CORRESPONDENCIA ENTRE EL POETA SILÓPATA DE LA NUEVA ERA JULIUS MIRLO Y OSVALDO
recibida el 17 de Junio 2003.
—– Original Message —–
From: colectivoAntoja@yahoogroups.com
To: l@Osvaldo.com
Subject: Desafío a los confundidos
A LA ATENCIÓN DE EDUARDO Osvaldo Y LOS CONFUNDIDOS POR LA DIFAMATORIA HUMANOIDEX
Me presento: soy un poeta de la nueva era. no he hecho la comunión, ni la mili, ni estoy casado, ni he pagado a Hacienda, ni estoy hipotecado con el banco, no tengo casa propia, ni coche, ni pertenezco a ningún partido político ni a ninguna religión. ni siquiera poseo computadora con internet.
pero si tengo dignidad, cualidad que usted ha vendido para recibir la atención que su psiquismo enfermo necesita.
Que sea usted un vendido no es el motivo de esta defensa,
con el pan de otros se lo coma, sino la difamación pública de instituciones y personas que trabajan por el crecimiento de la dignidad humana y el mejoramiento de las condiciones de vida en el planeta como son el Movimiento Humanista, el Partido Humanista y el pensador Silo (Mario Rodriguez Cobos).
le desafío a un debate público en esta misma web o donde sea sobre este asunto. piénselo bien Eduardo C. porque usted es un mediocre escritor que cosecha las ortigas que siembra y yo un poeta que le da cien mil vueltas.
y ahora a ver si tienes sexo para publicar esto.
esperando noticias suyas se despide:
el siloísta y poeta
Julius Mirlo
Madrid 17 de Junio 2003
CONTESTACIÓN DE Osvaldo
Señor Julius Mirlo, seudónimo de Julián Márquez Alcalá
Con mucho gusto voy a contestar su atento y amable E-Mail del 17/6, no sin antes agradecerle que haya puesto su importante atención (de poeta de la nueva era) en mi humilde persona. Si me permite empezaré por responder la parte final de su texto, en el que asegura que me da cien mil vueltas. ¿Nada menos que cien mil? ¡Qué barbaridad! ¿No le parecen muchas vueltas? En mi niñez me encantaba subirme al tiovivo, que en Argentina es llamado “calesita”. El encargado de hacerle dar vueltas al mencionado aparato era un caballo viejo y achacoso, pobre. A ese animal le debo la felicidad de haber dado muchas vueltas, por eso lo recuerdo con cariño. Aunque usted se proclama mirlo, ave fácilmente domesticable, su promesa de darme vueltas más bien me hace acordar de ese noble bruto y otros nobles brutos sectarios que en su día me enviaron E-mails similares al suyo: Isaías Nobel, sin ir más lejos.
Se presenta usted como “poeta de la nueva era”, lo cual me parece muy simpático, gracioso y pintoresco. Es probable que no esté enterado, pero cuando usted tenía diez años escribí y publiqué, por encargo del “pensador” Silo, un libro que se tituló “Crónicas de la Nueva Era”. Era una basura de panfleto sectario, pero a los siloístas les encantó y todos ellos sostenían que yo era muy buen escritor, igual que cuando publiqué otro libro de propaganda “La cámara del silencio”. Ahora que soy un contra difamador y resentido, los siloístas como usted afirman que soy un escritor mediocre; sólo los escritores demoníacos y consagrados del sistema opinan lo contrario. Me pregunto qué tendrá que ver la calidad literaria con las opiniones personales. Supongo que usted, como poeta que me da cien mil vueltas, lo debe de saber. Imagino que debe de tener notable capacidad como crítico literario, a pesar de que en su currículo afirma no poseer más estudios que el BUP y algunos cursillos de barrio. Si es por no tener, usted presume de muchas carencias: dice que no tiene casa propia ni coche. Créame que lo siento, pero mis actuales posibilidades económicas no me permiten acudir en su ayuda. También afirma que no ha hecho la comunión ni la mili. Bueno, puedo asegurarle que en ese sentido no ha perdido nada, aunque supongo que sí hizo una suerte de comunión en la ceremonia preceptiva de la secta. También afirma no estar casado. ¿Está seguro de poseer el caudal de testosterona necesario para cumplir con dicho trámite? Créame que también lo siento, pero no puedo hacer nada para conseguirle una mujer; de todos modos le sugiero que no pierda las esperanzas, señor Mirlo, si es por buscar entre la fauna avícola, hay muchas gallinitas (¿o gallos?) disponibles en los diversos gallineros sectarios.
En fin, el hecho es que usted, aparte de anunciarse como “poeta de la nueva era”, afirma su identidad más por sus carencias que por sus pertenencias. Ahora, eso sí, asevera que tiene “dignidad”. Yo no voy a negárselo. Nadie se lo podrá negar: que yo sepa, no existe el organismo pertinente que confiera certificados de dignidad. Tampoco sé si en el mercado se encuentran disponibles dignómetros para mirlos, urracas, cotorras y gallinas silóticas, así que cualquiera puede atribuirse dicho etéreo e incomprobable atributo, incluso un “poeta de la nueva era” que insulta sin fundamentos. Ahora bien, al igual que en los tiempos actuales todo el mundo puede presumir de digno, asimismo son legión los que se cuelgan el título de poeta, sea de la nueva o la vieja era. Yo, la verdad sea dicha, hasta el día en que recibí sus amables insultos (que no dejo de agradecer) nunca había oído hablar de usted, ni como poeta ni como ave silópata. Y a propósito de “la nueva era”: he visto que están a la venta, en el hipermercado ALCAMPO, unos calzoncillos muy modernos que llevan la etiqueta “Newage”, que en inglés significa “Nueva era” (se lo aclaro porque en su página web admite que su nivel de inglés es bajo, muy bajo). Dichos calzoncillos son de la firma ABANDERADO. Así pues, permítame una pregunta, ¿no habrá querido usted decir que es un calzoncillo de la nueva era y no un poeta de la nueva era? En cualquier caso, no me cabe ninguna duda de que es todo un calzonazos, en virtud de lo cual no dudo que hará carrera en la secta siloísta y en ese semillero de genios incomprendidos que es el colectivo Antoja, que tanto se parecería al comisariato de artistas y escritores de la extinta Unión Soviética si acaso tuviera la misma capacidad mortal del régimen de Stalin.
Pero volviendo a su E-mail, me llama mucho la atención el afán que tiene usted por hablar de sí mismo y contar su propia vida. De principio se declara poeta y a continuación me refiere qué tiene y qué no tiene (por lo visto es más lo que no tiene). ¿Por qué supone que puedo estar interesado en su persona? No es una excepción dentro de la fauna siloísta. Otros silópatas, que al igual que usted me insultaron vía E-mail, han comenzado invariablemente por hablar de ellos mismos. ¿Qué pasa? ¿No pueden contarse sus maravillosas e importantes vidas entre ustedes que necesitan hacerlo con los contras resentidos y difamadores? ¿Tan solos se sienten? Por otro lado, dice que no tiene computadora ni Internet, pero me temo que miente usted como un bellaco, y en todo caso miente muy mal, pues la visión de su página web plagada de pretendidos poemas desmiente la susodicha declaración.
También me acusa de haber vendido mi dignidad, pero no creo que hubiese podido hacerlo, dado que jamás se me ocurrió adquirir el mencionado atributo en la red silótica que supuestamente lo provee. A continuación me desafía a un debate público (¡Uy, qué miedo!), aunque me advierte que lo piense (¿No habíamos quedado en que el “pensador” era el doctor Silo?), porque según usted soy un mediocre escritor y usted, en cambio, un poeta que me da cien mil vueltas. Pregunto: ¿Qué mérito tiene medirse con un escritor mediocre al que puede dársele cien mil vueltas? En su desafío me conmina, pasando del “usted” al “tú”: “…a ver si tienes sexo para publicar ésto” (le coloco el tilde ortográfico, que usted ha obviado, señor poeta). Pues bien, como supongo que sexo, lo que se dice sexo, lo tienen todos los mamíferos y las aves, incluyendo los mirlos, ya sea nena, varón, o mitad y mitad, interpreto que ha querido saber si tengo huevos. Dígalo así, pues, y absténgase de utilizar eufemismos cursis e inadecuados, propios de una vieja urraca de peña poética del siglo XIX. Al respecto me limito a decirle que poseo dichos atributos, pero, en todo caso, no se necesitan muchos huevos para publicar sus geniales invectivas tan cargadas de fundamento (tenga en cuenta que ingresé en la secta dos años antes de que a usted lo parieran y me aparté de dicho manicomio cuando usted sólo tenía quince años; igualmente, quisiera suponer que sabe de qué habla, a menos que sea un silótico total, futura carne de frenopático).
En fin, señor Mirlo, debo admitir que de su E-mail lo que más atrajo mi atención es su calidad de pájaro, y conste que no digo de pajarón. En especial me gustan las águilas y los halcones, pero sobre todo el Pájaro Loco de los dibujos animados. Todos ellos me son más gratos que los mirlos. Según mi diccionario, el mirlo es un pájaro túrdido, de la familia de los ictéridos, fácilmente domesticable. Conjeturo que la secta debe de haberlo domesticado lo suficiente como para que me enviara su valeroso, sutil, inteligente y humorístico E-mail (¿tienen ustedes, los silópatas, sentido del humor?). Mi diccionario también dice que los mirlos pueden aprender a repetir sonidos e incluso la voz humana. Lo cierto es que usted no lo hace del todo mal, sus ¿poemas? lo atestiguan. Para muchos puede que eso que usted llama poemas sean apenas un rejunte de palabras chirriantes y mal hilvanadas, pero no les haga caso, los difamadores no entienden a los mirlos de la nueva era ni a los calzoncillos que produce la casa ABANDERADO.
Y para terminar, quisiera decirle que como ejemplar de la fauna avícola, es usted merecedor de figurar entre los gallináceos antes que entre los mirlos. Sin embargo, más que cualquier otro pajarraco, es un digno exponente de la fauna silopática. No le quepa la menor duda y que quede constancia.
Bueno, habrá visto que he publicado su texto y en consecuencia queda demostrado que tengo sexo. ¿Ya estás contento, siloísta y poeta Julius Mirlo, seudónimo de Julián Márquez Alcalá, del colectivo artístico Antoja y la revista informática “La Bisagra”?
Suyo, atentamente,
Eduardo L.Osvaldo
P.D. No sé porqué los silópatas se esmeran tanto en defender al doctor y “pensador” Silo en tanto que él no se atreve a decir ni mu frente a tanta “malvada difamación”. ¿Es cierto que fue pasivo ante la asesina dictadura militar argentina? ¿Es verdad que dejó morir sin consuelo a Silvia Marinucci? ¿Es real que maltrató a sus subordinados, como lo hizo con Eduardo Montes e Isaías Nobel? ¿Es verídico que se hizo construir una piscina en la época que en Argentina se asesinaba y torturaba desde el poder y el pueblo se empobrecía? Silo calla, y el que calla otorga. Así que menos hablar de “difamación” en abstracto y vayamos a los hechos. Sobre todo, me hacen mucha gracia los defensores que, cuando ocurría todo esto, eran bebés de pecho. ¿Creerán que hablan con conocimiento de causa o apenas motivados por la fe del fanático y el demente?