El Estado de la Cuestión (Humanista (Universalista (Siloísta)))
Seguramente las palabras, como signos, pueden llegar a tener más significados, a través del uso y del abuso, que aquellos que nos dicen los diccionarios, significados que cambian con transcurso del tiempo o con las costumbres de uso. También los términos que hoy puedan tener connotaciones negativas no la tuvieron en su inicio, y viceversa.
Cuando hablamos de “sectas”, usamos esta palabra en un sentido comprensivo; es decir, que todos coincidimos en su significado pero no por esa razón deja de tener unas connotaciones personales y sociales que no deben olvidarse. Por eso, antes que hablar de “secta” prefiero referirme a “movimientos sectarios” o a “conductas sectarias”; el cambio de sustantivo a calificativo me parece más adecuado a la realidad.
La idea que podamos tener, individualmente, del siloísmo, está también condicionada por nuestra propia biografía y por los cruces que hayamos podido establecer con la ideología, y las perspectivas personales y nuestra experiencia, nos guste o no, pueden conferirle un carácter con gran variedad de concepciones dependiendo de quién es el que emite el juicio.
Sin embargo, es imprencindible que esa mirada, a fin de alcanzar las máximas cotas de objetividad posibles, no pertenezca ni a ninguna persona que no haya profundizado en el conocimiento del fenómeno –esa opinión es rechazable por pura ignorancia- ni, en el otro extremo, por nadie que esté actualmente enrolado en la organización –esa opinión es intrascendente porque ningún observador puede observarse a sí mismo-. Esa es la razón por la que los comentarios de rlilloy me parecen dignos de crédito: alguien que conoce lo suficientemente el asunto por haber estado involucrado en el mismo y que tiene la suficiente perspectiva porque ha hecho también el viaje de vuelta.
Yo, por mi parte, no creo que el Siloísmo constituya un serio peligro para la Humanidad, ni ahora ni en el futuro, al menos en el mundo desarrollado. En la Europa contemporánea ya existe suficiente experiencia, concentrada en un siglo, de a dónde llevan los movimientos mesiánicos, y me gustaría pensar que los años de guerra y los muertos contados por millones algo habrán enseñado a las generaciones posteriores.
Por cierto, un vistazo a los resultados del Partido Humanista en las Elecciones Generales en España: en la convocatoria de 2004: 21.758 votos; en la de 2008: 8.086; teniendo en cuenta que Silo proclama mandar sobre 1.000.000 de personas, ¿dónde están los 991.914 restantes? No parece muy proporcional, ¿verdad?, cuando hablamos de un 0,02 % de la población española, país con una “amplia implantación”, según proclaman, del Movimiento, y en el que incluso está en construcción una centro eclesiástico siloísta en el páramo mesetario; por cierto, en Toledo, la provincia donde se está construyendo el centro: 72 votos. ¿Alguien se atreve a adivinar los motivos por los que se ha elegido España para esta implantación? Porque por “aclamación popular” o por “necesidad social” no creo que sea; más bien me suena a desembarco… o a invasión; o a otra cosa: un presupuesto de partida de 300.000 euros a sufragar entre los adeptos mediante colectas extraordinarias; si están todos los que son, y son todos los que están, y todos los votantes del PH pertenecen a la organización, ya pueden ir preparando 371,01 euros por barba, a mayor gloria del movimiento. ¡Cómo me recuerda el método de financiación de las catedrales góticas! La diferencia fundamental es que en este caso acababa pagando todo el mundo, mientras que en Toledo sólo pagan los fieles… aunque poco consuelo debe constituir eso para ellos, ¿no?
En el otro extremo del globo, en la Asia desarrollada, ya existe un background suficientemente completo, un panteón de dioses y de técnicas de “trabajo personal” con tradición milenaria como para que quepa otro movimiento redentor; además, instalándose a marchas forzadas en la modernidad –y pagando, por supuesto, su precio, como han pagado todos los países a su hora-, más bien creo que haya que propugnar por los “derechos humanos” antes que por los “derechos humanistas”. Otra cosa es lo que ocurra en América Latina, donde a fin de cuentas Silo tampoco es tan distinto de Chávez, Castro, Morales o la interminable fila de corruptos argentinos, chilenos, peruanos, etc.; es precisamente en ellos donde parece que el Movimiento encuentra el terreno abonado, sea por afinidad ideológica o por la juventud e inexperiencia de sus incipientes democracias (donde las hay, claro) para su implantación, aunque el origen del movimiento algo debe tener que ver. En África, verdadero campo de experimentación actualmente del Siloísmo, se les augura también un porvenir nada preocupante: los pobres son pobres, pero bastante espabilados, y cuando hayan conseguido lo que quieren se acabó el Siloísmo.
El Siloísmo ha sido calificado como “secta destructiva” por varios países europeos, por resoluciones de sus parlamentos democráticamente elegidos… En cuanto a la peligrosidad de los movimientos de actitudes sectarias, tal vez quepa distinguir entre la peligrosidad social y la peligrosidad personal. Descartada la primera, por las razones expuestas y el propio sentido común, no hay que desdeñar la segunda: el efecto del adoctrinamiento sectario sobre los individuos captados. Varios centros de rehabilitación han encontrado numerosos síntomas psicológicos coincidentes con el estrés postraumático de los soldados expuestos a situaciones de guerra. Sí, ya sé, puede que estos centros formen también parte de la “gran conspiración antisiloísta” pero, ¿alguien se atreve a descartar opciones?
No te conozco, rlilloy, pero una parte muy íntima de mí no puede sino sentir gran simpatía por ti y por tu experiencia; por haber militado y haber sabido echar marcha atrás; por haber sacado de todo ello experiencias positivas; y por la claridad de mente y coherencia, aparte de nada desdeñables dosis de valentía, para emitir tu opinión. Muchísimas felicidades, y me alegro por ti; ojalá pudiera decir lo mismo de todas las personas que se hallan, ahora mismo, bajo el embrujo de un neurótico, o las que sufren las consecuencias de una militancia mal resuelta.