ya que necesita demostrar “nivel” (que él confunde con poder) - para salvar los restos de su propio yo inferiorizado.

La necesidad de demostrar “nivel” es otra obsesión del silito. Y como está obligado a aparentar mucha paz, fuerza y alegría hacia fuera de la secta, vuelca las agresiones de su miserable existencia en los otros miembros de la secta; ensañándose con los que regularmente caen en desgracia, “aserruchando el piso” a sus conrebañistas, incitando y participando en purgas e inquisiciones, etc.

Demonización:

También llamada satanización. No es otra cosa que el clásico truco del sectúpido, para simplificar el mundo de sus sectarios.

El sectúpido no se puede legitimar por sus propias cualidades o por la inteligencia de su mensaje. Por esa razón necesita crear un enemigo poderoso y presente en todo momento y lugar. Ejemplo: Para los silópatas “el sistema” es la causal de los males del mundo moderno.

En última instancia; la demonización es una herramienta estupidizante operada por el sectúpido. Mientras más cree el sectario en ese enemigo abstracto que combate cotidianamente, más simplón y fácil de utilizar se vuelve.

La demonización admite un amplio espectro de variantes; una bastante apetecida por sectas de pocos recursos imaginativos es “el acabo de mundo”, para el cual hay que prepararse. silo también usó está variante en la formación de su secta. Muchos de los silópatas de ese período inicial, han “olvidado” voluntariamente “la caída del sistema” para la cual silo, en los años setenta, los preparara buscando barcos rescatadores y planeando refugios de emergencia. Ahora luchan, con mucha paz, fuerza y alegría, contra un sistema que a pesar de la profecía no se cayó - y sigue vivito y coleando, en pie.

“El sistema”:

Demonización utilizada por sectúpidos de poca monta; entre ellos, no podía faltar, silo. La vaguedad del termino provoca asociaciones con el sistema solar y los sistemas de Braille y Morse.

Existe constancia reciente de personas que han entendido, que los silópatas son algún tipo de secta naturalista, en lucha declarada contra el sistema binario de las computadoras.

Cabe mencionar, que el antagonismo al “sistema” es elemento fundamental en la definición de identidad de grupos marginales y violentistas.

En USA, la actitud “anti-sistema” es observable en grupos racistas de supremacía blanca.

En Europa se advierte el mismo fenómeno entre agrupaciones de adolescentes que destrozan casetas telefónicas, vitrinas de bancos y locales de la cadena Mac Donalds burgerbars para demostrar contra el “sistema” y la globalización.

Por tratarse de un elemento central de la superstición silópata, El Vocabulario será un tanto extenso en su tratamiento de “el sistema”. Mas adelante, en el punto Fecalosistema, se verá detenidamente el real origen de la noción. Se adelanta aquí, que es a primeras curioso que, para los silópatas todos –menos ellos– sean “el sistema”

silo ha empleado “el sistema” con variada intensidad durante su carrera de mesías sectupidario; por ejemplo, lo hizo prácticamente desaparecer en los años de la tan falluta como apolítica “comunidad”. Mas tarde, y para dotar de un mínimo de ideología al artificial partido humanista, “el sistema” fue convenientemente resucitado.

Lo general e impreciso del término es fundamental para crear la superstición acerca de un ente maligno y omnipresente, al cual es necesario combatir. La superstición es útil a los planes del sectúpido; estupidiza, favoreciendo la cohesión rebañista.

Con “el sistema” se pretende presentar una sociedad, cuyo único propósito es la deshumanización. “El sistema” intenta arrebatar lo humano de los seres humanos. Y - siguiendo el discurso - por suerte existen las huestes de silo, que combaten esta deshumanización, y hacen todo lo posible para que, en esta desigual y heroica lucha, el ser humano conserve su humanidad.

El silopataje ve y siente la imprecisa visión que le implanta su sectúpido: La sociedad (muy generalmente hablando), o sea el producto de milenios de evolución científica y social, es en realidad “el sistema”… que deshumaniza a cada uno de sus miembros. Siguiendo la lógica, “el sistema”, por alguna razón, estaría empeñado en autodeshumanizarse.

Si “el sistema” que silo y sus adoradores describen fuera una constante histórica, el ser humano no habría dejado nunca de ser un primitivo homínido. No se habrían implementado nunca escuelas públicas ni vacunas, para respectivamente educar y evitar plagas. Y demás está imaginarse un hipotético estado del arte, de las artes, si “el sistema” deshumanizante fuera inherente a todas las sociedades humanas de todos los tiempos.

Entonces la pregunta inevitable –e incontestable– es: ¿Cuándo surgió “el sistema”, que deshumaniza al ser humano? Puesto de otra manera: ¿Desde cuándo “el sistema” ha sido “el sistema”?

Sólo queda un pobre argumento: Que en “el sistema” algunas personas y organizaciones de personas son “el sistema” (los deshumanizantes) –y, correspondientemente, otras no lo son. ¡Aja! De pronto “el sistema” se achica y encoge como la ropa de mala calidad al pasar por la máquina lavadora.

Entonces… ¿Quiénes son los que constituyen “el sistema”; los demonizados (los buenos e inofensivos quedan por ahora fuera de la discusión)? ¿Son las multinacionales actuales “el sistema”? ¿Es el equipo de ingenieros que desarrollan un nuevo tipo de combustión, los microbiólogos que crean una nueva medicina, los periodistas que lanzan noticias? ¿Son los bancos, que prestan dinero para invertir en países en desarrollo… los bancos, con sus cajeros, secretarias, chóferes, guardias, técnicos, en computación, personal de aseo, etc? ¿O son solamente los dueños de los bancos… los accionarios? ¿Y entre ellos los accionarios mayores; los fondos de pensiones, por ejemplo (como es el caso en varios países europeos)? ¿”El sistema” es quizás el negocio de abarrotes de la esquina, el de don Pepe, que vende gaseosas producidas por los grandes fabricantes de bebidas de fantasía? Esforzando la imaginación, se puede ver al “sistema” en el heladero callejero, que intenta vender sus helados de agua con anilinas y sabores artificiales. Otra fácil posibilidad de identificar al sistema, es siempre el policía que patrulla o dirige el tránsito. No es posible argumentar contra una superstición, y por esa razón no es fructífero continuar.

Aparte… en su realidad cotidiana, el silópata está acostumbrado a subyugar sus decrecientes facultades intelectuales y evita obstinadamente hacerse preguntas que lo puedan obligar a pensar. ¿Para que?, si los panfletos de silo ya han pensado todo por él –y lo han dotado del elixir mágico, que le permite ser muy, pero muy humano mientras el resto del mundo se deshumaniza–. (ver PAJA).

El uso febril que hacen las sectas de la noción de “sistema”, de mundo externo oprimente, manipulador y malvado invita a hacerse la siguiente PREGUNTA: ¿A qué o quién se está aludiendo cuando se habla del “sistema” en sus distintas formas? (Ver, próximo punto, fecalosistema).

El fecalosistema - la génesis del “sistema”:

Término introducido por El Vocabulario, que asocia organizaciones sectupidal-rebañistas con la materia fecal desechada por un sistema procesador viviente.

Desde otro punto de vista: Todos los circuitos procesadores generan algún tipo de residuos o sencillamente, como es el caso del cuerpo humano; fecalia.

En el plano de la conciencia colectiva humana, los circuitos de ideas de todas las épocas crean, llevados por la necesidad de depurarse, sus propios basureros, “lugares” de deposición de materia residual, de fecalia espiritual. Estos “lugares” son las sectas o fecalosistemas.

ANALOGIA: El correlato material de las sectas son los tarros basureros.

Desde una perspectiva mayor los fecalosistemas son necesarios para producir la polaridad que lleva al entorno a definirse en dirección contraria, por necesario rechazo o simple desprecio

EJEMPLO: La higiene personal y social; digamos la limpieza, es impensable sin el hecho inevitable de los desechos humanos y sus últimas consecuencias contaminantes. En el plano del espíritu, los conceptos y acciones realmente liberadoras se definen también gracias a un instintivo rechazo a la naturaleza fecálica del pensamiento sectario.

Volviendo a la secta de silo como objeto ejemplificador. Si bien es el sectúpido, que ha inventado al “sistema” para su propia conveniencia, éste se transforma en una imperiosa necesidad psicológica para el silópata, que necesita creer, sentir que hay algo mucho peor que la miserable realidad que lo envuelve. “El sistema” de los silópatas es un ejemplo clásico del mecanismo de compensación de la conciencia humana en aprietos.

Sin este “sistema” imaginario, el silópata se vería enfrentado a su real “sistema”; el fecalosistema del cual él es arte y parte.

La situación no está exenta de comicidad; los silópatas, al calzar ellos con su propia descripción del “sistema”, SON el mismísimo “sistema” que critican.

REPETICIÓN: La realidad del miembro de una secta es miserable. Todo lo que en la sociedad abierta es permitido, a él le es denegado. En las sociedades abiertas, la participación de los ciudadanos en los procesos de decisión es una realidad creciente.

Para el sectario la participación está limitada a la “libertad” para llevar a cabo los planes del sectúpido.

Se podrían hacer libros enteros con ejemplos, pero, para no saturar la lectura, El Vocabulario se limitará a los dos a continuación:

EJEMPLO: Todo lo que dice silo es “doctrina”, hasta las incoherencias más estrafalarias. silo habla aún en contextos informales, y el silopataje no activa una sola neurona, absorbe todo pasivamente asintiendo embelesado, anotando y grabando lo que considera el “último material a estudiar”. Este “material” es indiscutible y desde ya regulador del pensamiento y acciones del sectariado silópata.

PREGUNTA: ¿Dónde en la sociedad abierta se recibe “doctrina” de esa manera? ¿Acaso en las universidades, en los puestos de trabajo, en los partidos políticos, en las asociaciones de intereses…?

RESPUESTA: Sólo en las sectas sucede esta aberración. Sólo en las sectas se acepta como dogma todo lo que sale de la boca del sectúpido.

OTRO EJEMPLO: silo es infalible, por lo tanto incriticable. No se ha equivocado nunca. Todo lo que silo ha hecho y dicho ha sido acertado. Y aun peor: El futuro pensar y accionar de la secta está en manos de él; que hace y deshace con ésta, su indiscutible propiedad.

Para el anulado sectario, silo nunca ha lanzado profecías erráticas, elaborado técnicas disparatadas y hasta nocivas, implementado estrategias inoperantes, despilfarrado tiempo vital y enormes dineros en panfletajes tan desubicados como infructuosos, etc.

PREGUNTA: ¿Dónde en la sociedad abierta hay líderes infalibles… exentos a toda crítica?

Cabe preguntarse si el silópata alguna vez lee un periódico de esos que se venden en los kioscos. En un periódico del “sistema”, podría fácilmente constatar, que los líderes políticos más importantes del planeta están sujetos no sólo a una constante crítica, sino que también a sátira.

RESPUESTA: La sociedad abierta, “el sistema” del silópata es de lejos más humorístico y libre que sus residuos psicológicos; las sectas.

La situación no está exenta de cierta comicidad; los silópatas, al calzar ellos con su propia descripción del “sistema”, SON el mismísimo “sistema” que critican.

REPETICIÓN: Los miembros de un fecalosistema, se ven sujetos a condiciones infinitamente más denigrantes que las existentes en la sociedad abierta, el mundo normal. Situación sin lugar a dudas patética… como lo es la existencia dentro de una secta. Por esa razón el sectario necesita creer en algo mucho peor para compensar su realidad: “El sistema”.

PAJA:

Panfletarismo Auto-Justificante y Agresivo

Conducta fuertemente adictiva, que lleva al silópata a buscar la constante confirmación de que efectivamente está salvando al mundo; ya sea de la deshumanización, del caos del sistema, del resentimiento y la venganza, del sueño de los bajos niveles de conciencia o de la muerte eterna.

PAJA es, desde un punto de vista más rígido, una variante del síndrome SILO (Síndrome de Incapacidad Lúdica Obsesiva).

Como toda conducta compulsiva, PAJA surge de un conflicto interno; de la frágil premisa psicológica de que los panfletos del sectúpido, per se, hacen al silópata mejor al resto de la humanidad.

Según la lógica sectaria, el oficio de salvador del mundo puede ser solamente ejercido desde una posición de superávit de recursos espirituales. Puesto en otras palabras: No se puede andar dándoselas de salvador… si se es igual o peor al resto de los seres humanos.

Los patéticos resultados de los esfuerzos invertidos en el eterno panfleteo - sumado a la inutilidad de las siempre cambiantes “técnicas” - llevan al silópata a estados maníaco-depresivos. No es fácil para la conciencia encontrar una explicación, al porqué la gente común y normal no quiere ser salvada o humanizada por el silópata.

Los que rechazan las reiteradas ofertas de salvación, se transforman a los ojos del silópata rápidamente en “el sistema”; el enemigo abstracto contra el cual él lucha a diario. Esta agresividad lo lleva a resentirse contra aquellos que lo rechazan y contra los que, después de haber participado en ésta, abandonan la secta. Más intensa aún es la agresividad dirigida a los ex-participantes, que critican o hacen mofa de la secta o del sectúpido. (Ver Resentimiento).

Los silópatas adictos a PAJA, pueden usar incontables horas en “intercambios de experiencias”, cuyo único fin es explicar con lujo de detalles como tal y tal persona (”contacto”) reaccionó de tal y tal manera -positiva siempre- a un panfleto o frase cliché de silo.

La ilusión de que los panfletos de silo son elogiados por personas fuera de la secta, es generadora de placer justificante; el punto culminante de la conducta PAJA.

Fácil es inducir, que PAJA, por su efecto aliviante pero no permanente, no puede en si resultar en una satisfacción real. (Ver Resentimiento).

Panfleto:

Todo “material” de difusión, interna o externa, producido por una secta.

Panfleto son también las pantallas con que se disfrazan las sectas; institutos, centros de estudio, partidos políticos, asociaciones de cultura y/o beneficencia, etc.

En las sectas todo “material” es producido por el sectúpido o está sujeto al beneplácito de éste.

AXIOMÁTICO: Cuando una secta habla de dialogo o discusión está mintiendo a propósito; su verdadera intención es el panfleteo unidireccional; desde ellos hacia afuera.

La acomplejada necesidad de ciertos sectúpidos de ser aceptados por los ambientes pensantes serios, como aportadores de grandes ideas, los lleva a intentar darle a sus panfletos un aire de profundo estudio académico. (Ver PEO).

En la estricta realidad, el diálogo y la discusión son temidos y evitados por las sectas, porque al ser practicados correctamente llevan inevitablemente a la autocrítica. La secta, por ser un fecalosistema (ver definición de este término mas adelante), sólo puede ser panfletaria.

¿Se ha visto alguna vez una universidad o un grupo de investigadores, que opere con slogans elaborados sólo por una persona? La secta, al contrario de las instituciones serias, opera con slogans panfletarios.

EJEMPLOS de slogans panfletarios de la secta de silo:

silo es bueno

A humanizar la tierra

Nada tiene sentido en la vida si todo termina con la muerte

El sufrimiento lleva a la enfermedad y la enfermedad a la muerte

Todavía hay futuro

PEO:

Panfleteo Errático y Obscurantista.

El término define la actividad panfletaria de las sectas, cuando intenta aparecer como culta y muy bien fundada.

La asociación con la expulsión sonora de flatulencias intestinales no parece ser premeditada. Aunque por ser las sectas fecalosistemas, cabe sospechar que hubiera algún tipo de asociación, inconciente o deliberada, en la creación del término.

El Vocabulario abusará de la buena voluntad del lector dando un (y sólo un!) EJEMPLO de PEO:

Lo siguiente es un extracto de un Diccionario del Nuevo Humanismo, escrito por silo, que fuera enviado a www.humanoidex.com junto a una petición de comentario.

Extracto de la definición de MOMENTO HUMANISTA.

Algunos han querido ver en la conciencia social (*) de distintas culturas la aparición de momentos humanistas, representados por una persona o un conjunto de ellas que tratan de institucionalizarlo desde el poder (político, religioso, cultural, etc.) y de una manera elitista y “descendente”. Uno de los ejemplos históricos destacables es el de Akenatón en el antiguo Egipto.

Al tratar éste de imponer sus reformas, la reacción de la generación desplazada fue inmediata. Todos los cambios estructurales iniciados fueron destruidos y esto motivó, entre otras nuevas circunstancias, el éxodo de pueblos que partiendo de las tierras de Egipto llevaron consigo los valores de aquel m.h.

Aun en culturas poco conocidas en profundidad, se ha podido observar este fenómeno representado, p. ej., en la Mesoamérica precolombina por la figura del gobernante tolteca de la ciudad de Tula, Topiltzin, a quien se adjudica la instauración de la actitud humanista (*) denominada “toltecayotl”. Otro tanto ocurrió con el gobernante de Chichen-Itzá y fundador de la ciudad de Mayapán, llamado Kukulkán. También con Metzahualcóyotl, en Texcoco, se observa la apertura de un nuevo m.h. En la

Sudamérica precolombina, la misma tendencia aparece en el Inca Cuzi Yupanqui, que recibió el nombre de Pachacutéc, “reformador”, y en Tupac Yupanqui. Los casos se multiplican a medida que las culturas son más conocidas y, por supuesto, se discute el relato histórico lineal del siglo XIX.

Por otra parte, se ha interpretado la acción de los grandes reformadores religiosos y de los héroes culturales como la apertura de un m.h., continuado en una nueva etapa y hasta en una nueva civilización en la que se terminó, finalmente, desviando y anulando la dirección inicial.

En la configuración de la civilización global cerrada (* Mundialización) que hoy se está desarrollando, ya no es posible un nuevo m.h. que pueda inaugurarse “descendiendo” desde la cumbre del poder político, económico o cultural. Se supone que esto ocurrirá como consecuencia del crecimiento de desorden en el sistema cerrado y será protagonizado desde la base social que aún sufriendo la desestructuración (*) general, se encontrará con la posibilidad de hacer crecer organizaciones autónomas mínimas impulsadas por sus necesidades inmediatas. Estas acciones puntuales hoy están en condiciones de convertirse en efecto demostración (*) merced al acortamiento del espacio que ofrece el desarrollo tecnológico y, particularmente, el incremento de las comunicaciones. La sincronización mundial contestataria de una pequeña capa generacional en las décadas del ‘60 y parte del ‘70 fue un síntoma de éste tipo de fenómenos. Otro caso es el de los desbordes sociales capaces de sincronizarse entre puntos geográficos muy separados.

El Vocabulario agradece la paciencia del lector. Pero para rechazar eventuales cargos de manipulación (las sectas son menos tolerantes y humorísticas que “el sistema”), se ha incluido una parte considerable del texto recibido, para que éste “hable por sí sólo”. Los siguientes comentarios al ejemplo de PEO en cuestión se harán muy a la pasada; para no cansar.

TEXTO: “Algunos han querido ver en la conciencia social (*) de distintas….?”

COMENTARIO: ¿Quiénes son estos… algunos?

TEXTO: “Aun en culturas poco conocidas en profundidad, se ha podido observar este fenómeno representado”

COMENTARIO: “SE ha podido observar”. ¿Por quién? La formulación basada en un SE impersonal, difuso y tirando para superstición no es muy científica. Ésta es una formulación coloquial del tipo: SE han observado platillos voladores… o ESTÁN descubriendo una nueva droga… VAN A… etc.

TEXTO: “Los casos se multiplican a medida que las culturas son más conocidas y, por supuesto, se discute el relato histórico lineal del siglo XIX.”

COMENTARIO: En este comentario SE deja el SE de lado. Pero la imprecisión sigue siendo escandalosa. A medida en que las culturas son mas conocidas se multiplican los casos (¿de momentos humanistas en Egipto y Mesoamérica?) mientras que se discute (¿dónde y por quién?) el relato histórico lineal (¿de quién?) del siglo XIX (¿cien años… con el mismo relato histórico?). Entienda quien pueda la genial relación.

TEXTO: “En la configuración de la civilización global cerrada (* Mundialización) que hoy se está desarrollando, ya no es posible un nuevo m.h. que pueda inaugurarse “descendiendo” desde la cumbre del poder político, económico o cultural”

COMENTARIO: La civilización actual se está cerrando. Y ya no son posibles, en este momento histórico, los momentos humanistas como el de Akenaton en Egipto y Metzahualcóyotl en Texcoco. Bueno saberlo.

TEXTO: “Se supone que esto ocurrirá como consecuencia del crecimiento de desorden en el sistema cerrado y será protagonizado desde la base social que aún sufriendo la desestructuración (*) general…”

COMENTARIO: No SE abandonan las visiones apocalípticas con “crecimiento de desorden” y ” desestructuración (*) general”. Es sólo otra manera de hablar de la misma vieja patraña; “la caída del sistema” (ver Demonización)

TEXTO: “Otro caso es el de los desbordes sociales capaces de sincronizarse entre puntos geográficos muy separados.”

COMENTARIO: Mas catástrofes. Suerte que la humanidad cuenta con la caballería salvadora de último momento; el partido humanista de silo

FINALMENTE: A partir del “momento humanista”, el texto une personajes y civilizaciones distantes entre sí, por lo menos aquellas que estaban a mano en una alguna enciclopedia de bolsillo. Luego todo desemboca en catástrofes inminentes.

COMENTARIO: La premisa de “momento humanista” es, por ser una invención casera con fines proselitistas, débil y forzada. La mezcolanza de Akenatón en Egipto con Metzahualcóyotl en Texcoco hace pensar en la Atlántida y los cuentos de civilizaciones perdidas. El Retorno de los Brujos de Bergier y Pawels es de lejos más entretenido… y serio!

El Vocabulario agradece, una vez mas, la paciencia del lector. Una posible utilidad del PEO presentado aquí, es como ejemplo didáctico de como no SE redacta un texto con pretensiones de ser tomado en serio.

Resentimiento:

Palabra fundamental en el fecalosistema silópata; usada para dar una fácil explicación a las razones por las cuales un participante abandona la secta - y posteriormente la critica. Sentimiento que abraza al sectúpido y a su rebaño silópata una vez que los excesos de la conducta PAJA (ver definición) no son mas brindadores de alivio.

Como todo el palabrerío repetitivo en el interior del fecalosistema, el origen del uso del resentimiento como defensa se remonta directamente al sectúpido y los comienzos de su secta. Ya en ese entonces silo declaró “resentidos” a aquellos que lo criticaron. Otro ejemplo de que el sectúpido define para sus sectarios la manera de interpretar el mundo; en este caso… la crítica a la secta.

Consecuentemente, al silópata no le puede caber en la cabeza, que haya otras razones que motiven la crítica a su fecalosistema, que el resentimiento. Su ceguera considera una total imposibilidad, que el sectúpido pueda estar equivocado o que el modelo de vida de su secta sea objeto de desprecio.

PREGUNTA: ¿De dónde surge la idea de que el ex-participante que denuncia la naturaleza fecalosistemática de la secta es un resentido?

“La lengua va por donde la muela duele” dice un dicho popular muy útil en este contexto. Porque es extraño que un grupo de buenos humanistas, que hace tanto por humanizar la tierra, sea rechazado por la absoluta mayoría de sus contactados con fines proselitistas. Toneladas de panfletos y miles de miles en moneda dura han dado ridículos resultados (ver CER0). Si sólo un décimo de los miles de personas que han participado se hubiera quedado en la secta silópata, ésta sería varias veces su actual numero.

AXIOMÁTICO: “El resentido”, al igual que “el sistema” es una proyección compensatoria, defensiva del fecalosistema.

En realidad la cosa es así: El silopataje, que tiene gran necesidad de autoconvencimiento (ver PAJA), se resiente profundamente cuando alguien se retira criticando a la secta.

En realidad; cada persona que se va deja al silópata en una suerte de vacío personal, que necesita explicación.

Por esa razón comentan compulsivamente, llevados por la necesidad de compensación, qué problema tuvo tal y cual persona que abandonó la secta (ver PAJA nuevamente). Por supuesto, siempre se llega a la conclusión de que el problema lo tuvo el que se fue.

El silópata no le puede conceder un mínimo de razón al que critica a su secta. Su universo interior depende de su total entrega a la infalibilidad de los designios de su sectúpido. Ya no puede detenerse a pensar en cuantas personas ha “contactado” en años de panfleteos callejeros y “contactos personales”. Mucho menos puede valorar objetivamente cuan útil le han sido los años perdidos en “estudiar” confusos “materiales” (ver PEO) y en la práctica de “técnicas” diseñadas a la bartola. Mucho menos doloroso es proyectar su situación y declarar resentido al crítico.

Definiciones en camino:

CER0 (Caso Estocolmo - Rechifle a 0)

Verguenza postsectarial (la necesidad de no ser asociado -posteriormente- con la secta)

Truquetes (diversos chanterios promocionales)

Patraña (”técnicas” made at home)

Juan Nadie (de mesías revolucionario y antisistema a, apenas, aportador de pensamiento, ojalá reconocido por “el sistema”. La secta que aspira a ser el sistema, sin renunciar a su naturaleza fecalosistemática)

La “Historia” (las muchas “historias oficiales” de la secta)

Numerización (la transformación de los “contactos” en meros números para ascender en la jerarquía fecalosistemática)

Y otros….

¿HAY ALGÚN RESQUICIO DE VIDA INTELIGENTE EN EL SILOÍSMO?

Martes, 19 de Diciembre de 2006

La historia del Movimiento es triste. Por cada persona que hoy permanece allí, deben haber unas 4 ó 5 a quienes les gustaría no haberlos conocido nunca, muchas de las cuales tuvieron sus vidas desestructuradas por décadas, sus esperanzas de ser humano prácticamente extintas.

LO MÁS IMPORTANTE ERA ALCANZAR UN DETERMINADO NÚMERO DE MIEMBROS PARTICIPANTES ACTIVOS EN EL INTERIOR DE LA ORGANIZACIÓN. EL RESULTADO FUE TRISTE: NO SE LLEGÓ NI A LA MITAD, INCLUSO HACIENDO USO DE UN RECURSO QUE NUNCA PASÓ DE MODA ENTRE LA MAYOR PARTE DE LOS MIEMBROS DEL MOVIMIENTO: INFLAR LOS NÚMEROS, O SEA, SI USTED ES MIEMBRO, PUEDE CONTAR TAMBIÉN A SU PADRE, MADRE, ESPOSA, HIJOS, ABUELOS POR AMBOS LADOS, EL GATO, EL PERRO, EL/LA AMANTE Y SU FAMILIA. TUVIMOS OPORTUNIDAD DE CONVERSAR CON PERSONAS QUE VIVÍAN A CIENTOS DE KILÓMETROS DE LOS CENTROS DE ACTIVIDAD, QUIENES ENTRABAN EN ESTE CENSO FINAL, YA QUE HABLABAN CON ALGUIEN DE LOS ANTIGUOS CÍRCULOS CON CIERTA FRECUENCIA, TELEFÓNICAMENTE, POR CINCO MINUTOS CADA TRES MESES.

Sigue más abajo un comentario sobre el texto de la charla de Silo en Punta de Vacas, 30 años después de su primera charla pública, en el mismo lugar, aunque tratando de un asunto bien diferente.

Al final de esta página usted encontrará el texto original de la arenga de Silo en español, el texto traducido en portugués para transferir a diversos formatos, o para ser visualizados en este sitio. Encontrará también el archivo en mp3.

Muchos tuvieron poco contacto con el Movimiento, y por eso no pueden comprender exactamente de qué está hablando Silo, mientras que otros pocos tuvieron contacto prolongado, y ya no pueden comprender cosa alguna.

Para los primeros presentamos un corto resumen, para los segundos, no hay nada que pueda ser dicho.

Hace muchos años apareció el Movimiento Humanista de Silo, con otros nombres, formas organizativas y modos de trabajo.

Es importante dejar establecido que la meta de este movimiento siempre fue la misma con que se presentaba: “Humanizar la Tierra”. Ése fue el motor del Movimiento, expresado por diferente personas, en diferentes países, de variadas formas, durante las últimas 4 décadas.

No fue un movimiento casual y esporádico. Siempre fue organizado, siempre tuvo un cuerpo doctrinario bien definido, siempre se orientó por objetivos a corto plazo bien definidos, de modo bien determinado, que apuntaban siempre a un objetivo mayor.

Lo que más interesa dejar sentado aquí es el hecho de tener, desde su nacimiento, un plazo determinado: 36 años.

O sea, el Movimiento alcanzaría su objetivo en ese tiempo o fracasaría. Esto no sería en una semana, tampoco en 123 años, serían 36 años. Con un margen de hasta 10% para eventuales atrasos.

¿Por qué 36 años? No es un misterio.

En su visión del mundo, en sus doctrinas, en sus prácticas personales, los miembros del Movimiento creían que el individuo puede cambiar el rumbo no sólo de su vida, sino también de la sociedad. Hoy vivimos el momento de la globalización, no somos más pueblos aislados, pero sí una aldea grande y global. Esto implica que cambiar el mundo, hoy en día quiere decir cambiar el mundo total, literalmente, o sea, todo el planeta.

Éste no es un comentario suelto, desde los primeros textos siloístas ya se hablaba de este momento.

Se hablaba de esto por varias razones. La más importante es que cuando se hablaba de cambiar uno mismo o de cambiar el mundo como algo real y tangible, no se deja de tener en cuenta la situación en que se vive.

Tomemos un ejemplo bien simple, un alumno que acaba sus estudios secundarios e inicia el pre universitario, puede escoger entre muchas escuelas. Si desea estudiar en el área de humanidades, ciencias exactas, o biológicas. La decisión en última instancia es personal. Tres años después, aquel que escogió humanidades, en caso de querer cursar matemáticas, va a tener serios problemas y, probablemente, fracasará. Puede entonces decidir, nuevamente, seguirá en su vida alguna carrera que no le guste, y tal vez se arrepentirá siempre, o puede no entrar a la facultad, estudiar de nuevo por más de uno o dos años, y entonces intentar otra vez.

Las sociedades también tienen sus diferentes momentos; el proceso personal y social es paralelo para el humanismo siloísta. Los miembros del Movimiento dicen que vivimos en la prehistoria de la humanidad, y que la verdadera historia sólo comenzará a partir de ahora, con una intercomunicación de todas las culturas humanas, y nuevas síntesis culturales globales. Este proceso será, para el Movimiento, una hora de gran crisis planetaria. Esta gran crisis es el momento preciso para hacer algo, para intentar desviar el rumbo de las cosas, para buscar un mundo humanista y no cosificante.

Pues bien. Habría sido imposible intentarlo cien años atrás, y sería tarde dentro de cien años. El destino de la humanidad estaría, así, siendo definido en éstas últimas coyunturas de fin de siglo.

Por tal motivo los miembros del Movimiento lanzaron su proyecto, que debería tener tres etapas, cada cual con 12 años para ser cumplida.

En la primera, Silo debería hallar a sus primeros escogidos. Sería una etapa de ESTUDIOS, con un círculo reducido y muy cerrado de iniciados, y un discurso sobre todo místico y mesiánico, donde Silo es visto como un nuevo redentor, que busca iluminar a muchos otros escogidos para que puedan llevar su nueva moral de salvación a toda la humanidad. Esto es bien específico. Hay amplia bibliografía donde el maestro es explícitamente presentado, como decía uno de los escogidos, “sino como Dios, por lo menos como UN DIOS.” En el propio mensaje público de Silo, en Punta de Vacas, treinta años atrás, se lee: “…Declaro ante ustedes mi fe inamovible y mi certeza de experiencia de que la muerte no detiene el futuro…”. Y eso mismo es lo que usted está leyendo: Silo afirma haber muerto, pero estar nuevamente entre nosotros.

En la segunda fase, tendríamos la ETAPA DE FORMACIÓN DE CUADROS, cuando el círculo del movimiento se amplió considerablemente. Para eso alteró un poco el discurso, experimentó discursos nuevos, hizo todo tipo de actividades sociales que se le fueron ocurriendo en aquel momento, adoptó y descartó decenas de nombres y manifiestos. Hasta hoy, los líderes del Movimiento son provenientes de aquellas dos antiguas etapas originarias. Un punto importante que debe ser destacado al final de aquel periodo, fue la adopción del discurso político, con el lanzamiento de partidos humanistas y más tarde verdes, o la tentativa de implementarlos en varios países del mundo.

Era el inicio de la ETAPA DE MASAS, cuando finalmente la verdad sería revelada y el mundo vería el nuevo camino. Muchos militantes se alejarían en aquellos días, ya que el discurso anterior, era fuertemente, y explícitamente, a-político. Pero es claro que los mejores, los humanamente mejores, portadores de almas más elevadas, reconocían el nuevo mesías y en él creían, permanecerían, y así la historia continuó. El círculo se amplió drásticamente. Ceremonias esotéricas de iniciación, de cambio de nivel dentro de la jerarquía, de matrimonio de los miembros, de muerte, nacimiento, etcétera, desaparecerán. Los títulos de los jefes cambiarán, los demás cargos también, los textos mesiánicos se esconderán, y pasó a usarse un discurso más moderno.

Resumiendo la historia, estas tres etapas acabaron. Los plazos llegaron a su fin. Los objetivos no fueron conseguidos. ¿Qué había de específico en estos objetivos?

Lo más importante era alcanzar un determinado número de miembros participantes activos en el interior de la organización. El resultado fue triste: no se llegó ni a la mitad, incluso haciendo uso de un recurso que nunca pasó de moda entre la mayor parte de los miembros del movimiento: inflar los números, o sea, si usted es miembro, puede contar también a su padre, madre, esposa, hijos, abuelos por ambos lados, el gato, el perro, el/la amante y su familia. Tuvimos oportunidad de conversar con personas que vivían a cientos de kilómetros de los centros de actividad, quienes entraban en este censo final, ya que hablaban con alguien de los antiguos círculos con cierta frecuencia, telefónicamente, por cinco minutos cada tres meses.

¿Pero que sucede ahora? ¿De qué va a vivir toda aquella gente que se ha mantenido exclusivamente de los fieles del movimiento en la tercera etapa? ¿Cómo van a hacer todos aquellos que tienen su participación como principal terapia existencial?

La respuesta parece ser simple… como dice nuestro presidente, “olviden todo lo que yo escribí…” Contrariando todo el análisis hecho anteriormente sobre el momento social globalizado, durante décadas presentado como revelación de un ente superior, dejando de lado sin una palabra cada postura hecha durante décadas, simplemente se dice que no pasó nada y todo sigue tal cual debía ser…

A pesar de eso, fue el fin de aquel movimiento lo que se vio este año en Punta de Vacas.

Quedó una asociación sin sentido, metas, doctrina, o cualquier moralidad, que dará pan con caviar para garantizar el sustento de algunos, o la oportunidad de una buena terapia existencial para varios otros (”ya humanicé bastante la tierra hoy, al contrario de mi vecino inferior, ahora voy a ver la TV tranquilo…”)

La historia del Movimiento es triste. Por cada persona que hoy permanece allí, deben haber unas 4 ó 5 a quienes les gustaría no haberlos conocido nunca, muchas de las cuales tuvieron sus vidas desestructuradas por décadas, sus esperanzas de ser humano prácticamente extintas.

Pero el mundo es así. Varios individuos ya establecieron fechas seguidas para el fin del mundo. Cuando erraban, simplemente establecían otra. Y después otra. Y muchas otras previsiones todas erradas. A pesar de esto, algunas religiones seguirán y siguen creciendo. Alguien podría preguntar si hay algún resquicio de vida inteligente en sus fieles.. y responder que es obvio que no.

Con los miembros del movimiento es lo mismo. Siempre habrá gente queriendo creer, creer en cualquier cosa que justifique la vida. Y esos siempre serán presa fácil para los más expertos e inmorales.

Otros deberían, entre tanto, llevarse las manos a la cabeza, pensar correctamente, pesar 30 ó 40 años de historia, de millares de conversaciones, de millares de papeles, pesar toda la desechada coherencia interna de los más diversos métodos y prácticas del Movimiento, y tomar en su amplio y pleno sentido las palabras “fracasamos y no logramos nuestros objetivos.”

*El autor participó en el movimiento siloísta entre los años 1985 - 1994

My membership in Club Vampire

Martes, 19 de Diciembre de 2006

The basic formula   “we have to grow in numbers and we will spread X leaflets and Q books and we will show up with Y speech and we will hold a rally with Z topics and the goal is to be 10,000,000,000 and…”

In these lines I try to describe a thread of thought I think important when someone hears about the “Humanist Movement” or “Humanist Party” and wants to know the core that hides beneath the nice slogans and even more nice quests.

But first I have to outline my definition of attention - the most valuable thing a man can have. And Silo - the founder of the HM - is maybe one of the greatest possessors in human history of this treasure, and maybe the worst keeper of it, since he could never ever return a little fraction of attention he got from his minions back to them or to somebody else… He is nothing more than a fair-spoken and charming living dead: you give your best to him: your attention, and that attention given to him will never return: it fizzles, withers and dies within him. Do you know how this kind of charming undead is called? I’m sure you’ve heard of vampires… But drained human blood is somehow more easy to be replenished than drained human attention. Attention vampires are the worst members of humankind. I doubt that they even could be taken as humans. Since vampires are too mischievous: they seem to be constantly giving and giving, teaching and charming and charming people, binding them to themselves, while in fact they are just nothing but empty shells that draw away true life essence… And they are NEVER satisfied (well Señor Silo told a year ago, that he is just leaving… maybe 30 years of attention drain was finally enough? Nice appetite, I can admit…). And  Silo owes me 5 years of faith and attention… that for sure I will never ever get back. Now I treat this five years like “being hibernated”, or time being skipped. I cannot do more. I’m just able to recommend others not to enter this or similar Vampire Clubs.

It is something like a Never-ending Summer University: it has semesters (half terms) each beginning with a “directive”, which are roughly the same and have the basic formula “we have to grow in numbers and we will spread X leaflets and Q books and we will show up with Y speech and we will hold a rally with Z topics and the goal is to be 10,000,000,000 and…” After the 3rd or 4th semester - for a basically keen man or woman - it has to be clear that the doctrine of “development” is more or less void. What developing thing does keep repeating itself?

Equality. This is my most painful point in this grouping. I always believed that if I accept the proposals of my peers or orientor they will mutually do the same. How stupid I was that I cannot tell… And I always overlooked the little thing that the HM’s organization calls itself “structure”, and I’m only the multiple subordinate of some “orientors”… how nice. While they tell everyone that people in the HM or HP are equal, it turns out that this is the utmost lie… I was only a sort of battery placed into a HUGE machinery full of other batteries (the so-called “group delegates”) and capacitors or funnels (team delegates, co-ordinators and so on…) who conduced the collected attention to His Majesty Silo… Who graciously pleased to devour it all. (Followed by a nice “burp!”.)

What can I do with two or three books whose content is either paranoid (see “Letters to My Friends”, 5th letter… Enjoy the Paranoia!) or simply stolen from other authors without indicating ANY sources? Again a nice sign that His Majesty Silo doesn’t want to fiddle with mentioning other puny writing people’s efforts… (I have to admit that sometimes it is better not to know the sources… They would be greatly embarrassed by seeing what happened to their writings…)

The criticism I got most frequently while being among the humanists that “I’m too intellectual AGAIN”. But what the heck… What are those “seminars” about personal development, attention development, planning development and development development?! Isn’t it a bit “contradictory” when you tell somebody to develop his or her attention (whose “most developed” level is the abstract intellect - as far as I know…) AND if he or she happens to have (a lot) of this kinda’ attention, you instantly start to cut it back and criticize it?! (The “recommendation” was always to develop my faith… that is to believe instead of thinking… and belief as an emotion is just on a much lower level of attention than any type on intellect… ARRRRGGGGGGGGGHHHHHHHH.)

What can I admire in a person who has been able to learn only his native language, to accomplish secondary school (not to consider that he successfully fooled some Russians in Moscow who presented him with a DHC degree… He should have got a grade A+ in the subject of Higher Level Manipulation…) How does he dare to say that he can liberate me - knowing that I had put much more attention into studying languages, to be well educated and so on… (By the way, the infamous book titled “Self liberation” or “Autoliberación” is containing a fine falsehood in its concept - in my definition a good leader is capable of liberating the subordinates, but here it is modified in a wicked way, let’s say: “just admire us, give us all your precious attention, but we are terribly sorry, we cannot fiddle with your liberty, please, DIY (Do It Yourself).”

What can I admire in a person who - upon a deeper scrutiny - appears to be deeply disgusting (just look at some photos and videos made with him… there’s a LOT…). And what can I believe of him when I realize that his talkings and performances are nothing more than insatiable appetite for my and others attention, and that this attention will be NEVER used for anything else than devouring it all? How stupid I was, how stupid we were…

The only thing that held me inside the HM that there are so many good people there… Now I know that they’re all lured into the “Club Vampire” to serve His Majesty, and they’re all misled by the nicely sounding promises and directives spread by the minions of His Majesty… And they’re no more now than a series of batteries powering a malformed machinery that will never function since it is malformed and wretched starting form its very roots…

Back to the issue: I left the movement since I did not want to be a battery, a slave and a thing to feed others who don’t deserve my capacities. And there is always something good in the worst things that happen to me: now I know that I cannot be deceived again. And I can already tell real care and goodness apart from mischief and hypocrisy.

This experience cannot be compensated by something else. Maybe this little writing can help a bit, maybe not only a bit… And I’m happy and worry at the same time that I have to be the one who writes these lines.

Maybe at some future day I will find someone who’s worth believing in. But these days, and the forthcoming years will be spent rebuilding myself. By replenishing my lost treasure… My wasted attention.

So, my dear Reader, keep away from Club Vampire!
“Daneeka Doc - Slavery No More”
March, 2002. Budapest, Hungary.

A PROPÓSITO DEL “TRABAJO INTERNO”

Martes, 19 de Diciembre de 2006

Suicidio y transmutación

En un mensaje emitido el martes 9 de octubre de 2001 por la cadena de televisión Al Yasira, de Qatar, Suleimán Abu Geith, portavoz de Al Qaeda (La Base), vestido de blanco y delante de un fondo oscuro, declaró entre otras amenazas: “Los estadounidenses deben saber que la tormenta de los aviones no se detendrá. Tenemos jóvenes que buscan la muerte tanto como los americanos buscan la vida (…) Esta es una batalla decisiva entre la fe y el ateísmo.”

Tales aspavientos traen a la memoria aquella proclama de los fascistas españoles que daban vivas a la muerte. Esa tétrica y fúnebre exaltación a su vez está asociada a los desdichados legionarios que se auto denominaban “novios de la muerte”, quizá con el designio de amedrentar al enemigo: podría pensarse que aquellos a los que no intimida la Parca son más valientes y temibles en el combate.

Sin embargo, las amenazas de Suleimán Abu Geith están respaldadas por los hechos. Por los pavorosos hechos del 11 de septiembre de 2001.

Si bien es cierto que los suicidas asesinos integristas creen que su acción implica el paso de una forma de vida a otra más elevada, no deja de extrañar en ellos la aparente superación del más elemental de los instintos: el de conservación. Así, no puede dejar de considerarse la posibilidad de que un organismo viviente que busca la muerte con el mismo ahínco con el que la mayor parte de los seres vivos nos aferramos a la vida es, cuando menos, un espécimen singular en el amplio reino de la materia animada y orgánica. Ese pasmoso ente animal que se apodera de los mandos de un avión de pasajeros, o se convierte en hombre bomba, es al fin y al cabo alguien del que tal vez pudiera decirse que ha transmutado. Pero no es seguro que así sea.

Grandes cambios, pequeños cambios (1)

La transmutación es un cambio, pero no es un cambio cualquiera. El verbo transmutar, que significa convertir una cosa en otra, fue muy utilizado por los alquimistas. Ciertas escuelas esotéricas pretenden que Jesucristo transmutó en el momento de dejarse capturar por los soldados romanos. Lo habría hecho al entregar su vida, renunciando así a la voluntad que rige el instinto de conservación. Aun siendo un cambio radical y definitivo (contrariamente a la evolución, desde la que es posible involucionar), el verbo transmutar rezuma un fuerte aroma que lo emparienta con el cambio. Con la renovación. En el transcurso de la historia han surgido innúmeras propuestas destinadas a renovar la forma de ser. Propuestas formuladas por el entorno social o por el propio individuo que habrá de padecer los efectos de la supuesta modificación. Se trata de un ser humano que no parece estar del todo conforme consigo mismo, es decir, con sus atributos primarios: su temperamento, su manejo de la emotividad, su capacidad mnémica, su postura corporal, su gesticulación, sus rasgos. Puede que ni siquiera esté conforme con su dotación genética. Tampoco está conforme con los hechos y las condiciones de su existencia. Su “autoconcepto” no encaja con la conceptuación ideal que ha hecho de sí.

“Cambia tu vida”, dice el anuncio de una marca de automóvil. “Cambia tu vida”, te propone un gurú de extravagante aspecto. “Cambia tu vida”, te conmina un predicador febril, so pena de arder eternamente en caso de no hacerlo. El reclame que invita a cambiar de vida tiene más resonancia que el buen pan.

En las sociedades de escasos recursos; en los conglomerados humanos cuyos integrantes no pueden acceder al progreso material, la educación y la cultura; en los guetos étnicos castigados por la marginación; en los estados que limitan las libertades privadas y públicas, y en las naciones dominadas por otras, los individuos identifican sus limitaciones particulares con las condiciones ambientales. Quienes viven en tales circunstancias casi siempre intentan cambiar éstas en primer término, pues en los entornos de acuciante necesidad, como en las situaciones extremas y de gran peligro, deja de estar presente esa suerte de angustia difusa más conocida como “angustia existencial”, harto frecuente en el clima de bienestar y aburrimiento propio de la vida burguesa. Quienes padecen la necesidad, el hambre, la opresión o el continuo riesgo físico, no conocen el tedio y dan por sentado que la modificación de las condiciones exteriores llevará aparejado un posterior cambio de la vida personal y colectiva. Sin embargo, aun en esos contextos hay aquellos que avanzan sobre su “mundo interior”; claro que no suelen hacerlo con el orientalismo de pago, la autoayuda, la aromaterapia o el psicoanálisis “que son prácticas “decadentes” del próspero mundo occidental”, sino con la devoción religiosa. Lo cierto es que en algún momento de su vida la mayoría de la gente “ricos y pobres; agraciados y desgarbados” se ha propuesto cambiar.

También es muy corriente que algunas personas cercanas aconsejen al sujeto de su atención el emprendimiento de una vía de cambio: el cambio de unas pocas características o tal vez de lo que hace a la totalidad de su estructura psíquica. Cuando es uno mismo el que se lo propone, lo hace la más de las veces para lograr metas deseadas, para agradar a los demás, para mejorar la salud o las relaciones afectivas, para sentirse mejor. Casi con seguridad querrá cambiar para alcanzar esa entelequia llamada “felicidad”, sin discernir que la mayor felicidad es aquella cuya existencia no se percibe cuando está presente, y menos aún se pregona, por aquello de “dime qué proclamas y te diré de qué careces”.

FELICIDAD

Se ha dicho que el amor de los enamorados es un invento de la edad media tardía. En cuanto a la felicidad como ideal, tal vez se haya inventado durante el apogeo de la revolución industrial. El estado de felicidad, en todo caso, está en las antípodas de la desgracia.

“El favor y la desgracia son como el miedo; la fortuna y el desastre son como nuestro cuerpo”, dice el Tao Teh King. Otra cosa es la constreñida pose de gente feliz que interpretan algunos sectarios, para consumo externo. Lo que hoy se conoce como “felicidad”, que el filósofo Fernando Savater alguna vez ha calificado de horterada, ha pasado a ser un vocablo kitsch, más propio de consultorios sentimentales y culebrones televisivos que del honesto lenguaje de quienes procuran ser auténticos. “Kinder Sorpresa nos da / grandes momentos de felicidá”, canta el jingle de un anuncio televisivo de golosinas destinadas a los niños. Ciertos militantes “humanistas” emplean media vida en el esforzado empeño de simular que son felices. Quién sabe si es posible serlo, con tanto esfuerzo.

FELICIDAD Y SENTIMENTALIDAD KITSCH

En cuanto a las frases de estilo kitsch, como aquella que compara a una bebida gaseosa con “la chispa de la vida”, o la consigna militar que se vocifera de este modo: “¡Subordinación y valor, para servir a la Patria!”, o el saludo-consigna de cierta secta misticoide-política: “¡Paz, fuerza y alegría!”, y también la proclama de Silo en su arenga de Punta de Vacas, en 1969, “Sé fiel, no sólo fiel a tu mujer. Fiel a tus ideas y a tus principios aunque te cueste la vida.” [suprimida en las versiones impresas posteriores], todas ellas, sirven para detectar si un mensaje es auténtico o mentiroso. Aquí pueden trasladarse los criterios de dos grandes arquitectos, como fueron Hendrik Petrus Berlage y Mies van der Rohe, cuya convicción referida a una expresión “honrada” de estructura y material constituyeron sus más destacadas premisas arquitectónicas. Dicho de otro modo: la detección de elementos Kitsch en un discurso dado, nos permite determinar su grado de falsedad.

Retomemos el hilo: estábamos en el tema del cambio. Decía que la mayoría de la gente pretende cambiar para conseguir objetivos banales, o esa condición tan publicitada en el sistema capitalista y en el que se conoció como “socialismo real”, al que llaman “felicidad”. Pero rara vez se pretende cambiar para dejar de ser quien se es y convertirse en otro. Eso sería una suerte de muerte y renacimiento, una supuesta transmutación como la que tramaban los febriles alquimistas y espagíricos medievales y renacentistas. Una transformación radical de la forma mental, similar a la transmutación de los minerales; objetivo que ya puede lograr “con enorme costo” la moderna física nuclear.

Sí; no es lo más habitual que alguien intente un cambio absoluto para alejarse de los modelos prestigiados por el sistema social que lo cobija; para renunciar a los placeres físicos y a la atención afectuosa de los seres humanos y, en cambio, inicie un camino que se sustente en un sistema de valores inédito. Monjes, yoguis y místicos diversos emprendieron esa esforzada travesía. Muchos quizá lograron una transformación profunda, otros quebrantaron su salud corporal y psíquica, y así ciertos insomnes y frenéticos fueron llamados “grandes despiertos” “que de tal modo suelen llamar a sus modelos los idólatras de ciertos “iluminados”". Hubo aquellos que se tragaron el anzuelo de la transformación en el propio medio, que no requeriría mayores sacrificios, pero tal propuesta no pasa de ser una engañifa no menos burda que los crecepelos puestos en venta por charlatanes callejeros. Unos y otros se desmoronaron con harta frecuencia. La mayoría volvió por sus pasos a los pequeños placeres y costumbres de la vida cotidiana, no sin antes emprender esperpénticos ejercicios de “autoconocimiento” o “psicofísica”: prácticas consistentes en dividir, dirigir o concentrar la atención, imaginar esferas luminosas; invocar guías espirituales y caminar erguido con un libro sobre la cabeza. El saldo del ridículo fue diluyéndose en el olvido que acarrean los años. La naturaleza suele ser caritativa.

EL MEDIO INMEDIATO

La propuesta de la transformación en el propio medio es pareja a la del cambio “simultáneo”. Según ésta, el individuo se transforma en la medida que va transformando su “medio inmediato”. Nótese que esto no es lo mismo que decir que el individuo se transforma en la medida que va transformando su “circunstancia individual”, en cuyo caso estaríamos ante una vía de actuación coherente con el propósito de cambio individual. En el planteamiento anterior, el “cambio del medio inmediato” es la excusa para arrastrar a los adeptos a la acción política, como la que lleva a cabo la secta Soka Gakkai y su brazo político en Japón: el Komeito. O la secta de Silo y su brazo político: el Partido Humanista. El mayor problema aquí es que la metodología política, dentro y fuera del partido y de la secta, desvirtúan los mejores fines: el “medio inmediato” no sólo no se transforma, sino que lo que en realidad se pretende es convertirlo en la fuente de alimentación y reclutamiento de la secta. Como en tantos otros casos, los medios se convierten en el fin. Llegados a ese punto, tampoco los individuos se transforman… como no sea para peor.

Pero hubo unos pocos que llevaron las posibilidades de su psiquis hasta una zona de extremado control y desapego, logrando trascender el mismo instinto de conservación. Pienso en los bonzos budistas* que se auto inmolaban en Vietnam y que los medios de comunicación hicieron célebres en la década de los sesenta del siglo XX.

*En beneficio de la claridad expositiva utilizo aquí la socorrida clasificación “bonzos budistas”, a pesar de saber que es una redundancia, una tautología, y, finalmente, una deformación: el cardenal Paul Poupard, autor del Dictionaire des religions, define el término “bonzo” como “monje budista”. Alguien que ha ingresado en un sangha (comunidad de monjes). Es necesario aclarar que los monjes budistas no son sacerdotes. En el budismo no existe la función sacerdotal. Sin embargo, la palabra “bonzo” proviene del japonés bo-zu, cuyo significado es “sacerdote”. La culpa de la deformación es de los misioneros católicos portugueses (del portugués nos llega el vocablo “bonzo”), que tomaron a estos monjes por sacerdotes.

Recuerdo haberlos visto en las fotografías de los periódicos y en la pantalla del televisor. Por aquel entonces la gente discutía acerca del “peligro” que representaba la caída [en el comunismo] de los países del Este Asiático (la teoría del dominó), o de la voracidad del imperialismo capitalista, pero a mí lo que me intrigaba era el fenómeno de los bonzos que se quemaban vivos. No es que me asombrara el hecho de que algún vehemente “o tan sólo devoto” se rociara con gasolina y después se prendiera fuego, sino que al arder conservara la postura de sentado en posición de loto. Me admiraba el total dominio del suicida místico sobre el dolor “si es que lo sentía”. Me asombraba su control de los reflejos primarios y su poder sobre el pánico y la desesperación de mantenerse con vida. Quienes tuvieron oportunidad de observar la caída al vacío de las víctimas del terrorismo en las Torres gemelas de Nueva York, momentos antes de que éstas se derrumbaran, habrán notado que casi todas pataleaban en el aire y movían los brazos, como si quisieran volar o nadar. Al parecer se trata de la reacción más natural, y supongo que cualquiera haría otro tanto en caso de hallarse en idéntico trance. En situaciones semejantes lo que opera es el atávico instinto de conservación, y no está probado que los asesinos suicidas que lanzaron los aviones comerciales contra las Torres gemelas y el Pentágono se hubieran liberado de él. Ellos sí renunciaron a conservarse vivos (a cambio de una hipotética vida eterna), pero no sabemos si el instinto de conservación y todos los reflejos inherentes habrán desaparecido. No sabemos si en el último momento cerraron los ojos y se cubrieron el rostro con los brazos. Si fue así, ellos no habrían alcanzado la transmutación, o su equivalente budista: el nirvana. De acuerdo con ciertas teorías escatológicas, al no haber alcanzado dicho estado sus espíritus seguirían presos en el samsara, el eterno ciclo de muertes y renacimientos. Para otras escatologías (ver G. I. Gurdjieff), faltas de un centro de gravedad permanente (obtenible mediante la transmutación), sus conciencias se habrían disuelto en la nada y nada quedaría de ellos. Para Gurdjieff, sin un centro de gravedad, no es posible ser inmortal “dentro de los límites del Sistema Solar” (así es el delirante lenguaje de la “escuela” que Gurdjieff llamó “del cuarto camino”). Es lo que en otra corriente escatológica se llamó “Sheol”: “Sale su aliento [del hombre], y vuelve a la tierra; en ese mismo día [momento] perecen sus pensamientos” (Salmos 146:4).

Job afirma que en la muerte él sería “como si nunca hubiera existido” (Job 10:8). La muerte sería el olvido, la inconsciencia y la absoluta inexistencia, como la anterior al nacimiento, lo cual nos recuerda el título de la gran novela de Raymond Chandler: El sueño eterno.* Todo esto hace evocar aquellos versos de Espronceda:

Débil mortal no te asuste
mi oscuridad ni mi nombre;
en mi seno encuentra el hombre
un término a su pesar
Yo, compasiva te ofrezco
lejos del mundo un asilo,
donde a mi sombra tranquilo
para siempre duerma en paz.

(”Canción de la muerte” José de Espronceda, 1808-1842)*

* Ver, más adelante, unos versos del Rubayat, de Omar Jayam.

En cuanto al mentado instinto de conservación, es éste un resorte al que, por lo que se pudo ver y registrar, sí habrían renunciado los bonzos. ¿Habrán estos monjes alcanzado la transmutación? Y de ser así, ¿valió la pena haberla alcanzado?

Las acciones de los bonzos budistas; los kamikazes japoneses de la Segunda Guerra Mundial, observantes del código Bushido, que se arrojaban con sus cazas “Zero” contra los navíos aliados; los asesinos suicidas del 11 de septiembre de 2001; los sectarios suicidas seguidores de Jim Jones, en Guyana, así como los integrantes de la Orden del Templo Solar que llevaron a cabo suicidios rituales en Suiza, Francia y Canadá, nos hablan de la voluntad de morir para después acceder a otra clase de vida. Una vida hipotética en alguna supuesta dimensión imaginada o referida como mito; una utópica vida ajena al cuerpo y a la constatación de los sentidos, pues se trata de gente que no se conforma con la doméstica felicidad de la era industrial. Ellos pretenden la totalidad; el toco: el paraíso de las huríes o el sitio preferente a la diestra del Señor. Hay una profunda desigualdad en la interpretación del mundo entre quienes procuran la muerte física motivados por cualquier fe o sistema de creencias ultraterrenas, y la inmensa mayoría de los seres vivos que nos aferramos a la existencia mundana. Sin embargo, de todos los citados, sólo los bonzos budistas, con su evidente dominio mental y físico del dolor; con el demostrado poder sobre los reflejos primarios que rigen la conducta animal, han probado que en algún momento de su existencia lograron producir en sí mismos una transformación efectiva del ser natural.

Está visto que, en gran medida, el camino de una hipotética transmutación corre parejo con el renunciamiento a la vida mundana. O al menos con el desprecio del universo sensorial. Es ésta una vía casi siempre monopolizado por el espiritualismo, una concepción que sólo concibe la existencia terrena como una obligada estación de paso; una suerte de repartidor vial o encrucijada de carreteras que llevan a diferentes destinos de ultratumba. Así se comprende que tantos devotos febriles anhelen la muerte física y la esperen con impaciencia. La suponen el umbral de la vida eterna. Hay un ingente repertorio de manifestaciones artísticas y simbólicas que expresan dicho anhelo. La poesía no podría estar ausente. Quizás algunos de los célebres versos de Teresa de Cepeda y Ahumada (1515-1582) “beatificada en 1614 y canonizada en 1622, y por ello conocida como Santa Teresa de Ávila o Santa Teresa de Jesús”, constituyan una buena muestra:

Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di;
puse en él este  letrero:
que muero porque no muero.

[…]

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa un dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

[…]

Mira que el amor es fuerte,
vida, no me seas molesta;
mira que sólo te resta,
para ganarte, perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero,
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba
es la vida verdadera;
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva.
Muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios, que vive en mí,
si no es el perderte a ti
para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

Grandes cambios, pequeños cambios (2)

Pero, como ya he señalado, los grandes cambios no constituyen la máxima aspiración de quienes tan sólo se proponen modificar la conducta o ciertas características recurrentes del temperamento “aquello que da en llamarse “personalidad”", para beneficiarse de una mayor capacidad de adaptación al medio. Los grandes cambios, las mutaciones radicales de quienes pretenden efectuar una transmutación del ser, intentan ser realizados mediante grandes renunciamientos. El mutante (o aspirante a serlo), va despojándose de sus querencias y deserta de los placeres y los hábitos cotidianos; abandona también a los afectos; aplaca los sentimientos e intenta domar las emociones. Esa es la vía de la transmutación, si es que ésta es posible; en ella no cabe la angustia difusa del aburrido y el insatisfecho, pero sí la renuncia al “yo” y sus ilusiones.

Los grandes cambios del mutante consisten en renunciar. Consisten en despojarse y hacerse cada vez más pobre. Son los cambios que propone el misticismo de los primeros cristianos y del budismo observante. Los cambios profundos de los ascetas, las carmelitas descalzas, los ayunantes porfiados y los penitentes tenaces.

Pero los pequeños cambios, que tienen por objeto una mayor satisfacción en la vida cotidiana, contrariamente a los cambios del candidato a mutante, consisten en el reforzamiento de la ilusión del yo y la adquisición de nuevas capacidades. Son los cambios cosméticos. Cambios que serán posibles por adquisición, y no por renunciamiento. El candidato a cambiar con moderación y cautela pretende estrenar habilidades: mayor dominio del cuerpo; el don de la elocuencia; una personalidad magnética; una mejora de la salud y la silueta; fuerza muscular; agilidad mental y física; conocimiento de idiomas y cultura general. El candidato a cambiar en la superficie no quiere sacarse nada de encima, como no sea unos cuantos kilos de más. El candidato al cambio cosmético no quiere despojarse de cosa alguna: él quiere añadir. Quiere saber bailar, o cantar. Quiere saber sonreír: quiere, quiere y quiere; mientras que el mutante sólo quiere no querer.

El candidato a cambiar en la superficie, desea mejorar.

El aspirante a transmutar desea morir y renacer.

El candidato a cambiar con prudencia obra espoleado por los deseos. El aspirante a mutar desea no desear. Es este paradójico y desmesurado deseo envolvente lo que establece la gran diferencia. Fuera de ello, uno y otro operan sobre sí mismos. El mutante pretende liberarse de sus condiciones de origen. El cambiante superficial sólo quiere mejorarlas. Ninguno de los dos se queda quieto. En ambos opera la voluntad (voluntas).

Siempre presente, la potencia volitiva: el puro deseo, acude a las cosas para apoderarse de ellas, o las rechaza y las aborrece. El deseo: la volición, el querer, no descansa. Así es como todo intento de cambio se basa en una concepción voluntarista de la vida. Por más que se intente (y peor cuanto más se intenta), el forzamiento no puede dejar de hallarse presente, y, por lo tanto, cualquier pretensión de paz y relajo es apenas un recurso técnico, una ilusión vana.

Cursos de “autoconocimiento” y “experiencias guiadas” confunden y someten a los practicantes. Imprimen una programación encima de otra: un palimpsesto. Al ser la más reciente menos intensa, esta nueva programación obliga a un mantenimiento y un cuidado constante, al igual que el maquillaje diario de ciertas mujeres de edad avanzada. La tensión y la pérdida de energía son permanentes. También es permanente el desgaste que requiere disimular dicha tensión y pérdida energética: un círculo vicioso. Como dicen que sucede con los masoquistas, al yo mejor se lo domina cuanto menos se lo considera. A la inversa, éste se hace más inestable en la medida que el sujeto más pendiente está de él. Estar continuamente encima del yo es el mejor medio para perderlo del todo.

De tal modo, el candidato a mutante y el individuo del cambio cosmético, en el mejor de los casos habrán alcanzado una impostación; el dominio de un discurso; la representación de un personaje novedoso. Un papel sobreactuado en una mala obra teatral: Palimpsesto.

Y por otro lado, ¿cuál es el punto de partida desde el que se emprenderá el intento de cambio parcial o total? Habría que averiguar, como requisito previo, las características de las condiciones de origen. Saber de dónde se sale. Tal exigencia responde a la propuesta de conocerse uno mismo.

La pretensión de conocerse uno mismo puede hacer sonreír. Cuando el autor del presente trabajo frecuentaba la secta de Silo, propiedad del doctor Mario Rodríguez Cobos* (actualmente conocida como “Movimiento Humanista”), al así llamado “autoconocimiento” se le daba mucha importancia. En cierta ocasión un contumaz sectario, en el intento de captar a una inteligente mujer, le habló de las supuestas ventajas de trabajar en el conocimiento de sí misma. La respuesta fue que dicha perspectiva a ella se le antojaba aterradora, pues eliminaba toda posibilidad de sorpresa y cualquier juego de inesperadas y asombrosas emociones.

*Mario Rodríguez Cobos, argentino, nacido el 6 de enero de 1938 en Mendoza, ciudad en la que, con el seudónimo de “Silo”, fundó la “Orden de Kronos” en el año 1962. Dicha secta, presentada después con diversas denominaciones: “Religión Interior”; “Movimiento de Liberación Interior”; “Poder Joven”; “La Comunidad para el Desarrollo Humano”; “Movimiento Humanista”, se expandió primero por Sudamérica y posteriormente por amplias zonas de Europa. En la década de los noventa del siglo pasado Rodríguez Cobos recibió un doctorado “honoris causa” por una universidad rusa. A lo largo del presente trabajo se lo volverá a mencionar.

Dejando al margen las anécdotas ingeniosas, lo cierto es que la socrática, y tal vez pitagórica, consigna que invita a conocerse uno mismo (????? ???????: “conócete a ti mismo”) es al menos tan antigua como los filósofos griegos que la habrían formulado. Acaso aún más antigua: se ha dicho que estaba inscrita en la puerta del templo de Apolo, en Delfos.

No obstante, pocos adultos hay que no crean conocerse en mayor o menor medida. Ese hipotético conocimiento, que cada cual tendría de sí, bien podría resumirse con el término de self-concept, muy popular en Estados Unidos. Dicho “autoconcepto” no es otra cosa que la idea que el sujeto se hace de su personalidad (no entendida como “máscara” sino como temperamento o conjunto de características individuales) y conducta: una valoración surgida de la experiencia con las relaciones y la imagen que se supone tienen los demás de uno. Cierta escuela de psicología pretende que el autoconcepto mediatiza el comportamiento y las metas que cada cual impone a su vida.

Es en estas regiones donde fructifican las sesiones de psicoterapia de todas las tendencias; la grafología, el reiki, el taichi, los rituales incas y las imposiciones de manos; los manuales de autoayuda; los cursos para hacerse simpático y saber hablar; los libros de Dale Carniege; el “tarot electrónico humanista” del brujo siloísta madrileño Miguel Moltó (http://miguelius.galeon.com/); el best seller de Wayne W. Dyier, Tus zonas erróneas y el calamitoso Autoliberación, firmado por L. A. Ammann, subalterno del ya mencionado doctor Rodríguez Cobos, en cuya tapa (en la edición que obra en mi poder) promete nada menos: “La llave para encontrar la verdadera vida”, con lo cual “afortunadamente” dispensa al consumidor del recetario de la obligación de auto inmolarse al estilo integrista para alcanzar la “otra vida”. Tranquilícense pues los aprensivos: según Ammann y el doctor Rodríguez Cobos, bastan algunos ejercicios repetitivos, resumir la autobiografía, aclarar la escala de valores e intereses y poco más. Una ganga a precio de saldo. Por momentos, la lectura de Autoliberación puede provocar sensaciones que van de la vergüenza ajena a la risa. Sin embargo, la intención del que lo escribió (¿quién ha sido el que en realidad lo escribió?) no fue hacer un texto de humor.

Claro está, el corpus doctrinario que vende el doctor Rodríguez Cobos aparece como una estructura más compleja en relación con el libro que acabo de mencionar. Incluso Autoliberación ofrece una apariencia más elaborada (aunque no mucho más) que la presentada (y simplificada) por mí, pero si resumimos las propuestas de dicho manual de autoayuda, no será difícil comprobar que no pasa de ser un recetario para voluntariosos candidatos a un cambio cosmético (como muchos otros que hay en el mercado). Y esto es así porque Autoliberación no tiene la finalidad de ayudar a que nadie se libere de nada: dicho panfleto encuadernado es apenas una pieza en el repertorio de reclutamiento de la secta del doctor Rodríguez Cobos. Sus ejercicios constituyen lo que el propio doctor Rodríguez llama “trabajos pretexto”, y por lo tanto el panfleto no tiene ninguna finalidad en sí mismo, pero sí en relación con un bombardeo propagandístico.

Autoliberación es el equivalente de un curso de maquillaje, pero como tantos otros panfletos sectarios, es el anzuelo con el que se intenta captar a los disconformes con su estado actual. A todos los que buscan un sucedáneo del Paraíso perdido por medio de un cambio. Por desgracia, dicho aparente cambio se sustentará en la mera adquisición de una terminología, un repertorio de gestos y la permuta de unas ideas “unas convicciones” por otras. Al respecto parecen oportunas las reflexiones de José Ortega y Gasset con referencia a los militantes de los diversos partidos políticos:

“Por lo pronto no son nunca los que pensaron originariamente la idea en torno a la cual se formó el partido que provocó la mêlée. No son, pues, gentes que hayan, por sí mismas, pensado nunca en nada. Se han encontrado con un partido hecho que pasaba delante de ellos y lo han tomado como se toma un autobús. Lo han tomado a fin de no caminar con la fatiga de sus propias piernas. Lo han tomado para descansar de sí mismas. Porque hay gente cansada de sí misma desde que nace.”*

*De No ser hombre de partido, artículos publicados en La Nación, de Buenos Aires, el 15 de mayo y el 3 de junio de 1930. Integran el volumen intitulado Ideas y creencias.

Así pues, quienes emprenden tales prácticas, como las que propone Autoliberación, y se embarcan en extravagantes militancias, obtienen un cambio meramente cosmético. Una postura ante los otros, como la que suelen exhibir con su lenguaje ciertos psicoanalizados, determinados orientalistas, algunos militantes de la izquierda o la ultra derecha, y no pocos curas con o sin sotana.

Y si se pretende que no es así, ¿dónde está el paradigma que fundamente lo contrario? ¿Dónde se encuentra la evidencia, la “verdad demostrable”, la prueba científica que confiere legitimidad a todo postulado? ¿Dónde está el “Hombre Nuevo”? Uno solo; tan siquiera uno. ¿Dónde? Para el universo de la razón no existe entidad o fenómeno carente de manifestación, y no considero válidos los modelos que pretenden independizarse de los datos experimentales, así que, como tantas veces, habrá que recurrir a la anécdota. La desprestigiada anécdota propia del método inductivo. Habrá que hacerlo, como el paleontólogo que reconstruye un animal extinguido con unas pocas piezas sueltas. He aquí, pues, unas pocas anécdotas:

Pese a las promesas de una nueva vida, he conocido sectarios con sus vidas destrozadas después de décadas de participación: “La historia del Movimiento es triste. Por cada persona que hoy permanece allí, deben haber unas 4 ó 5 a quienes les gustaría no haberlos conocido nunca, muchas de las cuales tuvieron sus vidas desestructuradas por décadas, sus esperanzas de ser humano prácticamente extintas”, testimonia Everal Rimbald, que militó en el siloísmo entre 1985 y 1994. Un caso: cierto cabecilla de la secta del doctor Rodríguez Cobos, con treinta y cinco años en el ruedo y desde mucho tiempo dirigente de conjuntos repartidos por Sudamérica y Europa, padre de tres niñas, me interpela en un bar de Buenos Aires para lamentarse de que había sido abandonado por su esposa, también miembro de la secta, la que lo dejó por otro sectario. Este mismo individuo, que en su día fue nombrado el primer “aceptado” de la secta, tiempo atrás criticaba a otro de los cofrades, por haber tenido como pareja a una “contra”. Otro caso: un dirigente importante es detestado por otros dirigentes debido a su grosería y prepotencia: a sus espaldas se burlan de su baja estatura, dicen que antes de entrar a la secta estuvo al servicio de Blancanieves, pero “el enano” a su vez se burla de otro “residente en Roma” por su pasada homosexualidad.

Los ejemplos de mutua inquina, canibalismo y vidas arruinadas parecen interminables, lo que no impide que todos ellos pregonen una suficiencia y felicidad enormes… Botones de muestra. Contrariamente, no he conocido sectarios con vidas que puedan considerarse plenas.

Cuando un sistema eclesiástico o una corriente de pensamiento prometen beneficios, es de esperar que sus representantes sean los primeros beneficiarios y los modelos emergentes, pero no he conocido muchos psicoanalistas libres de neurosis agudas. Tampoco he conocido dirigentes sectarios “repito: “dirigentes”" con sentido del humor, y sí energúmenos llenos de ira frente a las críticas y la ironía con que es tratada su fe.

En resumidas cuentas, quienes practiquen la supuesta “autoliberación” que propone el panfleto Autoliberación, en el mejor de los casos podrán revestirse de una nueva personalidad. Nunca mejor dicho, si se toma en consideración la etimología del término persona (”????????: prósopon”): la máscara con la que se cubrían el rostro los actores teatrales de la Grecia antigua. Es la asunción de un estilo impostado (”El estilo es el hombre”, afirmó Georges-Louis Lecrerc, conde de Buffon), o visto de otro modo: una farsa sostenida en el tiempo. Dicho cambio, como ya he señalado, es apenas una suerte de palimpsesto: esos manuscritos de la antigüedad que conservaban las huellas de un texto anterior, sobre el que se había escrito. Para hacerlo más gráfico: un cambio equiparable al de una goma elástica en el momento de mayor estiramiento. Basta soltar uno de los extremos para que vuelva a recobrar su anterior longitud. Así recobran su estado previo los cambiantes superficiales al modificarse las condiciones que les permiten ilusionarse con una transformación profunda.

Sí, la goma elástica recobra su dimensión original, pero el afectado por una creencia sectaria no siempre logra regresar al aire libre; menos cuando ha permanecido muchos años en la secta. Como con tanto cinismo dijera el doctor Rodríguez Cobos: “la fe es útil”. Eso que él llama fe es equivalente a creencia. La clase de creencia que le permite a cualquiera presentarse ante los demás con su correspondiente rótulo, como esos automóviles con pegatinas: “I love N. York”, “Soy soltero y vividor”. Las creencias presentadas de forma esquemática son las más digeribles, ya que no siempre es cómodo andar por la vida poniendo en tela de juicio las verdades absolutas. Una creencia totalizadora, pergeñada por un ser con “dotes excepcionales”, suele ser reconfortante: tanto como una bolsa de agua caliente a los pies de la cama en las noches de invierno. Cuando dicha creencia llega a conformar la masa de la identidad del creyente y lo representa ante el mundo, confiriéndole la ilusión de que no es nada ni es nadie fuera de los límites de la creencia (la expatriación, las tinieblas exteriores), éste ha alcanzado “la zona de no retorno”. El creyente es engullido por la creencia como un planeta por un agujero negro. Por más que le presenten mil argumentos razonables y un millón de evidencias, negará todo. Salir de la creencia sería como quedarse sin identidad. Esto, para la mentalidad del creyente, es lo más cercano a la muerte.

IDENTIDAD

“Ya sé de qué hablar los lunes. Mi vida quizá no tiene sentido, pero sí tiene estructura. No sé quién soy, pero sí sé qué soy: merengue [seguidor del Real Madrid] como la copa de un pino. Sí señor.” (Declaración del periodista John Hopewell a la revista El País semanal. 4 de noviembre de 2001)

Dichas en serio o con ánimo jocoso. Dichas tal vez un poco en serio y otro poco en broma, estas palabras de John Hopewell constituyen una buena demostración de la mentalidad identitaria ligada al sentido gregario.

“Cuando Nietzche escribe en Ecce homo capítulos titulados ‘Por qué soy tan sabio’, ‘Por qué soy tan inteligente’, ‘Por qué escribo tan buenos libros’, ‘Por qué soy un destino’, poco antes de volverse loco, su exaltación (la de un fan de sí mismo) parece desquiciada. Sin embargo, los autorretratos de los pueblos, de los Estados, de las instituciones, dicen lo mismo y no parecen cosa de locos. Por el contrario, la exaltación del ego colectivo pasa por virtud, digna de la mayor abnegación, sin excluir la ofrenda de la propia vida, ni el sacrificio de vidas ajenas. Como si la abnegación del yo en la afirmación del nosotros fuera siempre admirable. Como si el fanatismo del nosotros fuera menos desquiciado que el fanatismo del yo.” (Nosotros, artículo de Gabriel Zaid. Revista Letras Libres, edición española. Octubre 2001)

Así es, quien se quiera libre afirmará su yo antes que su “nosotros”, pero el identidópata liga con más frecuencia su identidopatía al rebaño de pertenencia que al yo (los Testigos de Jehová, al igual que otras iglesias cristianas, sin el menor pudor llaman rebaño al conjunto de los miembros de su congregación). Por algo hay espíritus mezquinos interesados en equiparar individualismo con egoísmo. Por algo los individualistas son tan denostados por la militancia de causas que dicen querer ayudar a la humanidad. Ellos se refieren a los de su propio rebaño como “los nuestros”; los otros son “el sistema”. Pareciera que hay una predisposición genotípica, o quizás endocrina, de ciertos elementos gregarios contra cualquier sentimiento de individualidad en los otros. Son aquellos que, como compensación de su propia incapacidad, detestan la imaginación y la singularidad ajenas. Son los enemigos de la inteligencia. Estos “militantes” suelen envidiar cualquier manifestación de vitalidad y talante creativo. Tampoco a quienes pastorean la piara les caen en gracia los individualistas, tipos siempre incómodos, sospechosos, y, con frecuencia demasiado inteligentes. No es raro que de entre los más embotados rebaños salgan aquellos que estigmatizan la cultura norteamericana y muestran simpatía por “el buen salvaje” y comprensión por los estados totalitarios. Se trata de la eterna lucha entre el individuo y la masa amorfa y descerebrada. La identidad de los identidópatas no es con exactitud la de la colectividad, sino la del rebaño. Es la ideología del “rebañismo”, como define el escritor chileno-danés Rubén Palma, quien cuando pretendieron atropellarlo con el argumento del “socialismo científico”, respondió jocosamente que prefería la “cumbia científica”.

Y es que tal vez el tema de la identidad sea el de mayor interés desde el punto de vista existencial y en lo concerniente al psiquismo. A excepción de los autistas (y no lo sabemos a ciencia cierta) todo el mundo procura instaurar y fijar esa representación conocida como “identidad”. Una representación ante el mundo y para sí. El sentido de identidad es importante en los primeros años de vida, cuando se establece primariamente en el seno de una familia: el sujeto es antes que nada hijo, en segundo término será hermano, nieto, sobrino, etcétera. La referencia familiar, como posteriormente toda referencia grupal, le será necesaria en la infancia y adolescencia como encuadre vincular, sin el cual se sentiría perdido en un espacio vacío. Por tal razón, la “identidad” individual no parecerá existir por sí misma, sino enganchada (vinculada) a una “entidad” mayor: la clase social, la patria, el club deportivo, el conglomerado de fieles, la empresa en la que trabaja y cualquier otro rebaño en el que participe el sujeto. También la combinación de todos ellos. Esta concepción es de suma importancia: la identidad raras veces se manifiesta de forma aislada, pero sí en relación con entidades que le sirven para darse a conocer. Visto desde un ángulo inverso, podría decirse que tales entidades (naciones, religiones, familias, clubes deportivos, sectas, partidos políticos, etcétera) en gran medida tienen la función de prestar identidad a los individuos que a ellas se vinculan. También la tienen la organización terrorista ETA y la secta de la Cienciología, por poner dos ejemplos. Asimismo la tienen todas las creencias a las cuales los sujetos se adhieren, de ahí que una burla o una crítica a dichas creencias sean interpretadas como agresión personal, lo cual pone en tela de juicio las apariencias de objetividad y desapego con que la gente “civilizada” pretende estar discutiendo sus así llamadas “ideas”. (Para recurrir otra vez a la anécdota: yo critiqué y me burlé del “maestro” Silo y su ideología, y, en respuesta, recibí numerosos mensajes cargados de indignación y agresividad. Mis objetores seguramente pretendían estar defendiendo a Silo y su credo, pero la mitad del discurso estaba destinado a hablar de sí mismos. A referenciarse frente a mí: “el enemigo”. La realidad es que en el fondo sólo querían hablar de sí mismos; Silo era nada más que una excusa).

Así las cosas, esto de la identidad puede muy bien equipararse a la “personalidad” o “máscara”, de la cual me ocupé anteriormente. En sociedades con intensa movilidad de imágenes y formulaciones, hay individuos que suelen cambiar de “fachada”: trasladan su aprecio de una ideología política o seudo religiosa a otra aparentemente opuesta o sólo contigua; cambian su estilo de vestimenta; modifican sus hábitos alimenticios. En verdad no renuncian a la identidad, apenas le dan unos retoques. En sociedades que imponen fuertes pautas referenciales hay muchos menos cambios. La mayoría de los jovencitos judíos religiosos, con cupá en la cabeza y vestidos con abrigos oscuros en pleno verano; con rizos y barba incipiente, son un ejemplo de identidades sin libertad de elección. También lo son las mujeres afganas encarceladas en el interior de la burka. También los miembros de las juventudes comunistas en Corea del Norte.

En última instancia, la exacerbación de la identidad es el principal componente del fascismo, pues el fascismo no es sólo una ideología, también lo es cualquier forma enfática en la defensa del “nosotros”. En este sentido, no es menos fascista el skin neonazi que aporrea con un bate de béisbol, que aquel que se proclama “humanista” y no-violento pero insulta a los críticos y detractores de su tribu y de su jefe. Alguien podría argumentar que tal cosa no es posible, pues el skin y el “humanista” asumen diferentes pertenencias; van detrás de diferentes banderas. A esto respondo que también el integrante de una barra brava de club de fútbol tiene pertenencia diferente al de otra barra brava: River contra Boca; Ultrasur contra Boixos nois. ¿Alguien podría jurar que por seguir distintas banderas son muy diferentes los unos de los otros?

Ya puestos en situación, podría pensarse que, la única credencial identitaria legítima sería la del idiotipo: “la totalidad de los factores hereditarios constituida por los genes del núcleo celular y los llamados genes extranucleares” (del diccionario de la R.A.E.). Pero como los individuos crecen, envejecen y van cambiando las condiciones secundarias, para hablar de “identidad” habría que referirse a la del momento, por cuanto la concentración de azúcar en sangre antes de comer no es la misma que después de hacerlo. Si todo es tan cambiante, y puesto que al decir de Heráclito nadie se baña dos veces en el mismo río, ante cualquier requerimiento sobre mi identidad, antes que con un documento del Estado, quizá debería responder con mi último análisis de sangre y orina.

Es obvio que la anterior definición de identidad pertenece al estado de naturaleza, de modo que lo aceptable sería decir que la identidad de cada quien, en los diferentes momentos, es aquella que se revela por la resultante de sus obras: uno es lo que hace, y no lo que cree o lo que dice que es. Esa sería la única identidad posible para las gentes libres… “Ama la realidad que construyes”, proclamó un “maestrillo sectario” que alguna vez intentó compararse con Jesús. No está mal la frase, pero dicho maestrillo pretendió que sus seguidores vivieran la realidad que a él le parecía más “real”. Volviendo a Jesucristo, habría que recordar su consejo: “Haz lo que dicen, pero no lo que hacen”.

Guerras internas

La militancia en cualquier secta conlleva la intención de un cambio. Se trata de una “conversión”, una “redención” o un “despertar”. Todo lo cual trae consigo un sistema de prácticas: oraciones, ejercicios, ayunos, etcétera. Se trata de una guerra consigo mismo como la Gran Jihad del Islam (la “pequeña Jihad” sería la guerra contra los infieles), concepto tantas veces deformado por los fanáticos. Revisemos la siguiente “experiencia guiada”, referida a la Gran Jihad, previa a la pequeña Jihad; contiene las recomendaciones destinadas a los asesinos suicidas que atentaron contra el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono. Son extractos del documento encontrado en el equipaje sin transportar de Mohamed Atta:

La última noche:

“Recuerda la batalla del profeta contra los infieles, mientras construía el estado islámico”.

“Recuerda que esta noche te enfrentarás a muchos retos. Pero debes enfrentarte a ellos y compadecerlos todos al cien por cien”.

“Obedece a Dios, a su mensajero, y no combatas contra ti mismo hasta debilitarte y soporta el ayuno. Dios permanece junto a aquellos que ayunan”.

“Debes rezar, debes ayunar, debes pedirle a Dios que te guíe, debes pedirle que te ayude. Sigue rezando durante toda la noche. Sigue recitando el Corán”.

“Purifica tu corazón y límpialo de asuntos terrenales. El tiempo de la diversión ha terminado. Llega el momento del juicio. Debes utilizar estas pocas horas para pedir perdón. Debes convencerte de que las pocas horas que te quedan en la vida son realmente muy pocas. Desde ahí empezarás a vivir la vida feliz, el paraíso infinito. Sé optimista. El Profeta siempre fue optimista”.

“Recuerda siempre los versos que desearías para tu muerte, antes de que te encuentres con ella, y así sabrás la recompensa que te espera”.

“Todo el mundo odia la muerte, tiene miedo a la muerte. Pero sólo los creyentes que saben de la vida después de la muerte y la recompensa que les espera, serán los únicos que buscarán morir”.

“Recuerda el verso que dice que si Dios te apoya, nadie podrá derrotarte”.

“Ten la mente abierta, ten el corazón abierto con el que hacer frente. Entrarás en el Paraíso, en la vida más feliz, la vida eterna. Cuando tengas un problema piensa en cómo salir de él. Nunca entrarás en el Paraíso si no has tenido un problema importante. Pero sólo los que se mantienen firmes son los que lo superarán”.

“Repasa todas tus cosas “tu bolsa, tus ropas, cuchillos, tu testamento, tu documento de identidad, tu pasaporte, todos tus papeles”. Repasa tu propia seguridad antes de irte. Asegúrate de que nadie te sigue. Asegúrate de que estás limpio y de que tu ropa está limpia, incluyendo tus zapatos”.

“Por la mañana, trata de rezar con el corazón abierto. No te vayas hasta que no estés purificado por la oración. Continúa rezando”.

Cuando entres en el avión:

“Oh Dios, ábreme todas las puertas. Oh Dios, que respondes a las plegarias y contestas a quien te pregunta, estoy pidiéndote ayuda. Estoy pidiéndote perdón. Estoy pidiéndote que ilumines mi camino. Estoy pidiéndote que levantes el peso que soporto”.

“No hay otro Dios que Dios y yo soy un pecador. Somos de Dios y a Dios volvemos.”

(Extraído del periódico El País. Madrid, 29/9/2001)

Compárese el anterior texto con el que sigue:

Hemos de distinguir entre entrenamiento y “estilo”. El primero se realiza en las reuniones de Cripta. De este modo, los epónimos están urgidos a la formación y puesta en marcha de tales organismos. De otro modo se retrasan en el entrenamiento.

El segundo es de ejecución diaria y llenan la existencia de quienes lo ejercitan. Absorber el estilo significa, desde otro punto de vista, vivir el instante, no dejar que un solo momento de la vida pase por uno como puede pasar el tiempo por los mecanismos u organismos sin conciencia.

Estar en el Estilo es vivir con plena conciencia. Es además crear un Yo permanente y finalmente, es comenzar a despertar en uno al Superhombre dormido.

Quien mantiene el Estilo, está en guerra continua con uno mismo, aun en el sueño.

(De “Entrenamiento y estilo”, Libro Rojo, manual de la secta de Silo, ideado por éste, para el entrenamiento de los primeros grupos en la década de los 60 y principios de los 70 del pasado siglo.)

Hay otras comparaciones que hacer: “Tenemos jóvenes que buscan la muerte tanto como los americanos buscan la vida…”, dice Suleimán Abu Geith, portavoz de Al Qaeda.

“Sé fiel, no sólo fiel a tu mujer. Fiel a tus ideas y a tus principios aunque te cueste la vida”, dice el doctor Rodríguez Cobos en su arenga de Punta de Vacas del año 1968.

Queda muy claro que el terrorismo de Al Qaeda y la secta creada por el doctor Rodríguez Cobos no son de la misma naturaleza ni de similares dimensiones. Sus ideologías morales y sus enfoques teleológicos son también muy distantes, pero aunque el credo de Abu Geith y el de Rodríguez Cobos no parezcan tener mucho que ver el uno con el otro, sí hay un punto de contacto, para nada desdeñable: el absoluto desprecio por la vida ajena, del todo manifiesto en el mensaje del terrorista, y tan sólo un lapsus en el del “maestro” mendocino (por algo fue excluído de versiones posteriores). En lo personal, el doctor Rodríguez, es amante de la buena vida y apegado a un fuerte instinto de autoconservación.

La mirada paterna

Sostienen los entomólogos que el de los coleópteros es el mayor de todos los órdenes de insectos, pues se han registrado más de 250.000 especies. Es probable, sin embargo, que el número de las diferentes sectas supere al de las especies de escarabajos y gorgojos, ya que existen miles de sectas religiosas, ocultistas, políticas y delictivas en todo el planeta. Las hay algunas que incluyen todos estos atributos. Las hay en los países de Oriente y Occidente, pero gran parte de las sectas que pululan en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, suelen vestirse con las galas del “orientalismo”. Es un hecho curioso, por cuanto la civilización china, la nipona y las del sureste asiático, fuera de la genérica impronta budista, tienen entre sí más diferencias que similitudes. Todas ellas difieren más aún del hinduismo. Pero, ciertamente, mucho menos tiene en común un sintoísta japonés con un devoto de una de las ramas islámicas shita o sunita que se practican en Oriente Medio. Mucho más es lo que comparten, en el campo cultural y el de las afinidades, un español, un canadiense, un italiano y un argentino, por poner como ejemplo. Así pues, puede hablarse de una civilización occidental, pero es más difícil definir una supuesta civilización oriental sin asumir dicha entelequia como lo que en realidad es, un tópico y una invención mítica de la cultura occidental. El “orientalismo” es un invento occidental para consumo de occidentales decadentes.

Sean las sectas “orientalistas” o cristianas occidentales; jasídicas, chamánicas, freudianas o teosóficas, un buen número de éstas parten del supuesto de que reciben al neófito en un estado que podríamos llamar “en bruto” y, a lo largo de su iniciación, lo irán refinando. El candidato entra “crudo” para ser cocido a fuego lento o fuego intenso. Es lo que en alquimia se llama “la mortificación de la sustancia” y también “el fuego de rueda”. Hay que transformar al adepto. Éste, por su propio bien, debe asumir “la conversión”, el arrepentimiento: debe cambiar. Para beneficiarse del cambio seguirá a un maestro y se integrará en un grupo de adeptos.

Suelen afirmar en algunas sectas que el individuo no tiene posibilidad de cambiar ni “liberarse” por sí mismo (en varias se habla de “despertar”). Jamás podrá hacerlo sin el auxilio de un maestro y la participación en un grupo. Así lo afirmó en su día Gurdjieff, que cobraba muy buen dinero por su “enseñanza”. Lo afirmó también el doctor Rodríguez Cobos desde el inicio de su aventura sectaria. Ahora bien, pregúntese el lector: ¿qué otra cosa pueden decir los que desean imponer su “magisterio” y engrosar las filas de su secta?, en otras palabras, su propio negocio, sea éste monetario o político. ¿Es imaginable que los “gurús” sostengan que puede prescindirse de ellos? No, es poco imaginable. Pero son, ciertamente, prescindibles. ¡Vaya si lo son! La falacia de que el cambio es posible únicamente formando parte de un grupo y siguiendo a un maestro, no se sostiene. En realidad ocurre lo contrario: los grupos, los maestros, son factores de presión y condicionamiento (”Verás que irás ascendiendo de compresión en compresión”: palabras de un siloísta argentino, acompañadas de carcajadas, en el momento de volverse loco).

Los grupos tarde o temprano devienen en una estructura jerárquica que absorbe y desvía la energía del adepto. Los grupos distraen la atención y el inicial intento de cambiar se convierte en el ansia de ubicarse cómodamente en el rebaño y de ser posible ascender en la escala jerárquica, igual que sucede en todos los sistemas sociales alienantes, se llamen capitalismo o “socialismo real”.

Sí, puede prescindirse de grupos y maestros. Puede prescindirse y es conveniente hacerlo, ya que en verdad, sucede todo lo contrario de lo que afirman: si ya resulta difícil cambiar y liberarse de la inestabilidad del propio yo en la sociedad abierta, mucho más lo será en el cerrado encuadre de un grupo que somete al sujeto a la permanente mirada escrutadora de los demás, y sobre todo a la del “maestro” o “instructor”.

El texto “sagrado” del doctor Rodríguez Cobos para los miembros de su secta, La mirada interna, a mí me sugiere este otro: La mirada paterna. Es de suponer que tal “mirada interna” constituye una indagación dirigida a la insondable y prodigiosa vida mental. En realidad, la única mirada que prevalece en el mundillo de los grupos sectarios es la paterna. La mirada de gurú-patrón sobre el adepto y la de éste hacia el gurú-patrón, en busca de captar esa mirada, en ocasiones benevolente, en otras severa.

“Me salvó la vida. Después de papá y mamá es la persona que más quiero en el mundo”, dice un siloísta con treinta años de rutina. Idolatría, sí, idolatría y dependencia psicológica. He visto cómo esa mirada paterna paralizaba, ponía en marcha o hacía sobreactuar a los devotos de tal “maestro”. He caminado junto a él y sus incondicionales por una ancha vereda, y me puse un poco atrás del grupo para observar cómo, con escaso disimulo, se empujaban unos a otros y se daban codazos para ponerse más cerca de su ídolo. Para estar más al alcance de “la mirada paterna”

La moderna psicología conductual, la economía monetaria y la mecánica cuántica (Schrödinger, Heisenberg y “el principio de incertidumbre”) han explicado que la mirada del observador altera la conducta del objeto observado. En física de las partículas sub atómicas ocurre cuando son bombardeadas por los electrones de un microscopio electrónico. En economía, cuando cambia la valoración de la gente acerca de una determinada moneda. En la vida social, cuando el individuo no actúa con naturalidad y, en cambio, está pendiente del juicio ajeno: el sujeto deja de observarse “en sí” para interpretarse en función de los otros. Dicha alienación lo conducirá en sentido opuesto a un verdadero conocimiento “de sí”. Si de verdad existe alguna posibilidad de avanzar en el propio conocimiento y la propia liberación de los condicionamientos alienantes, tal logro sólo podrá darse en la indagación solitaria y libre de presiones grupales, paternalismos, expectativas y ansiedades.

PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE

El Principio de Incertidumbre, de Heisenberg, se enuncia del siguiente modo: es imposible conocer simultáneamente y con exactitud la posición y el momento lineal de una sola partícula. Debido a que un objeto cuántico no puede ser observado sin que éste cambie, no es posible medir ciertas cosas simultáneamente: en el mundo cuántico no se puede observar nada sin afectarlo.

Al lanzar una moneda no puede predecirse si saldrá cara o cruz, pero si se lanzan varias al mismo tiempo, o una repetidamente, se obtendrá con aproximación la mitad cara y la mitad cruz. Se dice entonces que la frecuencia con que asoma un resultado es cercano a 1/2, y puede verificarse que es tanto más cercano a 1/2 cuanto mayor sea el número de lanzamientos que se han llevado a cabo.

Si la cantidad de lanzamientos fuera infinita, veríamos que la probabilidad de obtener un resultado (cara o cruz) es 1/2. En la vida normal es usual la equiparación de los términos frecuencia y probabilidad, incluso cuando el número de experiencias sea exiguo, y hasta con una única experiencia. Pero la conducta de una partícula, en el dominio cuántico, es substancialmente aleatoria. No obstante, es predecible el comportamiento medio de un número muy grande de partículas idénticas.

El Principio de Incertidumbre sostiene que es imposible conocer simultáneamente y con exactitud la posición y el momento lineal de una sola partícula. Un objeto cuántico no puede ser observado sin que éste cambie.

Lo anterior, que es válido en el campo de las partículas sub-atómicas, no lo es, obviamente, en el así llamado “macrocosmos”. La observación a simple vista, o con telescopio, de un cuerpo celeste (pongamos la Luna), y la opinión que se tenga sobre el mismo, no hace mella en dicho objeto, claro que no. Por otro lado, la observación y la opinión generalizada que tenga el público acerca de un valor monetario, es capaz de incrementar o reducir su cotización. El poder de la mirada del observador sobre el objeto observado, constatable en la mecánica cuántica y en la economía de mercado, rige también para el mundo psíquico: cualquier individuo que se sienta observado, y juzgado en consecuencia, alterará su conducta en procura de orientar el juicio en algún sentido ajeno a su comportamiento natural. De tal modo, todo supuesto “trabajo interno” en equipo, estará condicionado por dicho fenómeno. Igual que en el mundo cuántico, también en el psíquico “no se puede observar nada sin afectarlo”.

La enseñanza del despertar y el trabajo interno

Volveré a recrear la experiencia sectaria que mejor conozco, por haber participado en su organización; por haber ensayado sus propuestas y prácticas, y por el conocimiento que tengo de los resultados de éstas y del sujeto que las puso en circulación. Me refiero a las de la secta del doctor Rodríguez Cobos. Pero antes expondré resumidamente la fuente principal en la que se basó el mencionado doctor en los inicios de su estrambótica andadura: esta es, la enseñanza del georgiano George Ivanovitch Gurdjieff, cuyos seguidores lo consideraron un filósofo, un maestro y un “gran despierto”. Lamentablemente, el accidente que acortó su vida terrenal, sufrido por este “maestro” en 1924, cuando conducía su vehículo por una carretera de Francia, acaeció por haberse quedado dormido.

Es significativo este hecho, más que nada porque Gurdjieff se preciaba de ser un hombre superior; un hombre número 7, en posesión de la conciencia objetiva, de acuerdo con la estrafalaria agrimensura de la psiquis que él mismo había establecido. Según dicha prospección, cuasi espeleológica, los seres humanos se dividían en “mecánicos”, “concientes”, y “supraconcientes”. Los “hombres mecánicos”, también llamados “hombres ordinarios”, eran los números 1, 2 y 3, y todos ellos vivían en estado de semi-sueño; seguidamente venía el hombre número 4. El hombre número 4 era aquel que había tomado conciencia de su mecanicidad y quería despertar; era el que ingresaba a una “Escuela” (dicha “Escuela” no podía ser otra que la del señor Gurdjieff). A fuerza de trabajar sobre sí mismo, de sobre-esfuerzos vegetativos, motrices, emotivos e intelectuales, y de pagarle a su “maestro”, el hombre número 4 tal vez arribaría al nivel 5, el de aquellos que tenían “conciencia de sí”. Faltaban dos pisos todavía para llegar al penthouse: el número 7, aquel que ya ostenta el grado de “supraconciente” y jamás lo podrá perder. El hombre número 7, el de la conciencia objetiva, según decía Gurdjieff, sería inmortal dentro de los límites del sistema solar. El hombre número 7 gozaba del estado de “despierto” y no actuaba bajo los designios de la “ley del accidente” contrariamente a los números 1, 2, 3, 4 y hasta el 5. Como ya he señalado, el accidente de Gurdjieff tuvo lugar por haberse quedado dormido.*

*Existe abundante bibliografía sobre Gurdjieff, sus ideas y enseñanzas. También hay unos cuantos libros escritos por él mismo. Todos ellos poseen abundancia de información y pintoresquismo. No así calidad literaria; menos aún rigor intelectual. De humor, ¡ni hablemos! Claro que no se puede pretender todo al mismo tiempo.
Algunos libros sobre Gurdjieff y su enseñanza: Psicología de la posible evolución del hombre P. D. Ouspensky (Hachette, Buenos Aires); Fragmentos de una enseñanza desconocida P. D. Ouspensky (Hachette, Buenos Aires); Comentarios psicológicos sobre las enseñanzas de Gurdjieff y Ouspensky Dr. Maurice Nicoll (Kier, Buenos Aires); Nuestra vida con el Sr. Gurdjieff T. De Hartmann (Hachette, Buenos Aires); Idiotas en Paris J.G. & E. Bennett (Thassàlia, Barcelona)
Libros escritos por Gurdjieff: Relatos de Belcebú a su nieto (Hachette, Buenos Aires); Perspectivas desde el mundo real (Hachette, Buenos Aires); Encuentros con hombres notables (Hachette, Buenos Aires).

Además de estos esquemas hay muchos otros, como que existen en el ser humano un centro vegetativo, otro motriz, otro emotivo, otro intelectual, y por último, un centro denominado intelectual superior, el cual sólo es activado por aquellos que han alcanzado la conciencia objetiva y la consiguiente inmortalidad dentro de los límites del Sistema Solar. Aquellos que han llegado a tan envidiable nivel, ya no estarían sometidos a la ley del accidente, como la humanidad ordinaria, pues serían capaces de conducir sus propias vidas: tendrían destino. Todo lo relativo a los centros, niveles de conciencia, y demás nociones de la enseñanza de Gurdjieff, está profusamente explicado con abundancia de gráficos. Todo muy esquemático y escolar, por algo se trata de una “escuela”.

Todo este peripatético delirio, incluyendo la teoría de que la luna chupaba energía humana, fue adoptado por el doctor Rodríguez Cobos y empleado a fondo en la primera década de su empresa sectaria. Actualmente, en la secta que él montó no se habla de Gurdjieff (hace muchos años que se dejó de lado al gurú georgiano), sus miembros tampoco consideran estar en una “escuela”, como era en los primeros tiempos del siloísmo. En la actualidad, la secta de Rodríguez Cobos emplea la pantalla de un partido político al que denominó “Humanista”, como si todos los otros partidos fuesen ajenos a los intereses y aspiraciones de la humanidad. A lo largo de la trayectoria de la secta, Rodríguez Cobos fue sacando de la manga espejuelos de muy diversas formas y colores. Fue reemplazando a unos por otros y, simultáneamente, fue cambiando las diferentes pantallas. Incluso se editan revistas de tosca factura, cuyo único objeto es invitar a ejercer el periodismo a los jóvenes: una vez establecido el contacto se les habla del Partido Humanista (ver http://www.humanoidex.com/javier.html ). Para entender esta metódica tramposa quizá sea necesario conocer las técnicas de venta que ciertos mercachifles callejeros utilizan en las ciudades de Sudamérica. Se trata de los vendedores de “la víbora”, cuya estrategia mercantil se basa en captar la atención del público con un elemento llamativo, el cual nada tiene que ver con lo que después ofrecerá en venta. El mercachifle callejero deposita en la vereda una culebra vistosa e inofensiva y se pone a gritar “¡No me pisen la víbora! ¡Por favor, no me pisen la víbora!” Obviamente, los viandantes se sienten atraídos por tan exótico reclamo, de modo que hacen una ronda en torno a la culebra y el vendedor. Cuando éste considera que ya ha nucleado suficiente público, guarda al reptil en su canasta y saca su verdadera mercancía, tal vez un juego de peines y cepillos para el pelo, acaso un milagroso quitamanchas.

En el caso del mercachifle político-espiritual Rodríguez Cobos, entre los señuelos que mostró y volvió a esconder para reemplazarlos por otros, estuvo la existencia del “doble” (algo así como “el cuerpo astral” que puso de moda Lobsang Rampa), la esperanza de la inmortalidad, la promesa de alcanzar la condición de superhombres, la ilusión de los superpoderes, los cursos de relajación, los cursos de autoconocimiento, la imposición de manos, la alquimia, la astrología, la meditación trascendental, la filosofía fenomenológica, etcétera. Entre la iconografía hubo cruces esvásticas, la serpiente de ourobouros, mandalas, círculos y triángulos, y en los últimos tiempos, la cinta de Moebius.

IMPOSICIÓN DE MANOS

La moda de imponer las manos, abarcando con las palmas la cabeza del “imponible”, y en ocasiones pronunciando la frase: “para ti la fuerza, para ti la vida”, la inició Rodríguez Cobos alrededor de 1972, por la misma época que daba a conocer su texto La mirada interna y ponía en circulación la teoría del doble, o energía desdoblada: una suerte de “fantasma” personal que, en base al trabajo interno que le daría coherencia, supuestamente podría independizarse del cuerpo después de la muerte. Para dar prestigio intelectual a dicho “fantasma”, le confirió el título de “campo estructurador de forma”, ya que “aura” a secas parecía poco serio. Hacía por lo menos una década que aparecían los libros de Lobsang Rampa que daban cuenta del cuerpo astral y demás fantasías. Por aquellos años el doctor R. Cobos trajo a colación los experimentos realizados con la célebre cámara de Kirlian, pergeñada por el matrimonio ruso que así se apellidaba. Dicho aparato, que actualmente se vende en el mercado de la magia por el módico precio de 60.000 pesetas (http://www.arrakis.es/~layuli/kirlian.htm) junto con biblias e instrumentos idóneos para cazar fantasmas, estuvo muy de moda entre los círculos esotéricos y espiritistas. Poco después se estrenó la divertida película Los cazafantasmas. Sin embargo, hoy se sabe que el tan mentado “aura” corporal que aparentemente fotografía la camara Kirlian, tiene más relación con el calor que irradian los seres vivos que con cualquier otra cosa (infrarrojos: la radiación del espectro luminoso que se encuentra más allá del rojo visible y posee mayor longitud de onda).

En cuanto a las imposiciones de manos, últimamente relacionada con el Reiki, no deja de tener cierto efecto placebo cuando quien impone y quien es impuesto creen en la escena que representan. Sin tanto ceremonial, se sabe que también suele ser muy curativo el acto de acariciar animales, sobre todo perros y gatos, cuando el acariciador siente afecto por ese ser vivo. Más todavía cuando dicho afecto es correspondido. Al respecto, hace tiempo que los médicos geriatras no desconocen que los ancianos que tienen un animal de compañía viven más y más sanos que aquellos que se encuentran solos.

De todos estos contactos entre seres vivos, nada mejor que el de acariciar y recibir caricias de un semejante al que amamos. Nada mejor salvo la misma cópula con el ser amado. En tal sentido, lo que vulgarmente se denomina “un buen polvo”, supera con creces los reikis y las imposiciones de manos. Claro está que los pobres que juegan a la imposición de manos las más de las veces no tienen a su alcance “un buen polvo” con una persona de verdad amada. Es lástima. Pues entonces… ¡A comprarse un lindo perro!

Antes de meterse a imponer manos, antes de inventar el Partido Humanista y de hacer uso de la cinta de Moebius, el tal doctor Rodríguez Cobos empezó su montaje sectario con el apodo de “Silo”, que todavía conserva. Sus discípulos más cercanos, le dicen “Negro”, que es un mote popular en Argentina, pero en los últimos tiempos él se da a conocer como doctor Rodríguez Cobos. Así que yo recurro a dicho título la mayor parte de las veces que me refiero a él, y si no dejo de llamarlo “doctor” es porque de verdad ostenta ese título, que le fue concedido honoris causa por una Universidad rusa. En los primeros tiempos de su secta dicho doctor despreciaba los títulos académicos, quizá porque entonces no tenía ninguno, pero ahora que es doctor, no pierde ocasión de hacerlo notar. Doctor, sí doctor, como el doctor Caligari, aquel que tenía un gabinete; el doctor Frankenstein, el mismo que creó un simpático monstruo (¿habrá creado un monstruo el doctor Silo? , ¿será dicho monstruo la secta que él comanda?); el doctor Jekyll, que se convertía en mr. Hyde, y el Sr. Doctor, tal el título de la película de Mario Moreno, cantinflas, rodada en 1965. Alguien podría argüir que los doctores anteriormente citados son todos de ficción… ¿Qué clase de doctor es el doctor Rodríguez Cobos, que eligió como emblema de su partido político a la cinta de Moebius e hizo a un lado círculos, triángulos, serpientes y esvásticas?

Con respecto a la utilización de la cinta de Moebius, cabe hacer algunas consideraciones. Para quien no esté al tanto, conviene aclarar que la banda creada por August Ferdinand Möebius en 1927, representa un perfecto modelo de geometría no euclidiana, sobre todo en su aspecto paradójico. Se trata de una superficie de una sola cara que se puede confeccionar experimentalmente con una tira rectangular de papel, uniendo sus lados después de haberle dado media vuelta. Este modelo presenta características notables, ya que si se traza una línea por su centro, el resultado es una raya continua por ambas caras, y si se corta la cinta a lo largo de dicha raya, el resultado no será de dos cintas entrelazadas, sino una sola con tamaño duplicado. Al repetir el experimento, tendremos como resultante dos cintas entrelazadas, proceso que se puede repetir indefinidamente, obteniendo como producto un mayor número de anillos.

Lo importante de esta figura es que representa una total paradoja y un desafío a la imaginación. Es, en lo geométrico, el equivalente a esa paradoja consistente en escribir sobre una de las caras de una tarjeta en blanco: “el aserto del reverso es verdadero”, en tanto que en el reverso se escribe: “el aserto del reverso es falso”. Así, quien tenga en sus manos dicha tarjeta, probablemente dará vuelta a la misma una vez y otra, casi hasta alcanzar el sueño del movimiento continuo. Dará muchas vueltas tratando de resolver una paradoja que no se deja abordar por la lógica convencional.

Otra paradoja interesante es la de Groucho Marx, quien pregona que jamás podría hacerse socio de un club en el que lo admiten a él.

Este largo rodeo viene a cuento para mostrar que no es extraño que el humor sea tan cercano al espíritu de la paradoja y tan ajeno al lenguaje esquemático de las sectas. Yo participé en la secta de Silo durante diecisiete años, organicé grupos, escribí folletos y libros sectarios, y no sé si ese pasado candor me absuelve o me condena, sólo quiero decir que nunca encontré en ese ámbito fanático un verdadero sentido del humor: sólo esquemas y un lenguaje cuadriculado. En lugar del espíritu del humor, que se pone en marcha cuando alguien empieza riéndose de sí mismo, y luego sigue riéndose con los amigos, había sí mucho sarcasmo agresivo de los unos contra los otros y del doctor R. Cobos contra sus propios secuaces. Cuando me alejé de la secta, y después de unos años expresé mi opinión crítica, recibí a cambio insultos e indignación. Lo cierto es que ellos dicen estar constantemente indignados con todo el mundo. Nunca encontré en tales respuestas otra cosa que oleadas de odio militante, ni una pizca de humor, nada de una posición distante y autocrítica, como la que cabe esperar de aquellos que pretenden vivir en perpetua vigilia y altos niveles de conciencia. Las respuestas respondían a los mismos esquemas que utilizan en su propaganda para captar conciencias angustiadas (captar, vocablo relacionado con captura; captar: obtener cautivos). Por supuesto, no había en tales respuestas el menor atisbo de inteligencia paradójica. La única paradoja está en que ahora quieran identificarse mediante la utilización de la cinta de Moebius.

Igual que en la doctrina de Gurdjieff, en los primeros tiempos la “escuela” siloísta recurrió hasta el hartazgo al lenguaje del “despertar”. El esquema de los niveles de conciencia: sueño profundo, semi-sueño, vigilia ordinaria, conciencia de sí, y, por último, conciencia objetiva, fue utilizado a discreción. Era una época en la cual estaba en auge la consigna de “despertar”, de la cual echaban mano sobre todo grupos de influencia nazi, como la Guardia Restauradora Nacionalista, en Argentina (”¡Despierta Argentina!”, era su lema), y en otras partes la secta denominada Nación Aria, las que igualmente coqueteaban con el ideal del súper hombre y recurrían alternativamente a los esquemas de Gurdjieff, Madame Blavatsky, la antroposofía de Rudolf Steiner, y la narración inconclusa El monte análogo, de René Daumal.

La actividad destinada a captar adeptos era absorbente e incesante. Continua siéndolo. Los miembros activos se desviven por conseguir gente que participe en sus grupos a fin de poder ascender en el escalafón jerárquico de la secta. En el siloísmo siempre se consideró de vital importancia el crecimiento cuantitativo. “Los números”, como suelen decir ellos mismos. Es sabido que una ideología o doctrina no es más o menos valedera por la mucha o poca cantidad de sus seguidores, pero en el Siloísmo no parecen pensar así. Sin embargo, “los números” que declaran son tan virtuales como los cambios internos que fingen experimentar los siloistas: como los integrantes deben aportar cierto dinero a las campañas financieras del “movimiento”, los que tienen grupos inflan los números y pagan de su bolsillo las cuotas de sus fantasmagóricos integrantes. Todo sea por ser promocionados. Everal Rimbald lo explica muy bien:

“Lo más importante era alcanzar un determinado número de miembros participantes activos en el interior de la organización. El resultado fue triste: no se llegó ni a la mitad, incluso haciendo uso de un recurso que nunca pasó de moda entre la mayor parte de los miembros del movimiento: inflar los números, o sea, si usted es miembro, puede contar también a su padre, madre, esposa, hijos, abuelos por ambos lados, el gato, el perro, el/la amante y su familia. Tuvimos oportunidad de conversar con personas que vivían a cientos de kilómetros de los centros de actividad, quienes entraban en este censo final, ya que hablaban con alguien de los antiguos círculos con cierta frecuencia, telefónicamente, por cinco minutos cada tres meses”.

La propaganda y el lenguaje siloísta es ciertamente esquemático y cuadriculado, y cuando el doctor R. Cobos pretende parecer intelectualmente sutil, cualquier espíritu avisado detecta muy pronto las intenciones captativas del sujeto. Incluso cuando R. Cobos pretende ponerse “trascendental” y, a imitación del gurú Maharishi, le da por disertar sobre “Meditación Trascendental”. Asistí a sus conferencias sobre el tema. Vale la pena transcribir una de sus respuestas antes de hacer los pertinentes comentarios.

Pregunta [de un asistente]: “… dicen que algunas drogas […] posibilitan rozar estados similares a los que podríamos imaginar como propios de la conciencia objetiva, o que aparecen al menos claramente diferenciados de los crepusculares. ¿Puede ser cierto esto en alguna medida? […] considerando paralelamente que de hecho alteran la estructura de la conciencia, ¿sería legítimo inferir que bajo condiciones especiales resultarían útiles al proceso de evolución consciente?”

Respuesta [de R. Cobos]: “…nosotros reconocemos la diferencia entre lo crepuscular y lo consciente, o más allá de lo consciente, precisamente en eso mismo que pone la palabra “conciencia”. Tengo conocimiento y cons-ciencia de lo que a mí me sucede y puedo controlarlo, o a mí me sucede no sé qué cosa y no lo puedo controlar. Cuando rozo, por alguna de esas causas que hemos enunciado, esos fenómenos de tipo paranormal […] debo preguntarme si ellos entran dentro del ámbito de mi conciencia, si yo los gobierno, si yo los entiendo, o si a mí me pasan. Si a mí me suceden y yo no tengo control alguno sobre ellos, digo que esos fenómenos tienden al campo de lo crepuscular. Si por el contrario yo los manejo, los desarrollo, los oriento, los controlo, digo que pertenecen al ámbito de mi conciencia y por encima de mi conciencia [en la transcripción impresa dice indistintamente consciencia y conciencia]. Simplemente en eso establezco diferencias.

” […] Les digo […] que el problema mayor de este asunto radica en la facilidad que hay para ponerse en contacto con cierto tipo de fenómenos. Con la droga o la autohipnosis es tan módico llegar a ellos, cuesta tan poco trabajo, que me parece advertir por esa vía mayor facilidad que por la vía ascendente por así decir. Si tuvieran que elegir, cien personas normales preocupadas por ampliar su conciencia, entre estas historias de meditación o cosas por el estilo y una pildorita, imaginan ustedes que a favor de nuestros planteos no ganaríamos más del 10 %. No hay duda en la elección. Pero esa mayoría, ¿lograría el manejo y evolución de la conciencia o quedaría estancada en chisporroteos a merced del fenómeno? […] ese tipo de experiencia, aparte del hábito físico que puede provocar, habitúa sicológicamente por los beneficios que se reciben frente al escaso esfuerzo que se hace. De ese modo, se desvincula el sujeto de toda otra posibilidad. ¿Qué trabajo se va a tomar en otra búsqueda si ya tiene todo esto a mano? Por esa vía se limita, aunque haya contacto […]

Es difícil adivinar a que se refiere el doctor R. Cobos cuando habla de estados que van “más allá de lo conciente”. Es difícil adivinarlo, y más difícil aún es saber cómo puede percibirse con la conciencia un estado que está “más allá de lo conciente”. ¿Y si no se percibe con la conciencia, de que clase de fantasmagorías se está hablando? Otra parte del discurso cobosiano que destaca muy pronto es la pretensión de controlar la conciencia. En el ideologema siloico-cobosiano, igual que en 1984 de Orwell, siempre se halla presente la voluntad de “controlar”. Es paradójico y contradictorio que se hable al mismo tiempo de relajación y control, conductas tan contrarias la una de la otra. Pero el punto en que con mayor fuerza se revela la contradicción siloica-cobosiana es aquel en que el doctor Rodríguez Cobos, refiriéndose a los fenómenos de conciencia dice: “Si a mí me suceden y yo no tengo control alguno sobre ellos, digo que esos fenómenos tienden al campo de lo crepuscular. Si por el contrario yo los manejo, los desarrollo, los oriento, los controlo, digo que pertenecen al ámbito de mi conciencia y por encima de mi conciencia”. Y la contradicción que revelan estos párrafos surge de la metódica siloica-cobosiana, consistente, entre otras prácticas, en infundir a los adeptos “paquetes” de valores y códigos morales y de conducta cotidiana, lo cual se lleva a cabo mediante lecturas y cintas grabadas cuyo contenido, llamado “experiencias guiadas”, desarrolla un discurso adoctrinador, para lo cual se trata de poner a los practicantes en estado de relax profundo.

Si acaso es cierto que ciertas drogas producen “chisporroteos” en los que queda estancada la conciencia, no menos prisionera quedará ésta al subordinarse a otra voluntad que le transfiera un código de valores.

Determinados sistemas de “meditación”, o de invocación a elevados poderes, tan practicados en sectas como la Asociación Hare Krisna, las iglesias cristianas, las congregaciones judías y tantas otras devociones establecidas, consistentes en recitar mantras, vocalizar cánticos, musitar oraciones y entonar alabanzas (sobre todo si al mismo tiempo se pasan las cuentas de un rosario), no son otra cosa que procedimientos hipnóticos cuyo fin es grabar en la mente del adepto el código de fidelidad a la secta. Un “mantra”, palabra que proviene de los vocablos en sánscrito man: “mente” y tra: “liberar”, pretende tener la función de, justamente, liberar la mente de ansiedades y preconceptos. Pero es curioso que se pretenda barrer de la mente unos contenidos para embutir en la sesera del adepto contenidos nuevos. Según la doctrina de la Asociación Hare Krisna, ni siquiera es necesario entender qué se dice para que un mantra cumpla su función. Según ellos, el simple sonido del cántico ya logra modificar al practicante. Así, el famoso mantra cuya letra dice: om namoh bhagavate vasudevaya krishnas tu bhagavan svayam om namoh narayanah, cuando es repetido numerosas veces a lo largo del día, de la semana y de los meses, tiene por la sola fuerza de su sonido, el poder de “liberar” la mente del adepto. Si suplantamos el verbo “liberar” por “condicionar”, es casi seguro que los de Hare Krisna tienen mucha razón.

No es imprescindible acudir a la metódica de los Hare Krisna para reconocer el efecto subyugador de tales métodos. La publicidad comercial, que con tanta vitalidad se afana en el occidente capitalista, ya lleva casi un siglo utilizando jingles, primero radiofónicos y después también televisivos. En todos los países de libre mercado, sin excluir los orientales, como Japón, Indonesia, Malaisia y también India, resuenan en los correspondientes idiomas las alabanzas a la “chispa de la vida” y todo lo que aplaca la sed. En todos los países capitalistas la radio y la televisión repiten muchas veces a lo largo del día el mantra que aconseja comprar un automóvil mejor que el del vecino, un perfume que seduce al otro sexo y un yogurt que afina la silueta.

El discurso de los mantras no tiene porque ser racional. Es más, conviene que no lo sea, como este otro, también de los Hare Krisna:

Om ajñana-timirandhasya jñanañjana-salakaya caksur unmilitam yena tasmai sri-gurave namah

“Nací en la más oscura ignorancia, y mi maestro espiritual me abrió los ojos con la antorcha del conocimiento. A él le ofrezco mis respetuosas reverencias.”

Nama om visnu-padaya krsna-presthaya bhu-tale srimate bhaktivedanta-svamin iti namine

“Ofrezco mis respetuosas reverencias a Su Divina Gracia A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada, quien es muy querido por el Señor Krisna debido a que ha tomado refugio a Sus pies de loto.”

he krisna karuna sindho dina-bandho jagat-pate gopesa gopika-kanta radha-kanta namo ’stu te

“¡Oh mi querido Krisna, océano de misericordia! Eres el amigo de los afligidos, el Señor de la creación, el amo de los pastores de vacas y el amante de las gopis especialmente de Srimati Radharani. Te ofrezco mis respetuosas reverencias.”

tapta-kañcana-gaurangi sri radhe vrindavanesvari vrisabhanu-sute devi pranamami hari-priye

“Ofrezco mis respetos a Srimati Radharani, cuya tez es como el oro fundido y quien es la Reina de Vrndavana. Ella es la hija del rey Vrisabhanu y es muy querida por el Señor Krisna.”

Vancha-kalpa-tarubhyas ca kripa -sindhubhya eva ca patitanam pavanebhyo vaisnavebhyo namo namah.

“Ofrezco mis respetuosas reverencias a todos los devotos vaisnavas del Señor, quienes son como árboles de deseos, capaces de satisfacer los deseos de todos y que están llenos de compasión por las almas caídas.”

(jaya) Sri-krisna-caitanya prabhu-nityananda Sri-advaita gadadhara Srivasadi-gaura-bhakta-vrinda

“Sri Caitanya Mahaprabhu está siempre acompañado por Su expansión plenaria (Sri Nityananda Prabhu), Su encarnación (Sri Advaita Prabhu), Su potencia interna (Sri Gadadhara Prabhu) y Su potencia marginal (Srivasa Prabhu). Él está en medio de Ellos como la Suprema Personalidad de Dios.”

Hare Krisna Hare Krisna Krisna Krisna Hare Hare Hare Rama Hare Rama Rama Rama Hare Hare

En la secta del doctor Rodríguez Cobos no se cantan mantras orientales, pero se invoca a una suerte de guía “el “Guía Interno”" con atributos de “bondad, sabiduría y fuerza” y se infunde un discurso llamado “guía del camino interno”, que a la postre no difiere demasiado de esas ilustraciones católicas en las que se representa un camino que conduce al infierno y otro que lleva al paraíso. En el “camino interno” siloico-cobosiano la dirección correcta, para no caer en la confusión y la oscuridad, coincide con las directivas morales del jefe de la secta. Así, los adeptos que permanecen, se consuelan de su dependencia psicológica imaginando que los desertores, críticos y “contras” acabarán en la locura y la confusión mental.

Cuando el doctor Rodríguez aduce que las drogas tienden al campo de lo crepuscular, por el hecho de que el consumidor no controla el fenómeno, ni los maneja, ni los orienta, oculta que la inducción propagandística etiquetada como “experiencias guiadas”, “trabajos con la fuerza”, sesiones catárticas y también las que se conocen como “transferencias”, todas prácticas de las que él dotó a su secta, son tanto o más condicionantes y esclavizantes de lo que podrían llegar a ser muchas de esas drogas, y esto sin tomar en consideración la posibilidad de que ciertos alucinógenos consigan provocar en algunos individuos experiencias que funcionen como disparadores de búsquedas llevadas a cabo con mayor libertad y ausencia de control externo.

Porque si de verdad existiese alguna posibilidad de cambio en la forma mental del ser humano. Si fuera real que la meditación y el así llamado “trabajo interno” permiten ascender en los niveles de conciencia, ello solo sería factible a través de un trabajo no condicionado ni influido por contenidos ajenos a quien realiza la búsqueda. Esto es así porque el individuo debe advertir que tiene en su interior un universo que él sólo puede y debe descubrir. Cualquier invasión de objetos mentales externos al operador tan sólo tendrá el propósito de esclavizarlo a un nuevo sistema condicionante. En tal sentido, habrá que reconocer que ciertas sustancias psicoactivas al menos no vienen con discurso incorporado.

Otro factor importante a favor del “trabajo interno” desligado de cualquier organización, secta, religión o partido, es el hecho de que dicho “trabajo” no está sujeto a ritmos impuestos desde afuera. No hay voluntarismo fascistoide ni forzamiento alguno de la voluntad, y en todo caso el experimentador más que “trabajar” puede decirse que “juega”. Todo intento de cambio interior sólo podría llegar a ser efectivo cuando el operador siente que juega con total libertad. Cambio interior y “trabajo” son términos que se contradicen. El trabajo, al que están condenados los hijos de Adán, que deben ganar su pan con el sudor de la frente, siempre ha sido un factor de esclavitud y una expiación de la culpa. Sólo el juego es liberador.

La experiencia totalizadora

Cuando en páginas anteriores tocaba el tema de la IDENTIDAD, obvié profundizar en un aspecto relacionado con ésta, y que resulta fundamental, el de la ENTIDAD. La “identidad”, identitas, -atis, en relación con la “entidad”, entitas, -tatis, lo que, supuestamente, constituye la esencia o sustancia de una cosa. El ENTE, el SER.

Según postula el poeta y crítico de arte Raúl Santana, la cristiandad conquistó el Imperio Romano por su desprecio a las cosas mundanas. El emperador, dueño de ejércitos, reinos, territorios y esclavos, todos entes susceptibles de ser poseídos, se encontró frente a un puñado de indigentes, esclavos y ciudadanos de segunda categoría, que no respetaban ni ambicionaban dichos entes. Estos cristianos seguían las palabras de su Maestro: “Mi reino no es de este mundo”. De golpe el emperador se encontró con una doctrina que no tenía aprecio por sus entes, una doctrina que les quitaba todo valor, como se lo quitaba a todos los objetos materiales. Una doctrina que solo valoraba lo celestial, aquello que no era de este mundo.

Ahora bien, si la teoría de Santana fuese cierta, ésta avalaría la idea de que toda identidad está ligada a la estructura de entidades, de entes, que la conforma. Aun cuando la teoría de Santana sea discutible (yo no la comparto en su totalidad), no se discute que el emperador se define como tal por los entes de que dispone y le son reconocidos como de su pertenencia: sus ejércitos, sus reinos, sus territorios, sus esclavos, y demás. Ésa, y no otra, era la identidad del emperador en cuanto emperador. Viene ahora a mi memoria el día en que la directiva de una compañía de aviación me presentó a un embajador. “Mucho gusto; embajador de Costa Rica”, me dijo el hombre, y sólo después de esto me dio su nombre y apellido.

Anécdotas aparte, lo cierto es que lo que llamamos “yo” no es otra cosa que una intricada red compuesta por incontables “mís”: Mi padre, mi madre, mis hermanos, mis parientes, mi casa, mi barrio, mi patria, mi escuela, mi trabajo, mi ropa, mis libros, mi coche, mis preferencias, mis rechazos, mis afectos, mis ideas, mis gustos, mis amores, mis odios, mis tristezas, mis alegrías, mi cuerpo, mi nacimiento, mi vida, mi muerte… Todos estos “mís” son objetos mentales, y cuando uno de ellos sale de mi existencia, como objeto físico, persiste como objeto mental. He perdido a mi madre y a mi padre, pero ellos están en mi memoria, aparecen en mis sueños, los evoco a lo largo del día, los menciono en mis conversaciones. Ellos perduran como objetos mentales y conforman una parte de mi identidad.

Hay otros entes cuya presencia permanece, son aquellos por los que me identifican los demás: “Ah, sí, es el tipo que tiene una moto”; “Es el que está casado con…”; “Es el que escribió el libro aquel…”; “Sí, es uno que estuvo en una secta…”

Si perdiera la totalidad de los entes que me conforman, perdería la ilusión de identidad. Perdería la ilusión del yo. Pero dichos entes no sólo son materiales. Están aquellos otros que llamo “mentales”.

Mi diferencia de criterio con Raúl Santana se basa en que yo no considero “entes” sólo a los objetos de consistencia material: tierras, esclavos, ejércitos… También son entes, formadores de la ilusión de identidad, los objetos mentales; esos objetos que operan en mi consciencia y no pueden ser detectados desde el exterior: mi punto de vista sobre mi propio pasado, mi imagen del futuro, los sentimientos por los demás… Ahora bien, si estos objetos son mentales, y no materiales, como en cambio sí lo son mi moto, mis amigos y mis parientes, también estos son objetos mentales. Yo pienso a mi moto, la recordaré por un tiempo si me es robada, tengo alguna clase de sentimiento por ella.

En realidad, todos los objetos, todos los entes, son a la postre mentales. Si no lo fueran no les daríamos valor. Así pues, cuando alguien supone que después de la desorganización de la materia orgánica sostenedora de su “identidad” (esa ilusión conocida como “muerte”), su alma irá a parar a un reino que no es de este mundo, dicho reino es también un objeto de su consciencia: un objeto mental que configura su ilusión de identidad.

Los reinos ajenos a este mundo también son entes. Suelen ser los entes preferidos de aquellos a quienes les cuesta acceder a los más apetitosos entes de ESTE mundo.

Pues bien, cuando alguien pierde un ente parece que pierde una parte de su identidad. Puede ocurrir con un ser querido o con el desengaño por un ideal o creencia enraizada. Claro que la ilusión del yo es muy vital y ella es la que presta dinámica a la vida y al psiquismo, de modo que ante la pérdida de cualquier ente el individuo procura reemplazarlo cuanto antes. Mientras ello no sucede, y sobre todo si el ente perdido es un ente muy apreciado, el individuo experimenta un estado de carencia. Cierto desequilibrio interior que es conocido como angustia.

Así, la pérdida de entes y la aparición de otros nuevos, van modificando lo que damos en llamar identidad. No es raro el temor de perder todo, y, en consecuencia, ser despojado de la identidad: dejar de ser. Claro está que el mismo temor a la pérdida no deja de ser otro objeto mental más, el cual contribuye al mantenimiento de la ilusión de identidad. Pero lo cierto es que para la mayoría, la pérdida de todo se relaciona en gran medida con la muerte.

Esa es la imagen ilusoria de la muerte, pero no proviene de la experiencia de la muerte.

Aquellos que hemos tenido el privilegio de poder asomarnos a la experiencia de la muerte, sabemos que se trata de otra cosa. Para el que teme morir, la muerte se produce al quedarse sin entes: sin respiración, sin vida. No obstante, para el que ha VIVIDO la experiencia de la muerte, ésta es otra cosa: La muerte no consiste en que a uno le arrebaten las cosas, sino en ser “quitado” de ellas. Uno es “arrancado” del mundo de los entes. Uno es “arrancado” de sus objetos materiales e imaginarios. Uno es “arrancado” de sus seres queridos y despojado de toda ilusión. No se van de uno las cosas, es uno el que se va de las cosas.

Hay un momento, en la experiencia de la muerte, en el que conoces por primera vez el significado de la palabra “soledad”. Ese es el momento en que puedes caer en el pánico y buscar con desesperación cualquier objeto al que aferrarte, o bien puedes contemplar con mirada benévola esa soledad infinita, esa absoluta ausencia de objetos, y comprender entonces que ahí está el final de tu búsqueda, y que ése es el objeto total, el mismo que buscaste durante toda tu vida. Si hay un regreso de dicha experiencia, el recuerdo de ese objeto total se hace imborrable. Lo acompaña una sensación imposible de transmitir, como tampoco puede describirse el sabor de un alimento desconocido para otros paladares.

Después de dicha experiencia da lo mismo una u otra identidad. Después de dicha experiencia todo es juego. Hasta los más agrios enconos se experimentan como juegos. Quizá como el juego de tenis: los ataques del contrincante son saques de pelota de éste. Tus ataques los vives como meras travesuras.

Lo anterior, sin duda, no tiene nada que ver con la fanfarronada del doctor R. Cobos, que aparece en su folleto La mirada interna: “Morir no es mejor que vivir o no haber nacido, pero tampoco es peor.”

La incongruencia de este sofisma sólo se aprecia desde la óptica del absurdo, pues es imposible “no haber nacido”. ¿Quién es el que hace este falaz cálculo sino aquel ha nacido y está en el mundo de los vivientes?

Con muchísima menos gracia, tal contradicción conceptual posee la misma lógica del celebrado chiste de Groucho Marx sobre no ingresar en un club donde lo acepten como socio. Da vergüenza verse obligado a señalar la obviedad de que para morir es requisito indispensable haber nacido previamente. Por otro lado, para muchos seres conscientes, el verdadero sentido de la vida está dado, más que por cualquier otro factor, por el hecho de su finitud. Pero bueno, en el plano de las reflexiones relativas a la existencia, la no existencia, la vida y la muerte, ¿qué más puede decirse después de estos versos del Rubayat, de Omar Jayam?:

“Cuando hayamos partido sin dejar ningún rastro / el sol no cambiará sus leyes ni sus ciclos; / ya vivió sin nosotros innumerables siglos / y no para deleitarnos luce su ardiente astro.”

(Trad. De Juan Goytisolo).

Después de tanto que se ha escrito y dicho sobre la vida y la muerte, sobre la existencia y la no-existencia (”Así la existencia sugiere la no-existencia”, dice el Tao Teh King), en la banal reflexión del doctor R. Cobos se descubre su elemental ingenio imitativo, tan adecuado para captar adeptos receptivos a los razonamientos esquemáticos y de fácil digestión. Otro tanto ocurre con esta otra perogrullada de pretensión moral: “Trata a los demás como quieres que te traten”, un torpe plagio de la recomendación cristiana: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Pero, en un nivel más burdo, una adecuación de la solicitud que aparece en tantos retretes para uso público: “Deje este lugar en el mismo estado en el que le gustaría encontrarlo”.

He aquí otra parida de La mirada interna:

“Sé cómo te sientes porque a tu estado puedo experimentarlo, pero tú no sabes cómo se experimenta lo que digo. Por consiguiente, si te hablo con desinterés de aquello que hace feliz y libre al ser humano, vale la pena que intentes comprender.”

La primera frase es indemostrable, pero cualquiera que la admita acepta al mismo tiempo una relación despareja. Está consintiendo la altura omnipotente de un señor que presume de conocerlo, sin que el objeto de conocimiento pueda alcanzar a saber cómo opera el instrumento supuestamente conocedor.

A partir del momento en que esta jerarquía del saber es aceptada, se ponen en funcionamiento los mecanismos del mando y la sumisión que justificarán la existencia de una organización cerrada y eclesiástica. Ahora bien, desde esta perspectiva, resulta evidente que el doctor R. Cobos no pretende transmitir una enseñanza útil sino fundar y capitanear una organización de índole sectaria cuyos miembros tengan absoluta disponibilidad. Desde ese punto de partida no será difícil orquestar un partido político, un mensaje eclesiástico, una organización cultural, o todo eso al mismo tiempo.

Claro que todos estos manejos sectarios no serían posibles sin la aceptación, de parte de los adeptos, de un previo sentido de la vida. Un sentido que estaba presente antes del nacimiento y que lo seguirá estando después de la muerte. Es para adaptarse a dicho sentido de la vida por lo que al adepto le conviene cambiar: supuestamente la única manera de hallar la felicidad.

Pero, visto de ese modo, el cambio, ese tipo de cambio, es una ilusión vana, un espejismo y una estafa.

Aquel que pretenda un cambio profundo debe saber que hay una estructuración de la materia inorgánica y una estructuración aun más compleja de la materia orgánica. Tal estructuración, como todo lo existente, se halla sometida a cambios, pero al mismo tiempo pervive una consistencia de base que asegura la continuidad de la existencia. La naturaleza es persistente y en dicha persistencia reside su coherencia, su fuerza y su poder. Si esto no fuera así, las estructuras orgánicas serían como gases de poca densidad. La más débil brisa las haría desaparecer.

Con su propia dotación genética, el psiquismo de cada ser humano no está fuera de las leyes de la naturaleza. Por todo ello no hay posibilidad de un cambio radical con prescindencia de métodos químicos o quirúrgicos. Todo intento de cambio cosmético es una pérdida de tiempo (de momentos de vida) y energía. Todo intento de cambio profundo, como el que procura la consecución de quimeras es teratológico y acarrea el peligro de destrucción del organismo.

Todo esto no quiere decir que debamos someternos a la arbitrariedad de la naturaleza, pero tampoco lleva a buen puerto la fascistoide y voluntarista actitud que intenta ignorarla. Con la naturaleza lo mejor es hacer las paces y ponerla dulcemente de nuestro lado. Es sorprendente cómo la naturaleza gusta de dejarse seducir por las buenas artes.

Así pues, si hablamos de cambios, el mejor cambio empieza con la dulce aceptación de uno mismo. Uno mismo, sin engorrosos andamios, sin guías internos ni guías externos, sin “orientadores” y sin maestrillos con sus librillos. Eso es ya un gran cambio. Seguidamente, habrá que ver cuál puede ser la manera más adecuada de cambiar nuestras circunstancias y ampliar la visión que se tiene de las cosas, y hacerlo sin “mantras” y sin recomendaciones morales. Sin libreto previo. Sin la locura de entregar la vida por una “causa grande”, con la esperanza de resucitar en un Paraíso hipotético. Todo ello sin dejar de aprovechar la propia dotación síquica y física.

Sobre todo, habrá que partir de la base de que no hay un sentido previo a la existencia, pues cada cual tendrá que darle su propio sentido a cada cosa y a la totalidad de su vida. La vida no tiene sentido. No lo tiene antes de que entremos en la existencia. No lo tiene hasta que cada uno construye su propio sentido de la vida. Ésa es quizá la única posible experiencia totalizadora. Las otras son experiencias totalitarias.

Barcelona 25/11/01

UN TESTIMONIO VIVO

Martes, 19 de Diciembre de 2006

Hola Osvaldo,

Lo primero es felicitarte y mostrar mi admiración por tu valentía como persona y como escritor. Mi nombre es MRC, y fui participante de la secta unos 3 o 4 años, durante los primeros 90, justo cuando tendría entre 19 y 22 años mas o menos, y estaba estudiando informática en la Universidad. Ahora tengo 30.

Me siento muy identificado con todos los sentimientos que relatas, la vergüenza de sentirte asociado en tu pasado a la secta “humanista” y a toda esa panda de gentuza estafadores. Ya participando en la propia secta, (mi orientador era Pau Segado), sentía nauseas de la gente y de los locales apestosos, llenos de suciedad, de humo espeso y restos de café en vasos de plástico.

Creo que la humillación que sufrimos fue tan grande, el engaño es tan cruel y monstruoso, que la mente se niega a admitir la verdad. Fíjate que lo que nos ofrecían realmente era poder, poder sobre los demás, sobre nosotros mismos. Crear estructuras para tener poder sobre la gente. Al principio atraía con las buenas causas, pero luego atraía por las peores. Poco a poco te vas convirtiendo en un cerdo sin darte cuenta, y al final ansias el poder. Como todos los de la secta.

Yo creía no haber perdido mucho. Apenas me dejé dinero en colectas, y a las reuniones iba en mis ratos libres y nunca tuve ni quise tener estructura. No quería hacer a nadie partícipe de aquello. Pero sí que quería aprender, y ver si realmente aquello llevaba a algún tipo de iluminación. Estaba claro que lo de la etapa de masas y los cientos de miles era solo palabrería. Pero puse mis mejores sentimientos. Después me he dado cuenta que me ha traumatizado emocionalmente, que me rompió una parte muy importante de mi personalidad y mi autoestima. A esta gente los llamaría vampiros de autoestima. Cuando te humillan, esa autoestima que te quitan a ti se la añaden a ellos. Y cuanta más autoestima te chupan, mas fuertes se hacen y más te cuesta escapar. Ahí esta el círculo vicioso que permite que la secta se mantenga estable en el tiempo. Y todos a chupar autoestima, y como vampiros, a buscar nuevas víctimas, que a su vez se convertirán en vampiros.

Esta gente son auténticos depredadores. Depredadores de todo lo que se les cruce por el medio. Dinero, gente, buenos sentimientos, lo que sea. Y como por suerte la gente no se deja devorar tan fácilmente, se convierten en caníbales, como tú muy bien dices. No piensan en el mañana, en planificar el futuro (para eso está el iluminado). Así que a arrasar lo que se pueda, y si la zona se quema, a buscar otra zona virgen, como nómadas, como Atila, que por donde pasaba no crecía la hierba. Y dejando un rastro de deudas de dinero, de gente quemada y mutilados emocionales. Gente a la que ya le han absorbido todo lo que han podido y luego dejan tirada.

Un amigo mío, Julián, era compañero del instituto y del club de ajedrez. Antes de conocer la secta tenía inquietudes políticas, era mas bien comunista-anarquista, heavy con el pelo largo y le encantaba contar chistes. Tenía una gracia especial para contarlos y reírse de todo. Actualmente es un enfermo de esquizofrenia. Su vida ya se ha roto. Casi se puede decir que se le ha acabado. Nunca volverá a ser aquel Julián que conocí que te reías con sus chistes. Por él fue que conocí la secta, pero nunca lo culparé por ello. Si alguna vez cometió algún error ya lo ha pagado con creces.

Yo estuve con una depresión profunda, no sólo por la ruptura emocional al querer salir, sino por mi situación familiar. De mi familia quería huir y al final tuve que volver a ella. Y tuve mi castigo. Unos años infernales. Por suerte puedo dar gracias de seguir vivo y cuerdo. Después de un tiempo, encontré un trabajo en Madrid, y escapé de casa. Escapé de mi familia, de mi pasado.

Por circunstancias de la vida, he tenido que volver a casa con mis padres. Pero la actutud ya es distinta. Estoy haciendo frente a mi vida, a los problemas, a mis temores y a mis emociones. Ya no trato de huir. Sin guías ni gurús iluminados, sin orientadores, por mí mismo. Y cortando la cabeza al primer vampiro que me cruce por el camino.

Hacía tiempo que no recordaba mi experiencia en la secta, creía que la tenia olvidada, pero ha sido muy reconfortante leer tus paginas en Internet. Me ha reforzado en mis opiniones sobre la secta y sobre estos delincuentes emocionales. También me ha ayudado a comprender mi pasado y mis sentimientos, vaya, a conocerme a mí mismo. Tu valentía es de agradecer.

Bueno L., aquí tienes a un amigo para lo que quieras ;-)

SOBRE SUBLITERATURA MAL LLAMADA “HUMANISTA”

Martes, 19 de Diciembre de 2006

Quisiera referir algunos aspectos de la llamada “literatura humanista”.

En primer lugar esta “literatura” está formada por: libros que recolectan una serie de charlas, conferencias y notas de los más conspícuos representantes de lo que ellos se obstinan en llamar “humanismo”, particularmente Silo; libros de “estudio” o “filosofía”, escritos tanto por Silo como por sus discípulos (o al menos firmados por ellos); por último, tenemos libros que pertenecen a la esfera “cultural” del mal llamado “humanismo”, esto es, libros de cuentistas, poetas, músicos, etc., con un nivel alto o medio de participación en la secta.

Esta caracterización es general y subjetiva, lo sorprendente está en su interior, en el aspecto formal de esa “literatura” y en la forma en la que llega a una mesa de reunión, un día cualquiera, en un barrio cualquiera.

El mal llamado “humanismo” intenta activar a través de sus textos todas las respuestas posibles a las preguntas posibles (recordemos que estamos sentados en una mesa, con el orden del día de lo que hay que hablar y lo que hay que leer), para ello intenta adecuarse a los interlocutores, una “universalidad” muy pretenciosa por cierto, pero que en algunos casos tiene efecto. Siempre hay quienes se escapan a ese discurso, cuando eso sucede intentan que lea algún material hecho para “bloqueados”: es decir, existen toda una serie de nominaciones para la gente que no “entiende” o “no quiere entender”.

Entonces detrás del discurso, encontramos otro discurso, que ya no es tan democrático, ni tiene todo el tiempo del mundo para que la persona lo absorba; se impone, con sonrisas, con palmadas en la espalda, pero se impone.

Esto sucede en muchos movimientos políticos, pero lo particular es que el pretendido “humanismo” no es un proyecto político, es un cuerpo que toma la forma de las necesidades de una audiencia, de la forma más políticamente correcta; su esencia es una mezcla de religiosidad, espiritualidad y tendencias new age de todo el mundo (de lo cual abjuran). Pero no hay nada que lo baje a la tierra.

Esta “literatura” intenta activar la memoria del vacío existencial, sin dar señales claras de lucha, sin bajar a la realidad. Usa la realidad para ir al lugar del psicologismo (por ello odian a los psicólogos, porque ellos son otra escuela, son la competencia) y construir su propia ciencia, aquí se evidencian claras actitudes fascistas. La figura de Miguel Angel, del humanismo renacentista, implica su omnipotencia, más que sus cualidades humanas.

Este uso de elementos de otras corrientes ideológicas, en tiempo y forma, es muy claro por ejemplo en la publicidad, objetos pertenecientes a determinadas ideologías son absorbidos para crear mensajes que ya no están en el contexto ideológico original.

Así, el mal llamado “humanismo” utiliza “objetos” y los coloca fuera de la historia, arma un “colagge” donde no importa mucho de dónde viene cada cosa; entonces, los afiches en donde tenemos gente de todas las razas sonriendo; el Miguel Angel, casi una marca indeleble; los dibujos autoreferenciables en “Los Principios”; las experiencias guiadas, muy bien hechas en 3D, que nos llevan a lugares de “nuestra conciencia”; los dibujos explicativos de las “tareas” que deben hacer los miembros de estructura; en los textos: discursos y notas con formas extraídas del budismo, “estudios” sobre la mente humana similar a los de la psicología (pero elaborando un nuevo mapa de la mente), entre otras cosas, son elementos que casi nos enseñan, como cuando éramos niños, a leer. Nos enseñan a leer el mal llamado “humanismo”, de la misma forma que los Testigos de Jehová nos enseñan a leer la Biblia; pero de una forma mucho más disimulada, y por lo tanto, políticamente correcta. El mal llamado “humanismo” no se encarga de construir nuevos discursos, porque no los tiene, copia formas anteriores, sin referencias, y las traslada a sus formas de comunicación. Lo evidente de esto es la sensación de que cada uno va con su locura y vuelve con su locura, nadie entiende nada, pero todos dicen o piensan que entienden. Es cómico, en algún sentido, y es PODER, después de todo; sobre todo es un PODER muy barato, no necesita formas de acción reales, sólo perdidos en el espacio, muy fáciles de pescar porque vienen con la marea.

EL MESIAS ARGENTINO

Martes, 19 de Diciembre de 2006

Participante de la secta en distintos períodos entre 1969 y 1983

Traducción del inglés en www.humanoidex.com de Ricardo Mantello, argentino, residente en Suecia. Participante de la secta durante el año 1974, en Buenos Aires. NOTA: Todos los paragráfos en cursiva son originales del texto de SILO – SU ENSEÑANZA POPULAR, el cuadernillo que el partido “humanista” ha olvidado.

Las sectas, como todas las organizaciones totalitarias, tratan enconadamente de manipular los hechos, en especial aquellos relacionados con sus orígenes. Se trata de acomodar la realidad a una imagen pública deseada. En otras palabras: se busca engañar.

En el espantoso mundo presentado por Orwell en su novela 1984, el personaje central informa al lector de que la constante manipulación de los hechos impide saber lo que ha sucedido realmente; cuál fue o cómo es la historia.

Sería una larga y cansadora tarea describir todas las convenientes modificaciones a las muchas “versiones oficiales” de la historia de la secta de silo. Pero una cosa es segura, si llegara una secta como la mencionada a detentar el poder absoluto, no crearía una sociedad distinta a la de 1984.

Buscando en Internet, en la enorme cantidad de páginas web de la secta, es imposible encontrar una sóla referencia a una publicación llamada: SILO - SU ENSEÑANZA POPULAR

Es un cuadernillo, de 30 X 21 centímetros, 11 páginas de texto relativamente pequeño. En la tapa se puede leer que fue publicado en Marzo-Abril de 1970. Una foto muestra a silo (naturalmente) frente a un puñado de personas; una “multitud”.

No cabe la duda de que este interesante pero ahora ignorado documento fue de suma importancia en los inicios de la secta. Yo presencié personalmente, en 1970, en Chile, cómo entusiastas miembros de la secta usaban el cuadernillo en cuestión como prueba de increíble sabiduría; se lo leía en reuniones y recomendaba a los recién llegados. En 1974, en Buenos Aires, el cuadernillo seguía circulando en la secta. Y finalmente, la fotocopia en mi poder, me fue enviada en 1977, desde España, por el responsable del archivo de la secta. En esa ocasión recibí también las famosas cintas con las manipuladas arengas de silo a orillas del mar (¡agua agitada en una bañera!)

La primera página, inmediatamente después de la tapa, muestra nuevamente una foto de silo. El título de la foto: Maestro Silo.

En la segunda página hay seis líneas de texto pequeño con detallada información de caracter formal. Por ejemplo… el redactor es Adalberto José Jorge Tolnay de Hagymassy. La editorial es Transmutación. Un depósito de dinero fue efectuado acorde con la ley 11.723. El registro de propiedad intelectual lleva el número: 1.015.000. La distribución es responsabilidad de Pascual Marchesano. El precio es de 100 pesos… y así siguiendo. Indudablemente, estamos en presencia de una publicación muy oficial y muy seria.

Pero parece ser que aquí, el concepto seriedad está un poco fuera de contexto. Página tras página nos encontramos con un conmovedor intento de vender al maestro Silo, un estrafalario Jesús argentino, a las masas sufrientes del mundo.

En el primer capítulo se nos cuenta que silo, en 1969, ha aparecido ante el pueblo y una multitud. Las ilusiones y exageraciones no conocen límite. El periodismo de América acusó el impacto. Desde las cadenas de TV de Estados Unidos a la prensa oral y escrita de América del Sur. Más adelante se explica… que la radiodifusión francesa indagaba sobre las consecuencias sociológicas de tal acontecimiento.

¡Qué increíble lanzamiento internacional! Lo curioso es que después de tantos años, con astronómicas cantidades de dinero e infinitos panfletos, la secta hoy en día no es capaz de llenar pequeños lugares públicos (basta ir a ver las fotos en Internet de los últimos actos “masivos”).

El último capítulo se titula: Algo acerca de Silo. Aquí se nos presenta la grotesca caricatura de un Jesús argentino. El estilo trata a toda costa de sonar a leyenda y misticismo. Por ejemplo… Aparte de anécdotas contradictorias y discutidas, poco se sabe en firme desde sus dieciocho hasta los treinta. En alguna ocasión se ha comentado acerca de sus viajes por tierras de América y Europa y sobre los maestros que le dieron el nombre de “Silo” que quiere decir: granerode trigo. En sentido bíblico el mismo nombre parece significar: Señor.

Varias citas bíblicas son usadas para comparar a silo con Jesús. El capítulo termina parafraseando al Libro de Revelaciones: Silo se irá entristecido cuando concluya su misión y nosotros cuando él no esté, recién diremos: “llegó a nuestra casa con paso de ladrón y no lo supimos reconocer”.

La infantil tontería continúa meticulosamente. Otro capítulo se titula: La Política, en el cual se describen los puntos de vista políticos de silo. Es importante recalcar, que la última denominación pública de la secta es Partido Humanista; un partido político que intenta obtener poder político. Pero en ese entonces, en los comienzos de su carrera, el “maestro” había hecho revelaciones muy distintas a las de hoy a su secta. A través de todo el texto silo exhorta a hacer el vacío a los partidos políticos (y en general a a todo tipo de organizaciones). El engaño consiste en en hacer creer al pueblo que debe “llenar” los partidos, que debe “llenar” el poder, que debe “llenar” las iglesias.

Algunas citaciones del cuadernillo:

1) El (silo) ha explicado que no hay partidos ni política en el mundo, capaces de solucionar al hombre sus problemas. Que la situación especialísima que vive hoy la humanidad le permite iniciar una era de cambios y de progreso material y espiritual sin que la política participe.

2) Se trata de salir de las organizaciones ya conocidas, no para formar nuevas organizaciones que serían utilizadas por nuevos políticos…

3) Ningún manifiesto, programa, declaración de principios, o plataforma política sobre el tipo de sociedad que se desea tiene ningún valor….

La última página es bastante clara acerca de silo y la política:

¿Se debe participar en política?

- Todo lo contrario. Es necesario difundir el ?vacío? político y propagar un creciente sentimiento de repudio hacia los políticos que quieren usar al pueblo para su beneficio………….. La presión popular y la fuerza del espiritu pueden más que todos los políticos juntos.

El texto final, en la última página, es lo mas estrambótico del cuadernillo:

Por qué no tener en cuenta las siguientes coincidencias? 1938 es el año en que la gran era de Piscis termina y comienza la de Acuario. Mendoza a 33 grados de latitud sur (como Belen a 33 grados de latitud norte) está consagrada ?al sol y al vino?. En la Biblia se lee como un anuncio (Gen. 40/10 ?No caerá el cetro de Judá ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga shiloh… ata a la vid su pollino, lava en vino sus sandalias y en sangre su uva de manto?

Uno de los siete chakras (centros de fuerza espiritual y cósmica) está ubicado en Mendoza, en el cordón del Aconcagua. El Everest y el Ararat, señalanotros dos. Piénsese en los grandes movimientos espirituales que se han manifestado alrededor de los dos últimos montes mencionados y se podrá establecer algunos paralelismos con el techo de Occidente, es decir el Aconcagua.

¿Alguien puede seguir creyendo que de este pastiche esotérico puede salir un partido político serio? Las marionetas alrededor de silo, no dudan un sólo segundo de que obedecen a un patrón o jefe “espiritual”, cuyas indiscutibles palabras provienen de un “nivel superior”, para ellos, comparable al de Jesús - ver más ejemplos.

Algunos comentarios acerca del panfleto:

Silo y su enseñanza popular

Es obvio, para cualquier persona que haya participado durante largo tiempo en la secta, que:

1) Las ilusiones mesiánicas del cuadernillo son una fabricación de silo.

2) El autor - si es que no es el mismo silo - escribió guiado por silo.

3) Se trata de otro intento de mostrar la existencia de discípulos, quienes compilan las enseñanzas de un maestro espiritual. Una de las obsesiones más notorias de silo.

4) La secta tiene algunas publicaciones con distintos autores, pero lo divertido es que el estilo es muy parecido (estilo clónico) en la mayoría de ellas. Siempre se alaban las maravillas de silo. Finalmente… estos “autores” rara vez o nunca han escrito otra cosa, antes o después de los panfletos de la secta.

5) Una excepción es L. Osvaldo, hoy un reconocido escritor con una nutrida producción literaria. L. Osvaldo escribió dos libros que por años constituyeron un elemento importante de la literatura de la secta. Ambos libros… La Cámara del Silencio y Crónicas de la Nueva Era, fueron escritos bajo común acuerdo con silo. El propósito de éstos era, nuevamente, la creación de un mito mesiánico en torno a silo y sus sectarios. Desde el momento en que el autor se retiró de la secta, los libros han sido convenientemente “olvidados” y no son hallables en los catálogos oficiales de la secta.